Las colas del hambre se agrandan en Vigo a las puertas de la Navidad

María Jesús Fuente Decimavilla
maría j. fuente VIGO / LA VOZ

VIGO

Se disparan los nuevos usuarios procedentes de la economía sumergida y la hostelería

10 dic 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Los comedores sociales y las organizaciones humanitarias que reparten alimentos entre las personas con escasos o nulos recursos están desbordados. A medida que se acercan las fiestas navideñas los usuarios van creciendo y las actuaciones para evitar las penosas colas se vuelven insuficientes con tanta demanda. Es lo que le ocurre a Vida Digna, que ayer batía el récord del servicio de entrega de bolsas de comida, uno de los muchos que ofrece. Cuatrocientas familias acudieron a recogerlas, lo que dio lugar a largas colas en las inmediaciones de su sede, en la calle Brasil, desde las 8.30 horas.

La ampliación del reparto de uno a tres días a la semana para evitar precisamente esa masificación ya no es suficiente y los responsables buscan nuevas fórmulas que la eviten. «Los usuarios no paran de aumentar a medida que se alargan las situaciones de ERTE y que los bares siguen cerrados. Personas que se dedicaban a la hostelería ahora no lo pueden soportar; otras que trabajaban en la economía sumergida, como fontaneros y electricistas, con la pandemia se han quedado sin trabajo, están en el paro y pasándolo muy mal», comenta el responsable de Vida Digna, Ricardo Misa.

El perfil de la familias es ahora muy amplio: de todas las edades, con hijos, sin hijos, de distintos sectores, en paro, con sueldos ínfimos, usuarios habituales, nuevos... La mayoría se enfrenta a situaciones dramáticas como tener que decidir entre comer o pagar el piso. Ya no dominan los usuarios extranjeros y mayores, como hace unos años. En la actualidad son tanto españoles como de fuera. Entre estos últimos figuran los que carecen de documentación, no pueden acceder a cualquier empleo y han perdido el que tenían.

Los jueves, Vida Digna tiene un programa de alimentación específico para personas sin techo. «Tenemos que hacerlo así porque no disponen de frigoríficos y cocina y les damos otro tipo comida como conservas, galletas, bocadillos, frutas... También les ofrecemos ropa, en este momento, de abrigo y oscura para que aguante más, así como calzado cómodo», explica Misa.

Al margen de lo anterior, la organización sigue con el comedor social de fin de semana, aunque debido a la pandemia se ve obligada a distribuir la comida en táper. Cada sábado y domingo reparte una media de 230 comidas, que se suman a las bolsas de lunes, miércoles y viernes.

También en Cáritas ven día a día como aumenta la demanda de ayuda, tanto en la diocesana como en las parroquiales, lo que ha obligado a destinar más fondos. «Damos vales y tarjetas con las que pueden ir a los supermercados con los que tenemos convenio, y en las parroquias dan vales y bolsas de alimentos», comenta el director de Cáritas Diocesana de Tui-Vigo, Gonzalo Dávila. «Tenemos personas nuevas y muchas que habían estabilizado su situación y que ahora vuelven, se han quedado sin trabajo y tienen que comer y pagar el alquiler. Creemos que aún será peor cuando pasen las Navidades, empiecen a cerrar empresas y se acaben los ERTE», apunta.

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La tendencia en los comedores sociales de Vigo y otros municipios del área es la misma: aumento de usuarios nuevos que se suman a los habituales. Lo detectan en el de la Esperanza, en el Casco Vello, y en el de la Misión del Silencio, en el centro de Vigo.

«Lo que apreciamos es que han cambiado los usuarios, son diferentes los que vienen ahora, no solo personas marginales, que también, sino otras que trabajaban en la economía sumergida y que se han quedado sin empleo, también familias enteras», indica la hermana Guadalupe, quien conoce muy bien la situación de las personas que acuden. En la actualidad el servicio de comedor se ha sustituido por los táper debido a la pandemia. Este cambio ha afectado a todos los comedores sociales, que se ven incapaces de garantizar la distancia de seguridad si quieren atender a tantos usuarios. Las colas o concentraciones a la hora de la recogida de alimentos son inevitables, pese al mal efecto que producen, según comentan en el comedor de la Esperanza.