La maldición de Pasarón continúa

Antonio Garrido Viñas
antonio garrido PONTEVEDRA

VIGO

MONICA IRAGO

El Pontevedra fue un vendaval en el inicio de partido y el Coruxo terminó claudicando pese a tener opciones de meterse en la contienda

15 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

El Coruxo dio un paso atrás en su carrera por la permanencia al caer en Pasarón ante el Pontevedra. El campo pontevedrés sigue siendo maldito para el equipo de Míchel Alonso, que ve frenada su ascensión y que ahora necesita sumar los seis puntos que le restan por disputar para llegar la mejor manera posible a la segunda fase del campeonato.

A los cinco segundos le robaron el balón los pontevedreses a los visitantes, que habían sacado de centro; a los doce crearon la primera ocasión de gol, que acabó en córner, y a los 42 marcaban el primer tanto tras el saque de esquina al aprovechar Imanol un balón que quedó suelto en el área. El 80% de los jugadores todavía no habían siquiera tocado el esférico y el electrónico ya señalaba 1-0 a favor de los de Luisito.

El primer cuarto de hora del Pontevedra fue arrollador. Fue el perfecto manual de cómo avasallar a un rival, de cómo ahogar a un Coruxo desesperado que se veía superado en todo. Salió vivo, sin embargo, el Coruxo de esa tromba granate. Achicó agua por todos lados, pero mantuvo la nave a flote. Y, de repente, el temporal comenzó a amainar y los de Michel Alonso recordaron el plan con el que habían llegado a Pasarón y sacaron la cabeza de la cueva. A los 16 minutos apareció la primera de las dos clarísimas ocasiones que tuvieron en la primera mitad. Moha le robó la cartera a Churre, se internó pegado a la línea de fondo y le dio un extraordinario pase de la muerte a Jonathan Vila. Lo único que tenía que hacer su compañero era enviar el balón a la red. Lo que hizo fue una pifia, que mandó al limbo la primera esperanza del Coruxo de meterse en el partido. No sería la única de los verdes.

La clarísima ocasión no le sirvió para empatar, pero sí para elevar su autoestima. Para ir creciendo. Moha volvió a avisar por partida doble en solo un par de minutos y poco después llegó la segunda gran pifia del Coruxo. En esta ocasión fue Aarón el que centró y Moha el que desperdició una oportunidad que ya no volvería a encontrarse de nuevo en lo que quedaba del partido.

Parecía que el Coruxo podría empatar en cualquier momento, pero el Pontevedra cuenta con Rufo, que es un jugador desequilibrante. El vídeo del segundo tanto debería ser de obligado visionado para cualquier niño o niña que sueñe con ser un delantero centro referencial. Estaba atacando el Coruxo y el despeje en largo de la defensa granate lo intenta bajar Rufo. Se le escapa ligeramente el control hacia la banda, pero logra salvarlo. El contragolpe del Pontevedra se genera ahí y comienza a correr el balón en pies de los granates por un lado y Rufo por el otro. Tenaz el delantero en el esprint pese a que la lógica decía que sus posibilidades de volver a participar en la jugada eran escasas. Pero aparecieron. Álex González vio la irrupción del nueve en el área y le filtró un pase perfecto. Era medio gol. Rufo se ocupó de completar la otra mitad para colocar el 2-0.

La sentencia del encuentro pudo producirse a los siete minutos de la reanudación. Charles porfió por un balón suelto en el área, pegado a la línea de fondo, y su experiencia y un toque de bisoñez de Mangala hicieron el resto. El defensa se fue al suelo en un intento de despejar el balón. No lo hizo y tocó el pie del granate. No con la fuerza suficiente como para provocar tanto dolor como pareció indicar el alarido de Charles, pero sí para que el colegiado decretara penalti. Absurdo y evitable, pero penalti.

Fue el propio Charles el que asumió la responsabilidad de marcar el tercero, pero el disparo pegó en el travesaño y se le fue por encima de la portería para romper la racha de acierto que le acompañaba desde el punto fatídico.

Podría esperarse que esa acción, al igual que había sucedido tras aquella ocasión perdida por Vila en la primera mitad, elevase el espíritu del Coruxo y alimentase sus esperanzas de al menos empatar un encuentro tan importante. No fue así. Ni lo hicieron los visitantes ni permitió siquiera un atisbo de revolución Luisito. Mediada la segunda mitad, y por si quedaba alguna duda de hacia dónde se encaminaba la victoria, reforzó el centro del campo y acabó de apagar por completo las ideas visitantes.