Sanitarios gallegos acuden voluntarios al SOS lanzado por una residencia lusa

«No vi la frontera, sino la necesidad de ayudar», dice la tomiñesa Pilar Lago


TOMIÑO / LA VOZ

Vila Nova de Cerveira pidió ayuda a Galicia para atender una residencia tomada por el covid y su grito de socorro no ha caído en saco roto. El Concello portugués y la Santa Casa da Misericordia, al frente de la residencia María Luisa, comienzan ya a recibir voluntarios, y en la lista hay profesionales gallegos. «No vi la frontera, sino la cercanía y la posibilidad de poder ayudar», explica Pilar Lago. Esta tomiñesa, auxiliar de enfermería, es una de esas personas valientes decididas a no ver el problema desde el otro lado de la frontera. Huye de protagonismos porque su ofrecimiento es para ella algo natural debido a que su profesión, «es absolutamente vocacional», pero accede tímidamente a explicar su decisión por dinamizar este movimiento de cooperación transfronteriza.

La petición de auxilio de la residencia de Vila Nova de Cerveira fue dramática. Con los 66 usuarios positivos, 32 empleados infectados, 10 en baja de larga duración y con solo 10 en servicio activo, el complejo luso se encuentra «ante una situación de calamidad», según explicó el gobierno local al formular el SOS transfronterizo. A día de ayer habían muerto seis residentes y otros tantos permanecían hospitalizados «en estado grave, pero estable». «De Galicia se han ofrecido tres personas y entre el domingo y el martes llegarán también estudiantes de enfermería del Instituto Piaget de Gaia», confirmó el alcalde del municipio portugués, Fernando Nogueira.

Pilar Lago se enteró de la difícil situación que atraviesa el centro a través de la Oficina Municipal de Información Xuvenil y enseguida se puso en contacto con ellos para saber qué podía aportar. «Ni siquiera sabía dónde era ni cómo es el trabajo ni cómo lo tienen organizado. Solo vi que pedían ayuda y yo no podía negarme, porque la situación lo requiere y yo soy así», explica perpleja porque su iniciativa pueda sorprender a alguien. El llamamiento la pilló justo cuando acababa una sustitución en el Complexo Residencial de Atención a Persoas Dependentes do Meixoeiro CRAP. Y no lo dudó.

«Estoy segura de que necesitan mucha ayuda porque faltan 40 trabajadores y yo quiero poder hacerlo como me gustaría que lo hicieran por nosotros», sostiene con naturalidad. Es una oferta en firme para la que se sobrepone del temor que invade a todos. «Claro que tengo miedo. Todos debemos tenerlo pero, sobretodo, respeto, para cumplir las normas y para ayudar a quien lo necesite porque todos estamos en la misma situación», recuerda esta tomiñesa, que quisiera ser voluntaria pero anónima. Ya lo fue en el CRAP, la primera vez que trabajó en este centro.

Vocación

No hubo tiempo de transición entre la escuela y la realidad, con un escenario que nadie podría imaginar cuando se tituló en diciembre del 2019. «A mi promoción le tocó estrenarse en plena pandemia», recuerda. En cuanto Pilar acabó su formación, entró a trabajar en el hospital vigués Povisa y desde entonces enlazó contratos. «Me gusta lo que hago y a lo que me dedico, por lo que ni me pensé lo de ofrecer mi ayuda. Cuando algo es vocacional, lo haces, y luego, ya te plantearás las consecuencias», dice con una serenidad que evidencia su aplomo y que, con seguridad agradecerán especialmente sus pacientes.

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