La penúltima carta de Teodosio Vesteiro

En el Arquivo Municipal de Vigo se conserva una misiva que el poeta vigués dirigió a la familia Valladares cuatro días antes de quitarse la vida en el Museo del Prado


Historiador

Son las tres de la madrugada del día 12 de junio de 1876. El escritor Teodosio Vesteiro Torres abandona su habitación en una casa de huéspedes de la madrileña calle del Caballero de Gracia número 25. Impecablemente vestido y acicalado, dirige sus pasos nerviosos hacia la calle de Alcalá. Pocos minutos más tarde alcanza los magníficos jardines proyectados durante el reinado de Carlos III, conocidos como el Salón del Prado. Quizá se detuvo un tiempo a reflexionar sobre lo que estaba a punto de hacer. Quizá tuvo un momento de duda mientras sopesaba el contenido de sus bolsillos: dos cartas y una pistola.

A las tres y media de la mañana, como recoge María Álvarez de la Granja en su biografía del autor vigués, dos policías de servicio en el Paseo del Prado escuchan la cercana detonación de un arma de fuego. Al acercarse al lugar del que provenía el disparo encuentran a un exánime Vesteiro Torres, agarrando el revólver con su mano derecha. La muerte había sido inmediata. Portaba en ese momento dos misivas, una dirigida a la autoridad judicial y otra a su casera, en las que explicaba que solo él era el responsable de lo acontecido. Era el día de su vigésimo octavo cumpleaños.

Teodosio Vesteiro Torres, nacido en Vigo en el año 1848, es una de las figuras más reconocidas del Rexurdimento literario. De vocación mística e inclinada a las artes, ingresó en el Seminario de Tui con apenas doce años, donde inicia una carrera plagada de éxitos que le llevan a dirigir en poco tiempo la orquesta de la catedral. Durante su juventud ya apuntaba el talento que habría de aflorar años más tarde escribiendo varias zarzuelas, piezas musicales para piano y poesías, muchas de las cuales nunca serán publicadas. En 1871, finalizados ya los estudios teológicos, Vesteiro Torres abandona el Seminario sin llegar a ordenarse sacerdote, partiendo hacia Madrid con la determinación de vivir de su producción artística. Será en la capital donde publique sus obras de madurez, como las composiciones musicales Flores de Soledad, la compilación poética Versos o la Galería de Gallegos Ilustres. Las inquietudes del escritor le llevan a ser un miembro destacado de la intelectualidad gallega residente en Madrid, llegando a fundar un año antes de su muerte la asociación Galicia Literaria.

Humilde y discreto, Vesteiro Torres preparó minuciosamente los detalles de su pasamiento. Destruyó buena parte de sus obras inéditas, dejando únicamente cuatro de ellas que serían publicadas de forma póstuma. Escribió además cuatro cartas: dos que portaba en aquella fatal madrugada y otras dos dirigidas a sus amigos Lamas Carbajal y Curros Enríquez. En ellas, a modo de testamento vital, pedía que se le olvidase y no dedicase homenaje alguno, dedicando cálidas palabras a Galicia, su tierra natal. Pero también escribió una quinta carta.

El poeta de la Oliva

Los marqueses de Valladares y su familia fueron buenos amigos de Vesteiro Torres. Como cuenta Ignacio Pérez-Blanco Pernas en su investigación sobre el linaje de los Valladares. La casa-palacio de la calle de la Oliva donde residían era, en aquellos años, un punto de encuentro para diplomáticos, políticos, nobleza, burguesía, artistas y otras personas, que acudían a visitar a la familia o a las numerosas tertulias y reuniones que se organizaron entre aquellos muros. Así, el propio Vesteiro Torres llegaría a pasar sus últimas vacaciones estivales en Vigo, invitado por los marqueses a residir en el palacio de Castrelos. Una prueba de aquella estrecha relación la encontramos en una carta cuya copia se conserva en el fondo documental del Marquesado de Valadares. La existencia de este registro ha salido a la luz en el contexto de las labores de descripción, digitalización y organización que se llevan a cabo en el Arquivo Municipal de Vigo y que darán como resultado la publicación de un catálogo en la Red.

El 8 de junio de 1876, el artista escribía unas líneas dirigidas con toda probabilidad a Joaquín Martínez de Arce, benjamín de los marqueses, así como al resto de la familia. Un texto cargado de sufrimiento donde el escritor y compositor vigués anticipa la resolución que ya había tomado: «Mis queridos amigos: hace tiempo que recibí vuestra carta contestando a la mía, comprendo vuestra extrañeza por mi silencio, pero estoy tan agotado y se apoderó de mí una tristeza tan profunda, que hoy os escribo con sangre. Pienso que moriré muy pronto, ya no puedo resistir esta lucha y no quiero partir sin deciros adiós, mis queridos amigos, adiós para siempre. […]

Os tengo a todos vosotros muy presentes, lo mismo que a mis amigos y a la vieja María, a don Javier y a los compañeros de Letras. Pensad y rezad por vuestro infortunado amigo. Que os guarde el Cielo y dé mejor suerte que la que a mí me ha tocado. No quiero lágrimas y sí oraciones. Último adiós de vuestro entrañable amigo. Vesteiro». La penúltima carta de Teodosio Vesteiro Torres.

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