Personalidad forjada a base de arbitraje

La colegiada viguesa lleva arbitrando baloncesto desde los 21 años y es internacional en silla


vigo / la voz

Un camino que comenzó jugando al baloncesto en el colegio a los seis años ha conducido a Patricia Díez (Vigo, 1984) a ser árbitro internacional de baloncesto en silla, aparte de dirigir duelos de baloncesto convencional a nivel autonómico. Entre medias, también ha sido entrenadora, pero su dedicación actual al arbitraje deja claro con cuál de las facetas se queda.

Díez comenzó a jugar en el San José de la Guía por una amiga un año mayor que también lo practicaba. Años más tarde, a los 21 y por otra amiga, se enteró de que un colegio de Vigo buscaba árbitros. «Le preguntaron si conocía a alguien que quisiera arbitrar y realmente fue como mucha gente, por dinero», recuerda. Pero enseguida la cosa fue mucho más allá. «Fui, probé, estuve un año con los niños de ese colegio, luego me federé y arbitré algunos campeonatos de selecciones que se hacían en Galicia. Te van viendo y vas ascendiendo», sintetiza.

El primer contacto con el silbato fue a los 21 años y, paralelamente, hizo el curso de entrenadora. «Durante un tiempo, entrenaba a niños en el colegio, arbitraba y jugaba. Todo básquet», dice. Hasta que, estando en autonómica, dejó de jugar. «No me apetecía seguir en una liga zonal, prefería seguir arbitrando en una categoría superior y por eso me cambié», recuerda. Luego dejaría también los banquillos para centrarse en la faceta de árbitro.

Díez argumenta que como colegiada tenía -y ha explotado-un margen de evolución que no encontraba ya como baloncestista. «Como jugadora, llega un momento en que estás en una categoría y no vas a llegar a más. En el arbitraje, nunca se sabe», razona. Además, considera que le ha resultado clave para madurar. «Tener que decidir en milésimas de segundo una situación que puede marcar un partido, una Copa del Rey, con un pabellón a tope, los jugadores a tope y que tengas que poner el toque en frío te hace evolucionar como persona continuamente. El arbitraje me ayudó mucho en eso», agradece.

El paso al baloncesto en silla lo dio gracias a su compañero Jorge González Marqués. «Me hablaba mucho de él y me llamó la atención probar nuevos retos, comprobar que es más difícil, requiere estar aún más concentrada y evolucionar de otra forma», detalla. Además, le ha permitido conocer gente y lugares, aparte, insiste, de «aprender a tomar decisiones en un momento en que todo el mundo está aceleradísimo y tú también, pero tienes que ser fría». Cuenta que eso es algo que le motiva especialmente.

Uno de sus grandes orgullos es que le propusieran examinarse para ser árbitro internacional en silla y haber superado la prueba, «una gozada». No es el único. «Esa misma temporada, el año pasado, fui premiada en la gala de la final 4 de baloncesto en silla como mejor árbitro de España. Que te reconozcan los equipos es una gran satisfacción», expresa.

La sensación de Patricia en base a sus experiencias es que la figura del árbitro goza en baloncesto de «un respeto diferente» a otros deportes como puede ser el fútbol. «En su caso, como está tan a pie de calle, parece que todo el mundo sabe y se toma el derecho de opinar de cualquier cosa», señala. En su caso, recuerda que cuando España ganó el mundial «parecía que todo el mundo sabía y protestaban algo más», pero fue algo pasajero.

Además, diferencia entre el ámbito profesional en el que se mueve en el baloncesto en silla y el resto. «Son jugadores que compiten en juegos paralímpicos y mundiales y el respeto no es el mismo que el de los padres cuando arbitras niños en un colegio», compara. Como mujer, se siente igual de respetada que sus compañeros. «No he tenido ningún problema. He trabajado lo mismo para conseguir lo mismo y no creo que ser mujer haya influido en nada», comenta. Solo una vez expulsó a una persona de una pabellón por un comentario sexista a una compañera, pero no pasa de un hecho completamente aislado.

Sus rutinas incluyen gimnasio a diario y un análisis profundo de los partidos que arbitra para detectar dónde ha podido equivocarse. «Soy muy autocrítica y autoexigente, muchísimo», revela. Una de las características que considera importantes para destacar en el arbitraje. «Lo primero que necesitas es conocer bien las reglas para luego estar 100 % segura de tus decisiones. Y después, intento ser lo más empática posible», algo a lo que ayuda haber sido jugadora. «Entiendo que el jugador puede no estar de acuerdo con lo que sanciono, que podemos tener una conversación, lo explico y normalmente lo entienden».

Lo que menos le gusta es cuando se culpa al árbitro de la derrota, aunque pasa poco. «El entrenador y los jugadores trabajan para ganar y yo, para estar fresca mentalmente y hacerlo lo mejor posible. No soy yo quien no encesta», recuerda. Aunque aclara que tampoco se lo achacan con frecuencia.

personal

Nacida en Vigo en 1984, jugó al baloncesto en el San José de la Guía y A Eirexa de Nigrán.

trayectoria Árbitro desde los 21 años, en el 2019 se convirtió en internacional en baloncesto en silla. Lo compagina con su trabajo en una empresa que lleva la atención al cliente en un banco y se organiza con esfuerzo pero sin problemas.

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