El impacto verde del año más raro de la historia

El proyecto de relleno del puerto es de las peores noticias del año para el medio


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Entrando en la última semana del año toca el consiguiente balance desde el punto de vista ambiental en clave local. Más allá del covid, que ocupó todo -y lo que nos queda- pocas novedades nos deja 2020, pero como las meigas, habelas hainas, y como suele suceder con sus luces -nunca mejor dicho en Vigo, que sigue imparable incrementando su contaminación lumínica- y sombras.

Para empezar el propio virus nos aportó una importante lección: lo que sucede cuando perdemos biodiversidad, la última frontera entre esos virus y nuestra especie. Para la naturaleza en general nuestro confinamiento primaveral supuso un alivio; el que menos habríamos deseado, pero alivio.

Muchas especies de flora y fauna experimentaron una recuperación notable en la crítica época de floración y cría. Tristemente solo unos meses después en nuestro más emblemático y teóricamente más protegido espacio natural, las Cíes, no aplicar restricción alguna al número máximo de visitantes autorizados, como si no hubiera pasado nada, significó perder una oportunidad única de prolongar esa reducción de impacto ambiental y la constatación de que no aprendimos la lección.

Pero en cuanto a los espacios naturales tuvimos una excelente noticia mucho tiempo esperada: la declaración oficial del espacio dunar de O Vao y Baluarte como ENIL, nuestro primer espacio protegido a nivel local. Lamentablemente se quedó corta esa declaración pero seguiremos insistiendo en incluir las playas de Foz y Calzoa, por lógica ambiental y conectividad de ecosistemas. Esa excelente noticia para nuestro litoral tristemente vino acompañada de la confirmación de que la recuperación ambiental de Samil seguirá en un cajón que las nuevas concesiones hosteleras e infraestructuras municipales sepultarán la llave bajo más cemento.

En la parte urbana del litoral, el año nos deja otra contradicción: por una parte los esfuerzos del Puerto por reducir su impacto ambiental -«crecimiento azul», se denomina el oxímoron- y paralelamente, cuando ya pensábamos que habíamos superado los errores del pasado, llegó el proyecto de un nuevo relleno incomprensiblemente con un informe favorable además en cuanto a su impacto ambiental. Nos queda el consuelo de la reacción prácticamente unánime -en algún caso llegó un poco tarde- en su contra que, esperemos, consiga paralizarlo. Mientras tanto los vertidos a la ría se siguen reduciendo, sin duda, pero siguen existiendo tanto por deficiencias en los sistemas de depuración como en las redes de saneamiento. Eso incluye al Lagares, en el que seguimos considerando que cargarnos lo poco que le queda de naturaleza es «limpiarlo».

En cuanto a espacios forestales periurbanos salvamos el destrozo del proyecto de macrocentro comercial en Cabral, a cambio se consumó el destrozo ambiental de la ciudad deportiva del Celta en Mos -y esperemos que no se le añada el centro comercial-. Del famoso anillo verde municipal prometido en el 2017, seguimos dándole vueltas al proyecto.

Con el arbolado urbano, más de lo mismo: el proceso sistemático de talar el arbolado de gran porte continúa ejecutándose implacablemente.

Al menos, en movilidad urbana tenemos la mejor de las noticias: tras décadas de promesas, y a pesar de sus defectos, por fin ya existe un carril bici para vertebrar la ciudad. Ya podemos desplazarnos de manera sostenible y saludable. A cambio las famosas pasarelas de Gran Vía incrementarán nuestra huella de carbono a razón de 33 toneladas anuales, que se suman a un incremento global de la contribución de Vigo al cambio climático, que con toda seguridad este 2020 ya superó los dos millones de toneladas de CO2 que inciden también en la calidad del aire que respiramos.

Y el agua (privatizada) que bebemos, porque ahora, que es cuando podríamos solucionarla dragando los embalses, nos hemos olvidado de la sequía.

Comprenderán que se nos queden cosas en el tintero, pero permitan terminar con otra buena noticia: la tribu aumenta. Greenpeace y Ecoloxistas en Acción están cada vez más presentes en Vigo, y se nota para bien la presencia de estas compañeras y amigas.

Les deseamos a ustedes que el 2021 sea mejor, que difícil no parece.

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