Eduardo Pahino: «Los emigrantes no le importamos a nadie»

Militante antifranquista, trabajó en Ascón, Álvarez y en la construcción de la AP-9 antes de presidir a los españoles en la República Dominicana

Pahino en la Travesía de Vigo donde un Guardia Civil disparó y mató a un trabajador en una manifestación del 1º de Mayo de 1975 organizada por él.
Pahino en la Travesía de Vigo donde un Guardia Civil disparó y mató a un trabajador en una manifestación del 1º de Mayo de 1975 organizada por él.

Vigo

El Congreso de los Diputados pidió perdón esta semana a los emigrantes por haber imposibilitado su voto con trámites y plazos tan imposibles que prácticamente los ha excluido desde el 2011 de los comicios en España. «Es una buena noticia que se hayan dado cuenta de que es una afrenta que 2,5 millones de españoles que vivimos fuera tengamos que rogar poder votar, pero no me acabo de fiar de que lo cambien», dice desde Santo Domingo Eduardo Pahíno, presidente del Consejo de Residentes Españoles (CRE) en la República Dominicana.

Su naturaleza es reivindicativa, desde la adolescencia, cuando rebautizado con el alias de Tomás hacía frente al franquismo en las calles de Vigo. Las balas le pasaron silbando en la Travesía de Vigo en la manifestación de 1975 que dio pie a varias de las detenciones que acabaron en los últimos fusilamientos de la dictadura. «Queríamos sacar a España de la penumbra. Todo estaba prohibido». Y para actuar políticamente lo hizo en la Liga Comunista Revolucionaria. La Liga, no necesitaba de más apellidos. «Era un partido más democrático, no tan rígido como el PCE», rememora. «Muchos se han quedado congelados en esa fase por pureza ideológica», dice desde su puesto actual de secretario general del PSOE en la República Dominicana, país al que emigró necesitado de reinventarse hace 35 años.

Pahino, que nació en el barrio vigués de As Travesas en 1957, llegó a la política pronto, cuando estudiaba en el colegio Curros Enríquez. Los comités de estudiantes fueron pista de despegue. «A los 17 años no tienes miedo, pero fue una época oscura, siniestra, no nos conocíamos entre nosotros para evitar riesgos. Tomábamos muchas precauciones». En el 73 entra en la LCR desde donde organizaría dos años más tarde la trágica manifestación del 1 de mayo en la que un Guardia Civil mató a disparos desde la ventana de su casa a un trabajador de Fenosa que observaba la marcha. La represión desatada en aquellos días le llevó al calabozo y a probar los golpes de la dictadura, que no le apartaron de la reivindicación, aunque desde otros ámbitos pues los tribunales de orden público le prohibieron seguir estudiando.

Trabajó en el histórico astillero Ascón y en la construcción de la autopista AP-9 en el tramo entre la estación del ferrocarril de Vigo y Chapela (Redondela). «Allí organicé el primer sindicato del tajo. Me puse la pegatina en el casco y comencé a concienciar a los compañeros. Cuando acabó la obra, me despidieron. La fábrica de Álvarez fue otro de sus hitos laborales, entre sus hornos a altas temperaturas para dar forma vajillas y cristalerías. «Era un trabajo muy duro». La mili, Formación Profesional en Márketing y la universidad se sucedieron para poner fin a la vida de obrero. «Al acabar me fui de Vigo, necesitaba resetear mi disco duro. Y llegué sin nada a la República Dominicana, así que me busqué la vida como comercial y vendedor en este país muy acogedor en el que estaba todo por hacer». «Los gallegos lo hacemos todo con tesón, tiramos para adelante», reflexiona ahora que cuenta con una firma propia de distribución textil para la que importa hasta la isla desde medio mundo.

Quizás esa faceta comercial le llega de su abuelo paterno, vigués como los padres de Eduardo Pahino, que se pasaba el día en los muelles de O Berbés comprando pescado para las conserveras, además de regentar una taberna famosa de los años cuarenta y cincuenta en la calle Real, «debajo de la Guinda», acota para situar a los más veteranos.

«La República Dominicana es de los pocos países de Latinoamérica donde los gallegos no somos mayoría entre la emigración española, aquí lo son los asturianos», apunta, lo que no le ha impedido presidir el CRE del país y volver a optar a dirigirlo.

«España trata mal al emigrante, no le importamos a nadie», lamenta advirtiendo incluso cierta xenofobia en las exigencias impuestas hace diez años para poder votar, «obstáculos que para él se adoptaron para evidencias «que somos ciudadanos de segunda». No tener peso en las elecciones, que sus votos hayan quedado reducidos a anécdota, fue para Pahino «el principio del fin. Si no votamos, no importamos y tampoco nuestras reclamaciones, necesidades y exigencias». Mantiene que no se entiende lo que ha significado la emigración. «Aún hoy España recibe de sus ciudadanos en el exterior entre 6.000 y 7.000 millones de euros en remesas al año», afirma, no sin lacónicamente asegurar que «el emigrante es extranjero en todas partes, en su tierra de nacimiento y en la de acogida».

Eduardo Pahino cuando era militante de la LCR y se ocultaba bajo el seudónimo de Tomás
Eduardo Pahino cuando era militante de la LCR y se ocultaba bajo el seudónimo de Tomás

MÁS DE CERCA

- ¿Su primer empleo?

- Fue de descargador de bacalao en la colla del puerto de Vigo. Yo era un chaval de 14 o 16 años y me pagaban 13.000 pesetas del año 71. Luego hice una sustitución de dos meses en la fábrica de Álvarez en el barrio de Cabral. Era también muy duro, junto al horno. Luego me pasaron a serigrafiar botellas.

- ¿Su mejor viaje?

El que hice con 19 años en el crucero soviético Leonid Sobinov desde Lisboa hasta La Habana para participar en el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. Fue una continua fiesta. 

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