La pandemia baja las armas

La venta de material de caza cae más de un 60 % por los recortes de las vedas


vigo / la voz

Los vaivenes de la veda de la última temporada de caza en función de la situación sanitaria han obligado este año a aparcar las armas a muchos aficionados. «La gente no pudo salir tanto al monte, aunque es absurdo prohibirlo porque no están en sitios cerrados y no hay tanto contacto. En octubre abrieron, a la semana siguiente cerraron y después volvieron a abrir; la campaña se fue también, en parte porque la gente que compró armas no las utilizó, fueron el primer día y no volvieron», explica Berta Rodríguez, responsable de la Armería La Naval, en la calle Carral. Esta situación ha provocado que las ventas hayan caído más de un 60 % con relación al año anterior. La escasa demanda de cartuchería es una muestra más de la decadencia.

«Cerré en marzo y no abrí hasta el mes de julio. Mucha gente está sin trabajo y no se puede permitir el lujo de gastar, no sabe para qué lo va a necesitar. Hostelería, salas de fiestas, pubs... Llevan cerrados o a medio gas mucho tiempo», dice.

Para el presidente de la Federación Provincial de Caza, Francisco Couselo, lo que más ha repercutido es la caza a cuentagotas fuera de Galicia, al ser uno de los motivos por los que se compra más munición, varias cajas de cartuchos, lo que incide en las armerías. «En Galicia, dentro de lo que cabe, aún tuvimos suerte, porque nos pudimos desplazar para cazar. Es una temporada atípica, el jabalí aún se puede y es conveniente porque cuando no ha habido caza se registraron accidentes y llegaban a las fincas destrozándolas. También se nota la crisis, porque antes que el ocio, es dar de comer a la familia y las necesidades esenciales, y hay personas que tienen problemas en el trabajo», comenta.

 

Dentro de las armas las que más se venden son escopetas y rifles. Las pistolas están más bien para tiro deportivo o uso personal, en cuyo caso es necesaria autorización oficial. «En general son utilizadas por gente amenazada o que porta mucho dinero para empresas, por seguridad. La policía puede tener la oficial y también personal», explica Berta Rodríguez. A partir de 400 euros se puede adquirir una, dependiendo del modelo y de la marca.

«A veces vienen y se interesan por las armas, lo primero que les pregunto es si tienen licencia, si no cuentan con ella no se la vendo. Hay carabinas de aire comprimido y pistolas de balines, las de las ferias son carabinas», indica la propietaria de la armería.

La duración de un arma suele ser eterna, según destaca Francisco Couselo: «La compras una vez y, a no ser que se te caiga y se te rompa, te dura siempre. A veces se renueva si salen novedades, si te gusta una más ligera o más perfeccionada, eso ya es un lujo».

Los clientes de la armería viguesa son de lo más variado y de todas las edades. «Hay un poco más de mujeres que antes, pero sigue siendo un deporte masculino; me gustaría que la mujer se introdujera más en la caza», añade Berta Rodríguez.

Nada que ver la situación de la caza de la temporada pasada con la de la pesca. «Se está moviendo mucho más que antes del confinamiento, vienen a por todo, cañas, que hay de muchos tipos, peces artificiales para el calamar. Sobre todo se vende para pesca de mar; para embalse, aunque se puede pescar, se compra menos, y en el río está vedado en la actualidad», apunta.

El último recuento de la Federación Gallega de Caza cifra en 9.180 las licencias de caza existentes en la provincia, 172 menos que el año anterior. El número de cazadores federados es de 5.438.

Desde la crisis del 2008 la caza no ha vuelto a ser lo que era, y las ventas de todo el material relacionado con ella ha ido cayendo de forma progresiva, según detectan en la armería de la calle Carral.

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