Los predicadores sin púlpito llegan a la calle del Príncipe

Las pláticas advierten de la necesidad de protegerse del covid y de la muerte


vigo / lA voz

No es el portavoz de la concentración de jubilados reivindicando mejoras para su bolsillo ni tampoco una manifestación por la igualdad de género. Es un predicador quien en mitad de la calle del Príncipe advierte a voz en grito que la muerte no avisa y que acaba con todas las posibilidades de salvación. Muchos, dice, marchan a la eternidad sin estar preparados.

El publico es escaso, escucha al pasar y pone cara de asombro. La lluvia y el cierre del comercio a las seis de la tarde le ha restado audiencia. Suele platicar en esta zona los miércoles a partir de las 19.00 horas.

La pandemia ha enfervorizado los ánimos y extendido a las calles este tipo de figuras de predicador sin púlpito, muy arraigada en el continente americano. En este caso, aunque pertenece a la iglesia Evangélica, su actitud nada tiene que ver con la pregonada por alguna facción en países como Estados Unidos o Brasil, donde se ha alabado a Trump y Bolsonaro por tomarse a la ligera la pandemia. Todo lo contrario, en la calle del Príncipe existe incluso una persona de apoyo al predicador que informa de cómo protegerse del coronavirus y, de paso, también de la muerte.

«Lo primero que hay que saber es de dónde venimos y adónde vamos», advierte, mientras el predicador continúa con su exaltado sermón. Aunque siempre hay alguien que lo sigue con fervor, la mayoría de la gente que pasa a su lado se para un par de minutos, se encoge de hombros y sigue su camino tras escuchar que se vive de un modo egoísta y pecaminoso.

«Una enfermedad es siempre un desafío y nos enfrenta a las grandes preguntas de la vida y la muerte. El covid-19 nos ha enseñado la vulnerabilidad humana y las pocas seguridades con que contamos», dice.

Algunas ciudades han empezado a prohibir los predicadores en sus calles, sobre todo en aquellos casos que incitan a actitudes un tanto discutibles o cuando los que platican ya son demasiados y la vía pública se convierte en un parlamento. No es el caso de Vigo, donde hasta ahora la información religiosa se solía ofrecer en la calle a través de folletos.

Con la llegada del covid se ha incrementado la transmisión oral para intentar captar fieles, aunque de momento en la calle del Príncipe no tengan tantos adeptos como los músicos.

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