Mucha confusión en el estreno de Vialia en Vigo

Las azafatas atienden a más de cien viajeros desorientados en la nueva estación, sin taquillas hasta mayo


VIGO / la voz

La entrada en servicio de la nueva estación de Vialia en Urzaiz, que canaliza el tráfico ferroviario en el eje atlántico, originó mucha confusión a pesar de los anuncios y carteles. En el primer día de su puesta en funcionamiento, las azafatas de información tuvieron que atender a más de un centenar de personas que desorientadas o con dudas sobre la ubicación de los andenes, los servicios, el párking y otros puntos. Algunos viajeros se perdieron en el interior de un gran edificio, que equivale a un bloque de pisos de ocho plantas.

Mercedes González fue una de las personas que se perdió dentro del gigantesco armazón de hormigón hierro y cemento, en el que todavía saltan las chispas de la soldadura de piezas que se están colocando. Esta vecina del Calvario logró llegar a la salida gracias a la ayuda de los obreros que todavía se ven por doquier en el interior de la construcción. «Quería salir por abajo pero me han dicho que no se puede y he tenido que volver para arriba porque yo quería ir a Guixar», comentaba la señora. «La estación es muy bonita. Queríamos ir a A Coruña pero no vemos ningún letrero que indique cuál es la entrada a las taquillas», aseguraban María Garcia y Teresa González.

«Es normal que el primer día haya estas confusiones y despistes», afirmaba el personal que atendía con mucha amabilidad las dudas de los usuarios que se acercaban a Vialia. La empresa y la promotora Ceetrus han colocado una caseta de información que se encuentra en Vía Norte. Allí, atienden a las personas que se interesan por un local para establecer un negocio o a los viajeros que simplemente quieren saber dónde sacar el billete y dónde subir al próximo tren.

Nada más penetrar por el pasillo que se ha habilitado como acceso provisional de pasajeros, el visitante se encuentra con un ascensor y con una rampa descendente con luces led que permite ver un trozo de ría. A medida que se va bajando, esta visión se pierde y lo que se ven son los cascos de los obreros. Trabajadores los hay a decenas porque las obras no se terminarán hasta el próximo mes de septiembre. Ni siquiera están puestas las taquillas, que se acabarán en mayo.

De momento hay dos máquinas expendedoras que funcionan con tarjeta de crédito. No se pueden usar monedas. Los viajeros que van un poco apurados son auxiliados por un interventor que les puede sacar el billete directamente. Eso fue lo que pasó ayer con alguna pasajera que se dirigía hasta A Coruña con las maletas cargadas y que desconocía el funcionamiento de la máquina.

Los más habituados tienen práctica y sacan el billete rápidamente. Pero el propio personal reconoce que a veces puede resultar un poco complicado hacerlo. Así, una joven estudiante uruguaya recibió el asesoramiento y la ayuda de un trabajador de Adif. «Es un poco de lío porque hay que dar el nombre y el DNI para poder sacar el billete con la tarjeta», señalaban la chica, Valentina Alpuin, y el empleado.

Ahora mismo, las máquinas que hay no admiten moneda pero en Vialia no saben si en el futuro se colocarán otras dos que sí puedan usarlas. La zona de las expendedoras se encuentra en una esquina de lo que será una de las dos plantas comerciales. Cerca de ella hay un ámbito para recarga de teléfonos móviles y donde se ubicarán las pantallas de información que todavía no se han colocado. Ayer una trabajadora estaba limpiando con esmero esta zona, donde se proyectaba un vídeo explicativo sobre Vialia que solapa las imágenes en grandes dimensiones a velocidad de vértigo desgranando datos: 125.000 metros cuadrados, 25.000 metros de plaza, etc.

Vigo es la ciudad de las rampas y las luces, y la nueva estación no se queda atrás. Las pasarelas recorren el interior transportando pasajeros por las cintas formando un arco iris, porque los neones led van cambiando de color. La estación en sí misma se convirtió en un espectáculo para todo el que quiso asistir a él. Fue el caso de una pareja formada por Jorge Fernández y Lorena Pérez. «Hemos venido para ver cómo era y vamos a ir en tren a Pontevedra a pasar la tarde», comentaba este sanitario que trabaja en el hospital Álvaro Cunqueiro, que necesita un poco de relax tras el repunte del covid-19. «Yo mismo me contagié en el hospital y contagié a mi madre», apostilla con pesar.

Loa pasajeros que van a tomar alguno de los trenes que comunican la fachada atlántica de Galicia solo disponen por ahora de 41 sillones de espera en el vestíbulo de la estación, pero la mitad de ellos no se pueden usar por el covid. En los andenes apenas hay cuatro asientos. Cuando avancen las obras aumentará el número de lugares para sentarse que se multiplicarán cuando abran los primeros bares y restaurantes que ya se anuncian en las lonas que acotan el acceso peatonal.

Tampoco hay paradas de bus junto a la estación. Quienes lleguen en coche a Vialia deben tener en cuenta que lo mejor es entrar por Vía Norte, por la zona de Fátima, ya que es fácil despistarse y pasarse de largo porque todo está en obras. La rampa que desciende hasta la última planta del párking subterráneo, que es la que se ha habilitado en parte con 150 plazas, está marcada por piezas de plástico rojas y blancas y un pequeño cartel avisa de que se trata de la entrada. Una vez allí también hay un laberinto de pasillos. Aun con carteles, hay que fijarse bien para no extraviarse. Las distancias son grandes. «Podían poner las máquinas más cerca», dice un conductor.

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