La terapia del ictus amplía fronteras

El tratamiento del infarto cerebral ya no está limitado a unas pocas horas


Vigo / la voz

«Va un código ictus». Esta frase ha cambiado por completo la atención al infarto cerebral en Vigo. Empezó a pronunciarse a finales de octubre del 2015, poco después de la apertura del Hospital Álvaro Cunqueiro. En aquel momento se creó la unidad de ictus, un espacio de seis camas donde se atiende a todas las personas que sufren un accidente cerebrovascular, que se produce cuando un trombo tapona una arteria del cerebro e impide que la sangre circule. Desde entonces han ingresado a 3.500 personas con esta patología. Cada año son unas pocas más y si la tendencia que se llevaba a 15 de octubre (con 700 enfermos) se mantiene, volverán a acabar por encima de 800.

Pero no solo se trata del espacio físico. La creación de la unidad llevó aparejada la activación del código ictus, para que la ambulancia que recoge a un paciente o bien el profesional que lo atiende en urgencias avise a los neurólogos lo antes posible. Porque en cuanto se activa el código ictus comienza una carrera contra el reloj que tiene el objetivo de salvar el cerebro. Por ello, ahora hay un neurólogo en urgencias en menos de cinco minutos desde que se activa el código.

Desde la creación de la unidad el tratamiento del ictus se ha venido ampliando. Básicamente, existen dos tipos de terapia: la administración un medicamento que deshace el coágulo o bien la introducción de un catéter que desde la ingle para capturarlo. Son tratamientos con muchos riesgos, que tienen unas pautas muy estrictas de aplicación. Pero las fronteras se han ido ampliando en estos años.

Antes, para recibir ese medicamento, conocido como fibrinolisis, solo podían haber transcurrido cuatro horas y media desde que había aparecido el infarto cerebral. «Ahora se puede llegar hasta nueve horas», dice Joaquín Sánchez Herrero, coordinador de la unidad junto a José Luis Maciñeiras. Gracias a eso, se trata a más gente. Así de simple. Pero para llegar a ese punto se ha tenido que demostrar que la terapia es eficaz y que no provoca más daños que beneficios. Porque el tratamiento, recuerda el neurólogo, no es inocuo: puede provocar sangrados en la zona donde se produce la isquemia. El año pasado fibrinolizaron a 154 personas, un 20 % más que el anterior. Si pueden, ya empiezan a tratar al paciente cuando está en el tac.

No siempre se llega a tiempo a la fibrinolisis, que es el primer tratamiento recomendado. El siguiente paso es la trombectomía mecánica. Antes estaba limitada por la edad (80 años) y por el tiempo (6 horas desde el ictus). «Ahora la edad no es un criterio de exclusión en sí, se valora cada caso, pero podemos llegar a los 90», dice el neurorradiólogo Óscar Vila. Y en cuanto al tiempo, hacen la trombectomía hasta en 24 horas. No quiere decir que en todos los casos se pueda dejar transcurrir un día, sino que, si se hace una resonancia o un tac de imagen avanzada, se puede predecir cuánto cerebro se puede salvar con un tratamiento agresivo. En los casos en los que lo ven posible, van a por todas. El año pasado hicieron 154 trombectomías y este mes ya han superado esa cifra.

Ahora bien, las fronteras de lo posible se han ido diluyendo, pero los límites de lo recomendable siguen siendo los mismos. «El tiempo es cerebro», no se cansa de repetir el jefe de servicio de neurología, Jesús Romero. Y eso significa cuanto antes se trate, más posibilidades hay de que no queden secuelas o de que el paciente no fallezca.

A esos dos tratamientos, el farmacológico y el mecánico se añade un tercero: la propia unidad de ictus. No todos los pacientes llegan a tiempo para que abordar el infarto cerebral de la manera más deseable. Todavía hay muchos que llegan al hospital sin que se sepa cuándo ha sucedido el accidente o que no cumplen los criterios (por edad, por otras enfermedades) de recibir estos tratamientos. Pero estos pacientes se benefician también de la unidad de ictus, que es una unidad de cuidados intermedios (a caballo entre la planta y la uci), en la que se hace una vigilancia estricta del paciente con monitorización y con más personal de enfermería.

«Nuestro objetivo claro es seguir disminuyendo los tiempos de atención»

No ha sido fácil que Vigo dispusiera de una unidad de ictus. Los neurólogos la reclamaron durante diez años y llegaron a presentar hasta siete proyectos sucesivamente. Ahora que esta unidad ya tiene una trayectoria, estos especialistas en el sistema nervioso y el cerero constatan lo que ya sabían de antemano: la atención a esta enfermedad ha mejorado.

Pero todavía se puede mejorar. «Nuestro objetivo claro es seguir disminuyendo los tiempos de atención», dice Romero, que cree que la unidad, de seis camas, debería ampliarse en otras dos, porque para la trombectomía atienden a pacientes de todo el sur de Galicia.

En las tardes y en los fines de semana no hay neurorradiólogos. Son un equipo de cuatro personas, con una de guardia. Cuando hay un aviso tienen que llegar al hospital y poner todo en marcha. «Si conseguimos ahorrar quince minutos de enfermería, en diez años ahorraríamos un millón y medio de euros en gastos de la dependencia», comenta Vila.

Muchos dejaron de acudir por miedo al coronavirus

El jefe de neurología alerta sobre el efecto covid: «En cada mes del primer estado de alarma atendimos 20 pacientes menos de media que en los mismos meses del año anterior». Jesús Romero explica que mucha gente tenía miedo a contagiarse y entonces no iba al hospital. Fue algo que notaron muchas especialidades. Las urgencias se desplomaron. En algunos hospitales de España, este último marzo hubo la mitad de códigos ictus que el del 2019. En el Cunqueiro dejaron de acudir, sobre todo, los ictus más leves. «Llamamos a la gente a seguir viniendo», pide.

Porque no se trata solo de ese accidente cerebrovascular. «Es que tiene más riesgo de que un déficit transitorio se convierta en otra cosa y acabe teniendo un ictus más grave más adelante», completa Herrero.

Hay síntomas sobradamente conocidos. Son las 3 F, en gallego: fala, faciana e forza. No se pronuncia bien, un lado de la cara está descompensado y se pierde fuerza en los brazos. Los neurólogos recuerdan que el hospital es seguro y que hay circuitos específicos que evitan contagiarse.

Este año, la Sociedad Española de Neurología advirtió que uno de cada cuatro adultos de más de 25 años va a sufrir un ictus a lo largo de su vida. Y se trata de la segunda causa de muerte en España (la primera entre las mujeres). El 15 % fallecen y el 30 % quedan en situación de dependencia funcional.

Herrero, nuevo jefe de neurología

El servicio de neurología del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo vive días de transición. Jesús Romero pone fin a una larga trayectoria profesional y se jubila. Deja el legado (entre otros) de haber puesto en marcha la unidad de ictus y satisfecho con «el esfuerzo de muchísima gente que ha contribuido a esto: celadores, auxiliares, enfermeras, urgencias anestesia, neurología, neurorradiología...», enumera.

El relevo de Romero lo toma Joaquín Sánchez Herrero, uno de los veteranos. El ictus supone cerca de la mitad de los ingresos de neurología. Pero esta es una especialidad variada en casuística y compleja, con muchos retos para el nuevo jefe.

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