«No hubiera venido al Celta si no pensara que el ascenso es posible»

El equipo de Liga 2 de baloncesto femenino ha ganado todos sus partidos desde la llegada en enero de Adrienne Motley, que ya había militado en el club


vigo / la voz

Adrienne Motley se ha convertido en un verdadero soplo de aire fresco para el Celta de baloncesto. Desde su regreso a finales de enero al club donde ya había militado en el curso 2018/2019, el conjunto vigués no ha perdido un solo partido y la escolta americana nunca ha bajado de los 10 puntos. Experta en tirar del carro, asegura que todavía le queda para llegar a su mejor nivel y confía en ayudar al equipo a lograr el objetivo con el que vino: el ascenso.

El destino de Motley para esta temporada había sido Grecia, pero la interrupción de la liga de ese país abrió al Celta la opción de recuperar a la jugadora. «Comencé allí la competición, pero se paró por el covid-19 y aún no se ha retomado», explica. Ante la imposibilidad de competir allí, hacerlo en un club que ya conocía y donde se había sentido a gusto le sedujo. «Contactaron para proponerme venir aquí el resto de la temporada y, después de hablar un rato con mi agente, decidí venir. En el Celta me había sentido cómoda», recuerda.

Pero aunque solo hayan pasado dos años, se ha encontrado un plantel muy diferente, aunque con el mismo cuerpo técnico que encabeza Cristina Cantero al frente. «Es un equipo muy diferente en muchos aspectos. En mi temporada anterior, el equipo era mayor y más experimentado. Este es mucho más joven», constata. Encontrarse a los mismos entrenadores le ha sido de ayuda: «Ahí no hubo mucha diferencia», comenta.

En lo personal, y pese a que está resultando una pieza clave para el equipo, su percepción es que puede dar más. «Todavía estoy tratando de volver a mi ritmo de juego y de acostumbrarme al equipo», introduce. Trabaja para acelerar ese proceso y que, como resultado de ello, su aportación siga creciendo. «Quiero jugar mejor de lo que siento que lo estoy haciendo. Sé que eso llegará con tiempo y esfuerzo, a base de seguir trabajando con mis compañeras y entrenadores», precisa.

Sus sensaciones, no obstante, son positivas, pero sin llegar a ser suficientes para que se sienta del todo satisfecha con su contribución al equipo. «Sé que para alcanzar nuestro objetivo final, que es el ascenso a Liga 1, todos tenemos que jugar mejor», indica. Tiene asumido que para ello les espera «un camino difícil» pero que les ilusiona recorrer.

Ese ascenso que menciona, Motley lo señala como el objetivo del Celta sin titubear. Es más, asegura que fue un pilar básico para que diera su sí al conjunto vigués. «Definitivamente, creo que es posible. No habría venido si no hubiera pensado que podemos conseguirlo», asegura insistiendo en que eso no quita para que su conciencia de la dificultad del reto sea absoluta. «No podemos pensar que será fácil, pero sí que es posible lograrlo», sentencia.

Además, para ella el hecho de jugar la fase (algo que tienen ya prácticamente al alcance de la mano) sería quitarse la espina del 2019, cuando el equipo se clasificó, pero una lesión le impidió a ella participar con el equipo en una fase en la que se quedaron a las puertas por segundo año consecutivo. «Tuve muy mala suerte. Estábamos jugando muy bien y si otras compañeras y yo no nos hubiéramos lesionado, igual la historia hubiera sido diferente», plantea. Por eso este regreso al Celta supone para ella en ese sentido una especie de segunda oportunidad. «Sí, claramente lo veo de esa manera. Aunque ahora es muy diferente a aquella temporada, pero insisto en que veo muy posible el ascenso este año», subraya.

Una temporada atípica

El covid-19 fue lo que abrió la vía del regreso de Motley y, como para todas, también está condicionando su temporada. Este fin de semana jugaron dos partidos en 24 horas para recuperar uno aplazado. Pero salieron airosas. «Me torcí el tobillo al inicio y no lo noté mucho durante el partido. Ahora sí, pero no es grave, solo algunos golpes y moratones», dice antes de añadir que el agotamiento es generalizado. «Intercambié mensajes con Marita (Davydova) y ella también está dolorida. Seguro que hablo por todas si digo que estamos cansadas, pero es cuestión de descansar hoy (por ayer, día libre) y volver al trabajo para terminar de la mejor manera la temporada».

Su estancia en Vigo, con Ainhoa Lacorzana como compañera de piso, también está marcada por la pandemia. «Hacemos pruebas todas las semanas y trato de mantenerme aislada. Soy hogareña, así que no hay problema. Paso mucho tiempo en FaceTime con mis amigos y familiares y, por supuesto, viendo Netflix», concluye.

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