«Las setas son todas comestibles la primera vez, la segunda ya no se sabe»

El descubridor de la 'Amanita porrinensis' logra la mayor hemeroteca micológica de Galicia


vigo / la voz

Mantuvo casi en secreto una joya para los aficionados a las setas: la mayor hemeroteca de actividades micológicas de Galicia de las últimas seis décadas. Jaime Diz Tato lo desvela ahora como si tal cosa. «Tienen que informatizar todo. No lo había hecho público. Solo se lo había comentado al Grupo Micolóxico Galego Luis Freire, que hace trámites para ver si la Xunta o alguien lo recoge», comenta.

Sus cientos de artículos guardados celosamente en treinta o cuarenta carpetas dejan al descubierto detalles tan curiosos como que en ese tiempo, de los 313 concellos de Galicia, solo en el 17 % no aparecen alusiones a la realización de algún tipo de actividad micológica.

Empezó su afición en 1978 en el grupo micológico de O Porriño, su localidad natal y en la que reside. El único contacto anterior con las setas había sido en 1961 con motivo de un cursillo desarrollado en Vigo. Le gustó y al año siguiente repitió. Entonces trabajaba en el laboratorio de química de Citroën. Después siguió creando afición con sus amigos del Círculo Recreativo de O Porriño y ya no paró.

Desde entonces, las setas que han pasado por sus manos son incontables, «miles». Le gusta, sobre todo, la labor divulgativa. «Algunos las cogen para comer, nosotros para comer y estudiarlas. No soy micófago, soy micólogo. Si cojo dos cestas no le doy importancia, se la doy si hay alguna interesante», apunta.

Precisamente uno de esos momentos más interesantes tuvo lugar cuando descubrió una seta no reconocida hasta entonces. «Fue un momento emocionante descubrir la Amanita porrinensis y también cuando encontré la Amanita caesarea».

Sobre la primera asegura que cuando la encontró en el entorno del monte A Madroa no sabía de qué se trataba y contactó con los expertos Marisa Castro y Luis Freire (ya fallecido), quienes la estudiaron y la identificaron en la Universidad de Vigo.

«Abunda muy poco; antes iba a ese sitio y unas veces había y otras, no; depende de las condiciones; además hace tres años ya habían construido una casa cerca», explica. Aconseja que es mejor no probarla, porque tiene faloidina, una sustancia tóxica, aunque en menor cantidad que la Amanita phalloides.

Identificar la Amanita caesarea fue para él una gran satisfacción, teniendo en cuenta que hasta entonces se creía que no había en Galicia, excepto en zonas como O Caurel, por ser terrenos ácidos y necesitarlos calcáreos. Apareció igualmente en la zona de A Madroa. «Me la trajo al laboratorio un compañero, Pepe Esperón, la vi en libros y me extrañó. Se la llevé a Carlos Valencia, del Centro Forestal de Lourizán, y quedó con los ojos abiertos, porque, aunque se lo había comentado por teléfono, pensaba que no podía ser», comenta.

Un problema de espalda le impide en la actualidad recoger setas en el monte, pero sigue en contacto con ellas, acude a exposiciones y se las llevan a casa para que ayude a identificarlas. «Hace quince días vino un compañero y me trajo una cestita con Cantharellus, que me gustan mucho; hice un revuelto y las probó por primera vez mi nieto. Y sigue vivo», bromea.

Y es que sus 82 años y haber pasado el covid en la primera ola, «aunque sin síntoma ninguno», no le han restado sentido del humor ni le impiden seguir con su afición, aunque de otra manera.

Cuando se le pregunta por las setas comestibles, de nuevo sale a relucir su sentido del humor: «Las setas son todas comestibles, por lo menos la primera vez, la segunda ya no se sabe». Bromas aparte, recomienda salir siempre al monte con un experto en el tema o llevárselas a una persona para que las reconozca.

«Va a llegar un momento en que desaparezcan, ya se cogen muchas menos que antes»

Jaime Diz se convierte en docente a la hora de explicar el medio en el que se puede encontrar cada seta. «El níscalo aparece en pinares, no hay que ir a buscarlo a carballeiras, prados o eucaliptos. Los Boletus, los que más se pagan, se hallan bajo los castaños, carballos y, en menor medida, en pinos, y la zarrota se da al final o durante la vendimia, al lado de las viñas». Él buscó setas por toda Galicia y participó en numerosas exposiciones. «Eran muy artísticas, recibimos muchos premios en semanas micológicas. Los domingos micológicos en el Circulo Recreativo de O Porriño eran emocionantes por la cantidad de gente que acudía».

Sobre el bum de los últimos años y en la actualidad con el covid, que ha convertido el monte en casi una atracción, advierte: «Mi teoría es que llegará un momento en que las setas desaparezcan, en la actualidad ya se cogen muchas menos que antes. No digo que sea ahora mismo, pero a lo mejor, dentro de muchos años». La explicación a su teoría es que las setas, para reproducirse, tienen que echar millones de esporas, si todos los años la gente va al monte y coge kilos, son millones de esporas que no caen. A lo anterior suma el hecho de que cada vez haya menos arbolado y más construcciones.

Ahora espera con ilusión la 38 Semana Micolóxica Galega, que será en formato digital del 16 al 20. Su afición y humor es tal que le gustaría que su epitafio fuera algo así como «marchó a buscar cogumelos al monte». Ese interés no ha pasado, sin embargo, a sus descendientes, cinco hijos y tres nietos. «De todos los del grupo de O Porriño solo en una familia se sigue la tradición, los demás saben, buscan y comen, pero no profundizan», dice.

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