Las claves del caos de tráfico que sufre Vigo

El cierre de Lepanto para iniciar las obras de los accesos al centro Vialia tapona la Gran Vía y extiende los atascos al centro de la ciudad por falta de alternativas. La situación amenaza con prolongarse tres semanas


vigo / la voz

El corte de la calle Lepanto y de la avenida de Alfonso XIII, para permitir las obras de los nuevos accesos al centro Vialia y la AP-9, provocó ayer grandes atascos en el centro de Vigo que amenazan con repetirse. Hubo retenciones en Gran Vía, México, Urzaiz, Travesía y Sanjurjo Badía, entre otras zonas. La Policía Local organizó un dispositivo de control para agilizar el tráfico, pero aun así los conductores tuvieron que armarse de paciencia y esperar más de media hora para atravesar el centro urbano. Por la tarde, se escucharon bocinazos de transportistas como protesta al quedarse retenidos en Sanjurjo Badía.

«La ciudad ya no da para más», comentaba un policía local para describir la situación límite a la que ha llegado el tráfico con el inicio de las obras del nuevo acceso a la autopista y que coincide con el corte de la Porta do Sol por la construcción del túnel.

Donde se produjeron las mayores retenciones fue en el tramo descendente de Gran Vía desde la plaza de España. Un socavón en Ecuador con Vázquez Varela complicó la situación al crearse un tapón en sentido ascendente. Desde el 092 propusieron al departamento de Tráfico la instalación de paneles para informar a los conductores, ante el caos que se produjo.

El corte en la Porta do Sol ha agravado las retenciones porque reduce las alternativas de los conductores en sus desplazamientos, creando un embudo en calles como Gran Vía, México o Urzaiz. Desde la administración local se recomienda evitar en la medida de lo posible el uso de los vehículos particulares y desplazarse en transporte público o caminando. Estas son las sugerencias oficiales que hizo el Ayuntamiento:

La calle Alfonso XIII está cortada a la altura del número 64 durante tres semanas para permitir el desmontaje del paso elevado de la AP-9, que lleva a cabo la UTE Enlace AP-9 Vigo. Se permitirá el acceso para garajes, servicios públicos y carga y descarga.

El cierre de la entrada en la autopista desde Lepanto llevará más tiempo. Las obras no acabarán antes de octubre. Las alternativas que quedan a los conductores para acceder a la doble calzada son el túnel de Beiramar, Isaac Peral, Praza de San Lourenzo o Buenos Aires. El Concello ha diseñado un plan de tráfico en el que recomienda atravesar Urzaiz y República Argentina para acceder o bien al túnel de Areal o bien a García Barbón para llegar a la AP-9. Otra opción es subir por Urzaiz y cruzar la Travesía para doblar hacia Numancia y la Praza de San Lourenzo y de allí a la autopista.

También se recomienda usar como vías alternativas el acceso mediante la avenida de Madrid y seguir la ruta por Arquitecto Palacios, Gregorio Espino o Martínez Garrido.

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Arranca el derribo del paso elevado de Lepanto, que conectaba con la AP-9 Los trabajos de derribo transformarán el acceso y la comunicaciones de la zona, donde estará situada la estación intermodal y el nuevo centro comercial de Vialia

El alcalde, Abel Caballero, reconoció ayer las complicaciones del tráfico que ocasionan de unas obras que calificó como «históricas». El desmontaje del puente sobre Alfonso XIII supone la eliminación del último vestigio que quedaba del scaléxtric que nunca llegó a funcionar. «Iniciamos el principio del fin del scaléxtric, algo que nunca más se volverá a repetir en Vigo», manifestó durante el inicio de los trabajos. En su opinión, se pone fin «a una de las grandes aberraciones de la ciudad y se corrige un inmenso error».

La actual configuración de la zona dará paso a una nueva plaza de la estación, el centro Vialia diseñado por Thom Mayne y un acceso en túnel a la autopista desde la calle Lepanto. Las obras cuentan con un presupuesto total de 9,2 millones de euros. ADIF aporta el 75 % del importe total, el Concello el 21 y la Xunta el 5 % restante.

La transformación del entorno entra desde ayer en su fase más crítica, la que más directamente afectará a a las viviendas y negocios del entorno. «Es un trastorno porque nos quedamos sin nuestras plazas de aparcamiento, tanto para servicio de los clientes como nuestro propio uso de carga y descarga. Además vendrá menos gente», afirmaba ayer Domingo Pascual, empleado del hostal Cascais, en la calle Lepanto.

«A nosotros nos van a beneficiar porque va a venir gente para montar las tiendas. Necesitan comer y dormir y nos van a dar algo de trabajo, que es lo que no hay. Se nota movimiento», afirmaba Benito, de la cafetería hotel Lino.

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