Pablo Vioque contrató el asesinato de Javier Zaragoza

El histórico fiscal, recientemente incorporado a la lucha contra el narco en Algeciras, iba a ser tiroteado por sicarios sudamericanos contratados por el abogado; el Tribunal Supremo confirmó su culpabilidad

Complejo de padrino. Vioque, en una imagen de 1995, planteó a narcotraficantes de la ría de Arousa crear algo similar a La Comisión, siguiendo el modelo de la Cosa Nostra.
Complejo de padrino. Vioque, en una imagen de 1995, planteó a narcotraficantes de la ría de Arousa crear algo similar a La Comisión, siguiendo el modelo de la Cosa Nostra.

Vigo / la voz

La hemeroteca supone el mejor espejo para constatar la evolución del narcotráfico en Galicia. Hoy sería impensable dimensionar a ningún capo oriundo dando una lista, para asesinarlos pagando, con nombres de integrantes de las carreras Judicial y Fiscal en España. Demasiado ruido y luces nunca fueron bueno para el negocio. El tiempo ha instruido en esto, y muchas mejoras más, a los señores de la coca en las Rías Baixas. Pero una industria tan rentable y global, abierta siempre a captar nuevos inversores, ve pasar por sus filas a personajes de todo pelaje. Pablo Vioque, por ejemplo, rompió el molde con sus formas, las más punk de la cousa nosa. El derecho privado, el contrabando de tabaco, el tráfico de cocaína y hasta la política ayudaron a soldar su leyenda: el narcoabogado extremeño que soñó con implantar en la ría de Arousa el modelo de la mafia italiana.

La conspiración más perversa de Vioque acaba de cumplir la mayoría de edad y desenmascara al letrado. Lo destapó, en febrero del 2003, la Guardia Civil en una investigación centrada en Vioque, que no dudó en plantear una lista de objetivos para asesinar. Allí figuraba el entonces teniente fiscal de la Fiscalía Antidroga, Javier Zaragoza, también de la operación Nécora y el fiscal, entonces, que más capos gallegos encarcelara. Empezando por los pioneros, como Vioque. Junto a él, contratados para mancharse las manos, cinco ciudadanos colombianos, dos venezolanos y un ecuatoriano. Lo realmente llamativo es que Vioque logró mover todos los hilos del encargo estando encerrado en la prisión de Soto del Real.

Vioque, en un juicio en la Audiencia Nacional en el 2005.
Vioque, en un juicio en la Audiencia Nacional en el 2005.

Las pruebas recopiladas por la Guardia Civil detallaban incluso la fecha prevista para disparar a Zaragoza. El 28 de diciembre previo, día de los inocentes y en plena celebración navideña. Pero el plan falló porque los sicarios tenían la dirección antigua de su domicilio particular, que, casualmente, es la misma que aparecía en unos listados intervenidos al último comando Madrid de ETA desarticulado. El haber dispuesto de su nueva dirección tampoco les iba a garantizar a los sicarios el éxito de su plan criminal, ya que el teniente fiscal antidroga contaba con servicio de escolta permanente desde antes. Las noticias, firmadas en La Voz por el periodista Julio Fariñas, se sucedieron en los últimos días de febrero del 2003. Ya el 22 se publicó este titular: «Vioque usó a su abogada de enlace con los sicarios que iban a matar al fiscal». Una carta, hallada en la casa de la novia de un sicario, resultó clave para hilar la acusación. La misiva, con texto manuscrito, indicaba: «Espero que compres todas las fincas antes de mes». La Guardia Civil interpretó ese párrafo como la orden de cometer los asesinatos. En la nota se animaba a no usar los mismos picos y palos (armas) para trabajar las fincas (matar). 

El escolta

A medida que la investigación avanzaba se constató que la confabulación contra Zaragoza, veraneante durante años de O Salnés, estaba condenada al fracaso desde el primer momento: el sicario contratado para ejecutar los crímenes era un confidente de la Guardia Civil y, desde el principio, informó a su contacto del encargo al estar convencido de que el pago por su trabajo era "un tiro en la cabeza". Ya en su país, ejerciera de militar ducho en el manejo de armas de fuego, y trabajara como escolta de políticos antes de emigrar a España. En Madrid conoció a un colombiano, durante un negocio de dólares falsos, que compartió patio de prisión y horas de compañía mutua con Vioque. El colombiano, en una reunión mantenida con el ecuatoriano en un bar de Carabanchel, le ofreció cinco millones de pesetas (30.000 euros) por asesinar a Zaragoza.

En los dos años que duró la instrucción judicial en la Audiencia Nacional, Vioque asentó su posición en la cárcel hasta hacerse llamar don Pablo. Sobre todo en su periplo en Soto del Real, donde gozó de privilegios exclusivos. La Fiscalía le pidió 12 años de cárcel y la sentencia, en primera instancia, la rebajó a 7 y medio. El Tribunal Supremo la ratificó dando por probada la tesis incriminatoria que otorgaba a Vioque el rol de cerebro y mecenas del crimen frustrado.

Coincidió con su etapa final, decadente, expulsado hace ya muchos años de la Cámara de Comercio de Vilagarcía, encarcelado, encajando acusaciones, juicios y sentencias por tráfico de coca. Repudiado por las amistades influyentes que tiempo atrás disfrutó y aprovechó. Atrás quedaban también sus pinitos en la construcción de obra pública. Un tiburón de la coca navegando en aguas de tramitación pública. En Vigo fue sonado su participación para la construcción de un centro comercial en la plaza Elíptica, que acabó edificándose. Más allá de la polvareda que levantaba la presencia, en persona y constante, de Vioque visitando dependencias municipales de Urbanismo y Alcaldía. Ocurrió entre 1995 y 1999. Eran otros tiempos, sin duda mejores para él. Ya nunca volvió a salir de prisión hasta fallecer de cáncer en el 2008.

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