«Hemos dejado de abrir los fines de semana porque no nos compensa»

Hosteleros del Casco Vello y Churruca cierran y protagonizan una cacerolada como protesta por las medidas improvisadas de las autoridades para este puente


vigo / la voz

Hosteleros del Casco Vello y Churruca protagonizaron ayer por la tarde una cacerolada de protesta por las medidas «improvisadas» adoptadas por la Xunta de Galicia a las doce de la mañana, tres horas antes de su aplicación. La presidenta de los hosteleros del Casco Vello, Itos Domínguez, señaló: «Estamos en contra de las formas, han decidido cerrar de repente cuando los hosteleros habían comprado la mercancía para todo el fin de semana». La consecuencia de todo es que «se están anulando mesas para hoy y también reservas para el domingo, donde había gente que había quedado para tomar un cocido». Hay establecimientos que han perdido hasta la mitad de las reservas, aproximadamente.

Cristina García, dueña del bar La Mina, en el Casco Vello, asegura que «es una criminalización total de la hostelería desde el principio, cuando está demostrado que los repuntes se producen sobre todo por reuniones familiares». «Lo único que hace es propiciar que la gente se quede en su casa. Nos estamos hundiendo y no nos da soluciones», añade. García denunia que no se está produciendo ningún apoyo al sector.

Antonio Lago, propietario de La Cartelería, un bar restaurante de la calle Velázquez Moreno señalaba ayer que «hemos dejado de abrir los fines de semana porque no nos compensa». Los gastos que tiene de personal y luz no le merecen la pena así que ha pasado de tener cinco empleados a contar solo con dos. Y estos tienen una rebaja de horas y de sueldo. Lago invirtió 80.000 euros en el establecimiento. «Antes de pandemia íbamos como un tiro. Dábamos treinta menús cada día y ahora apenas llegamos a cuatro», dice Lago. Uno de los comensales de ayer era precisamente un médico que tiene que echar muchas horas de trabajo y que se queja de que la atención primaria «está abandonada». Otras dos comensales degustaban a medias un plato de chipirones y aseguraban que comían en la calle porque les había cuadrado así, pero que ahora no suelen salir apenas.

Sector hotelero

Al sector hotelero de Vigo, el cierre inmediato de la ciudad y de las otras localidades gallegas les ha pillado por sorpresa, sobre todo, por el escaso margen de tiempo que se le ha dado para asimilar la medida y poder actuar en consecuencia.

«Este es un fin de semana perdido para los hoteles, no hemos podido prepararnos y contábamos con algo de movimiento», indicaba ayer César Sánchez Ballesteros, presidente de la Asociación de Empresarios de Hospedaje de la Provincia, Asehospo.

En cuanto la Xunta anunció el cierre perimetral, las consultas en el sector eran continuas para saber lo que podían hacer y lo que no, pedir sugerencias y cambiar impresiones con los colegas. «Han sido todo cancelaciones, quedamos prácticamente a cero, vacíos, y no ha sido posible tramitar ERTE al personal por falta de tiempo», añade. Algunos hoteles estudian la posibilidad de trabajar con una especie de servicios mínimos. Si un establecimiento tiene solo dos o tres habitaciones ocupadas y su capacidad es para setenta se ve incapaz de sostener la estructura habitual de funcionamiento.

 Horario limitado

Entre las opciones que contemplan figura la de desviar a los escasos clientes a otro hotel o dejar a una persona en recepción con horario limitado. «Todo el mundo está en el chat solicitando información para agilizar y minimizar los costes», apunta Ballesteros. En cualquier caso, la ocupación ya era muy baja debido al cierre de otras comunidades autónomas limítrofes y Portugal.

Jaime Pereira, presidente de la Asociación de Hoteles de Vigo, Ahosvi, cifra en torno a un 10 % el nivel de ocupación. «No podemos cerrar el hotel y dejar a la gente que tiene reserva fuera, hay personas que viajan por motivos legales, como los árbitros que vienen a dirigir el partido del Celta. Aún hay gente que tiene reserva y no sabemos si vendrá o no», comentaba ayer.

Lo que no oculta el sector es que, en vista del panorama, el final de año también se presenta muy cuesta arriba con una campaña de Navidad en el alero. El propio Ayuntamiento ha tenido que rebajar las expecttivas.

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