«La plaza de América está mejor que antes»

Silverio Rivas, autor de la escultura que preside la monumental glorieta de las celebraciones del Real Club Celta, expone en la Casa das Artes de Vigo una muestra que ofrece un paseo sensorial por su obra


vigo / la voz

Además de uno de los más destacados escultores gallegos contemporáneos, Silverio Rivas (Ponteareas, 1942) es un artista a pie de calle buscando siempre el equilibrio. Quizás haya ciudadanos que no conozcan el nombre del autor ni que suyas son dos de las obras más representativas que forman parte del paisaje urbano vigués: la Porta do Atlántico, que da carácter a la praza de América, y la ubicada entre el monte O Castro y el Concello de Vigo, dedicada al 200 aniversario de la ciudad.

La primera de ellas cumplió 29 años con un lifting que terminó siendo resultón. O, al menos, eso piensa su padre: «La remodelación de la Plaza de América es una buena intervención, no desvirtúa el sentido conceptual de la obra porque sigue siendo una puerta navegable como cuando se creó en el 1991». El artista admite que toda intervención radical genera preocupación y dudas, «pero visto el resultado final puedo decir que la nueva remodelación mejoró el resultado anterior. Por otra parte, los ciudadanos, al poder aproximarse a la obra una vez convertida en peatonal la rotonda, pueden descubrir aspectos que la distancia les impedía observar y me atrevería a decir que pueden percibir la energía que desprende».

Rivas añade que quedan asuntos por resolver como la iluminación, el nivel del agua en la base de la escultura o el exceso de ruido que generan los surtidores, «pero espero que una vez vueltos a la nueva normalidad, podamos resolver estos problemas».

Lo que no le gusta es que se aplique la palabra tunear para explicar los cambios que dan nueva imagen a esa plaza. «Mejor usar esos términos para hablar de las estructuras metálicas de Gran Vía o el proyecto de túnel de Porta do Sol. Por mi profesión de escultor estoy muy sensibilizado sobre la configuración del espacio urbano y su utilización. Y por esa razón, el túnel con salida y entrada en la calle Elduayen me parece un atentado. El impacto visual va a ser difícilmente soportable», argumenta.

Silverio Rivas asegura que cuanto más grande es la escala de una obra, más dificultades presenta su realización, y eso es un estimulo para el escultor, «una obra que no ofrezca dificultades en su realización tiene escaso interés para mí», reconoce.

Pero hay mucho más detrás del escultor monumental y ahora es buen momento para descubrirlo. La exposición Mente Materia, que está en la planta baja de la Casa das Artes, ha sido prorrogada hasta el 17 de enero. La muestra comisariada por Javier Pérez Buján es un sorprendente paseo por algunas de las piezas más significativas de su carrera.

Sin embargo, Rivas opina que para tener una idea bien conformada de su trabajo sería necesario reunir en un mismo espacio tres exposiciones singulares de los últimos 15 años, con propuestas radicalmente diferentes: «La que abarcó un período más extenso fue la antológica en el Centro Cultural Caixanova en el 2005. La segunda es Mutación inducida, en la Fundación Laxeiro en el 2016, y la tercera, la actual. Con las tres tendríamos una cartografía perfecta del conjunto de mi obra», asegura. Pero no da importancia a este hecho. «Teníamos claro que no sería una antológica. Perseguía una intervención del espacio no con prioridad cronológica, sino un diálogo de formas volúmenes, colores, texturas y sombras como árboles en un bosque que buscan la luz».

Piezas que marcan el camino

El escultor piensa que ser conocido por la obra monumental no supone un impedimento para conocer la de pequeño formato que está en instituciones, colecciones particulares o museos. «De hecho, tengo la sensación de que mucha gente me conoce más por las obras articuladas de cerámica, bronce o madera que por las monumentales». Todas las de pequeño formato son eslabones para un proyecto a gran escala. «Lo fundamental para un escultor es poder intervenir el espacio abierto», afirma. En la muestra en la Casa das Artes hay piezas que estaban en su taller de Paramos (Tui) en la que reside con su mujer, Odile. Pero hay obras que fueron creadas para este espacio: Ayous o Barca solar, de maderas ensambladas, e Iridiscencias ramosas, de madera policromada. El autor dice que lo importante de una obra es comprobar cómo resiste el paso del tiempo y cree que Ayous «reúne las condiciones para considerarla una buena obra». La otra escultura que comparte espacio con ella junto a la titulada Fósil en la sala principal es Sin Título. Mármol de Macael, «la empecé hace años y la acabé meses antes de iniciar el montaje», revela. Tras una operación de coronarias con cuádruple baipás, cuenta que en el taller sigue con la vida de siempre pese al coronavirus: «Acumulo fuerzas, hago caminatas, dialogo con la naturaleza y consulto con las esculturas que me rodean cuál es el camino a seguir», asegura.

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