Las mimosas como indicador de peligro

Su floración cada vez más temprana implica pérdida de biodiversidad


Amigos da terra vigo@tierra.org

La primaveral imagen de una mimosa (Acacia dealbata, para los íntimos) en flor no tiene nada de particular, salvo que la pongamos en su contexto de espacio y tiempo. Estamos en el curso bajo del río Tea, en Salvaterra de Miño, la tarde del día de Reyes. Ahora sí que la cosa tiene algo especial. Información de casos similares de esta floración temprana nos llegaron desde Soutomaior, Redondela, O Morrazo, Vigo, etc. Sería noticia encontrar alguna mimosa que todavía no esté floreciendo. En circunstancias normales, nuestras primas tendrían que florecer por estas latitudes como pronto a finales de invierno, pero esto lleva tiempo cambiando. Un estudio realizado en Carballiño entre 1991 y 2014 determinó que la floración de las mimosas se estaba adelantando 44 días. Casi mes y medio de adelanto en menos de un cuarto de siglo es una velocidad vertiginosa para los ciclos naturales, pero con toda probabilidad este año hemos pulverizado el récord. Los registros de este estudio citan como la fecha más temprana conocida de la floración de las mimosas el 23 de enero. En el 2021 se adelantó un par de semanas más. ¿Qué implica esto? Pues varias cosas, y ninguna buena a pesar de la bonita imagen. Para empezar, es un indicador fenológico (parte de la meteorología que estudia la repercusión del clima en los ciclos biológicos periódicos de las especies) y, consiguientemente, un indicador de la evidencia de los efectos del cambio climático.

Hasta aquí todo más o menos bien, que tampoco parece que el adelanto con el que unos arbolitos se pongan a florecer sea para montar un drama. Pero las apariencias engañan: hay consecuencias. Nuestras amigas son originarias del sureste de Australia y Tasmania, exóticas por tanto y con enorme potencial invasor. El primer registro de mimosas naturalizadas en Galicia es de 1945. En menos de medio siglo su presencia ya estaba confirmada en la práctica totalidad de nuestro territorio. Ahora, esta floración temprana le proporcionará, como si le hiciera falta, una ventaja competitiva añadida: flores antes implican generar y dispersar las semillas antes. Centenares de miles en un solo grupo de mimosas. Soportan las heladas y lo que le echen, por lo que cuando llegue la primavera empezarán a germinar mientras sus competidoras apenas empiezan a florecer.

Como todas las especies invasoras, carecen de enemigos naturales que puedan contener su expansión. Además, son pirófitas, encuentran en el fuego un aliado (también sus semillas y raíces soportan incendios de baja intensidad). Si a todo esto le sumamos el abandono del rural o, siendo más precisos, la «desagrarización» rural como certera y documentadamente señala el profesor de Historia Económica David Soto, nos encontramos ante la tormenta perfecta. Solo faltaba la adaptación de las mimosas a temperaturas extremas de calor y ahora también frío. Ni las heladas de estas noches las pueden contener. Entre los indicadores de cambio climático, aunque cueste imaginarlo estos días, figura que la práctica totalidad de la provincia, con la excepción de las zonas de alta montaña, serán zonas donde las heladas desaparecerán a finales de siglo. Como no lo tomemos en serio y empecemos ya un programa sistemático y continuado de erradicación de las especies invasoras, nuestra pérdida de biodiversidad puede ser irreversible. Y esto no implica nada bueno, como bien sabe nuestro ya íntimo SARS-CoV-2.

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de Vigo

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
16 votos
Comentarios

Las mimosas como indicador de peligro