Haydée Agras, analista viguesa del Johor: «Sentarme en el banquillo por primera vez fue una sensación increíble»

MÍRIAM V. F. VIGO

VIGO

Tras dos años trabajando a distancia para el Johor, se ha trasladado a Malasia

15 abr 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Haydée Agras (Vigo, 1984) ejerce desde principios de año de forma presencial como analista del Johor de fútbol de Malasia. Llevaba dos años trabajando a distancia para el club y, tras otra tentativa anterior de dar este paso, por fin llegaron a un acuerdo para materializarlo. A la viguesa le ha cambiado la vida para bien: siente que aporta más al equipo y vive su trabajo de una manera totalmente diferente. Lo que llevaba tiempo persiguiendo.

-¿Cómo surge su traslado por fin a Malasia?

-Llevaba dos años trabajando con ellos como freelance desde casa y quería dar un paso más. Ellos también querían crear este departamento en el club y ya está en pleno funcionamiento. El año pasado habíamos hablado y habíamos llegado a un acuerdo el director deportivo y yo, pero al final el príncipe, el dueño del club, decidió invertir en otras cosas, porque también está con un centro médico y un hotel. Pero esta temporada se decidió por fin, para ello me necesitaban aquí y ya fue todo más fácil.

-¿Cómo funciona ese departamento que han creado?

-Aquí tenían a un chico que lleva siete años en el club y que se encarga de grabar los partidos y los entrenamientos. Con mi incorporación, hemos dado un paso más y podemos organizar todo en directo. Tenemos posibilidad de grabar con un dron y yo estoy en el banquillo recibiendo las imágenes de ese dron que el primer y el segundo entrenador pueden consultar y tomar decisiones durante el partido.

-¿Cómo fue la primera vez que se sentó en el banquillo?

-Fue increíble. Fue el primer partido de liga, que aquí sirve para jugar la Supercopa y encima ganamos en casa, así que fue todo redondo. Lo que habíamos montado para tener las imágenes en el banquillo funcionó perfectamente, el equipo ganó y hubo celebración hasta altas horas. Solo nos faltó el público, esa es la verdad.

-Y se llevaron esa Supercopa. ¿Qué se siente al ser parte de ese título?

-Ellos insistían en que era partícipe de todos los títulos anteriores desde que trabajo con ellos, pero no es lo mismo estar en el césped celebrando, la sensación cambia mucho. Me vinieron recuerdos de cuando estuve en Burela y ganamos el doblete (como jugadora de fútbol sala). La sensación de ganar es muy adictiva y desde que conseguimos esa Supercopa ya estaba con ganas de levantar el siguiente trofeo.

-¿Cómo le ha cambiado la vida al vivir y trabajar en Malasia?

-La vida personal me cambió totalmente, porque mi pareja se ha quedado en Bangkok (desde donde ella trabajaba antes) y ahora vivimos separados, a 45 minutos en avión, pero no podemos vernos porque las fronteras están cerradas. Va a ser un cambio grande, pero la ciudad es muy bonita, parecida a Vigo en el sentido de que es verde, diseñada a lo largo del mar y bastante tranquila. Viniendo de Bangkok, es un retiro espiritual. A nivel profesional, de ver los partidos en casa a sentada en el banquillo me ha cambiado mucho la vida también.

-¿Es como lo imaginaba?

-Sí, más o menos sí que lo es. La situación también es especial por el club en el que estoy. Sabía que el dueño era un príncipe y que eso es particular, pero una vez que lo vives, es diferente por todo lo que conlleva. Va con su séquito, hay unas normas para estar con él... Aunque son muy cercanos, tanto él como la princesa. Un día estaba en el campo de entrenamiento, escucho mi nombre y era ella a 50 metros. Fue surrealista: no sabía cómo presentarme, si darle la mano... Pero ella se tomó la situación como algo gracioso, hablamos un rato y me dijo que se alegraba de que hubiera una mujer en el cuerpo técnico y que me ayudaría en cualquier cosa.

-¿Está teniendo incidencia el hecho de que usted sea mujer?

-Es un país musulmán, la mayoría de los jugadores son muy practicantes y pensé que sería más complicado. Lo han asumido bien, yo intento mantener las distancias para respetar su religión y no hay problema. Cuando me tengo que salir del vestuario, me salgo. El trato es bueno, tenemos nuestras bromas. Ellos ni sabían que existía y hemos pasado de eso a verme cada día en los entrenamientos, de cero a cien.

-También habrá cambiado el trato con el cuerpo técnico.

-Sí, ahora para ellos soy alguien más que puede aportar cosas y ayudar en su terreno. Ha cambiado la relación, que era diaria pero principalmente por WhatsApp. Ves que tu trabajo tiene más repercusión.

-¿Ve algún inconveniente respecto a cuando desempeñaba su labor a distancia?

-Tenía otro tipo de vida y de horarios. Antes podía irme tres días a la playa con amigos o mi pareja y trabajaba por la noche al volver, pero simplemente es distinto. No creo que haya ninguna desventaja.

«Natxo Insa me dijo que esto era peor que A Madroa»

Agras, aficionada al Celta, reconoce que con su nueva rutina tiene menos tiempo de ver los partidos -además, ya no puede compaginar su rol en el Johor con la empresa para la que trabajaba antes a la vez-. «He pasado de ver 500 partidos al año a solo los nuestros y los de los rivales. Veo pocos por placer entre el trabajo y la diferencia horaria. Con el Celta tengo que tirar más de highlights que otra cosa», comenta la analista.

Pero como mínimo los resultados es habitual que los valore con Naxto Insa, excéltico y jugador del Johor. «Comentamos mucho sobre el Celta, sí. Y aquí llevamos un mes que no para de llover y un día que caía como si se abriera el cielo me dijo: ‘Esto es peor que A Madroa. Ya te acostumbrarás’», relata.

Cuenta también que son habituales entre ellos «las bromas con el gol de la salvación», aparte de que él suele ser víctima de otro tipo de chascarrillos en el vestuario. «Le defiendo de las bromas cuando lo llaman viejo. Hay muy buen ambiente».