«La gente no viene a las tiendas que abrimos si no ve movimiento en el centro comercial»

Hipermercados como Alcampo abrieron ayer para vender ropa y electrodomésticos, mientras grandes almacenes como El Corte Inglés precintaban sus plantas no esenciales


vigo / la voz

El primer sábado con los centros comerciales y grandes almacenes cerrados por las restricciones del covid sorprendió a muchos vigueses. La imagen que mejor resumen la situación es la de un vigilante recorriendo en un patinete eléctrico los pasillos vacíos de la planta de moda del centro comercial Gran Vía. Pero aún así, si alguien quería comprar una televisión o un pantalón, podía ir a un hipermercado, porque a diferencia de lo que pasó durante el confinamiento, siguieron comercializando todo tipo de bienes. Se produjo así la paradoja de que en Vigo no se podían comprar unas zapatillas en unos grandes almacenes o en las tiendas de un centro comercial pero sí en un hipermercado o en la calle Príncipe.

La medida que buscaba evitar las aglomeraciones en sábado pilló por sorpresa a muchos viguesas. En A Laxe, un ciudadano pasaba su paraguas repetidamente por los sensores del detector fotoeléctrico de la puerta sin que esta no se abriese. Una familia se topó de bruces con el acceso denegado. Todo el recinto de A Laxe estuvo cerrado salvo un lateral, donde despachaba la farmacia, y otro lugar para la recogida de pedidos de un restaurante de comida rápida.

Dentro de estas grandes superficies, solo seguían abiertos los establecimientos de servicios esenciales como los supermercados, peluquerías, lavanderías, farmacias, estancos o tiendas de pienso para animales.

Paradójicamente, los hipermercados de la ciudad pudieron seguir vendiendo ropa o electrodomésticos. Se veía bastante movimiento de clientes con carritos.

Por contra, los grandes almacenes, como El Corte Inglés, que tiene un aforo de más de 9.000 personas, tenían precintado el acceso a las siete plantas de ropa, electrónica y libros. Muchos clientes se quedaban sorprendidos. Solo abrieron en la planta baja el estanco, una tienda de cafés de máquina, una peluquería, el hipermercado, la tienda goumert y un puesto para servir sándwichs. Las cajas del súper trabajaban bien a última hora de la mañana, sin grandes aglomeraciones. En algunas secciones, como perfumería, el personal hacía inventario. Esas escenas se vieron en otras tiendas cerradas al público en la ciudad.

Juan Carlos Ottaviano, dueño de una tintorería en Plaza Elíptica abrió sus puertas el sábado pero, aunque las restricciones no le afectaron, cree que la medida le va a restar clientela. Era el único local abierto junto al supermercado Froiz. El gimnasio y las escaleras a las cafeterías estaban precintados. «El cierre del centro comercial nos afectó bastante porque aunque yo tengo abierto, mucha gente no va a querer venir por aquí porque no ve movimiento. Trabajé lo habitual de un sábado atendiendo a clientes que venían a recoger sus pedidos pero no a los nuevos. Sé que lo voy a notar para la próxima semana y el siguiente sábado. Esperemos que esto mejore», dice.

En O Meixoeiro, solo estaba abierto un restaurante de comida rápida para recoger en coche y una tienda de pienso para animales. El centro comercial Camelias, con solo el supermercado Froiz abierto y un local que servía comida para llevar, ofrecía el mismo aspecto fantasmagórico.

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