Cierra El Contrabajo, primera víctima de la situación de los bares de conciertos

«No podemos aguantar más así», reconoce el responsable del local vigués


vigo / la voz

El covid-19 sigue afectando a sectores como la hostelería y pegando fuerte a subsectores como el de los bares con música en directo. Desde el 17 de agosto, en Galicia no está permitido que abran las discotecas, bares de copas o pubs con y sin actuaciones musicales. El sector del ocio cultural nocturno ha expresado desde entonces su malestar por estas medidas que están asfixiando su economía.

El Contrabajo llevaba 14 años manteniendo alto el pabellón de la música en directo en Vigo. El año pasado, Rafa Chao, su titular en los últimos seis, anunció que lo dejaba por agotamiento y razones familiares que le impedían compaginarlo, y añadía que lo cerraría si no encontraba alguien a quien pasar el testigo que estuviera a su nivel y siguiera la misma línea, con conciertos. Por fortuna, esa persona apareció. Se llama Pablo Lorenzo y tomó las riendas en junio del 2019. Ahora, sin embargo, es él el que anuncia que se va. Y la pandemia y las normas de la Administración para contenerla son las causantes de su marcha.

Lorenzo lo ha pensado mucho pero ha tomado la decisión de rescindir el contrato con el dueño del local y dejarlo definitivamente, «aunque es cierto que hemos acordado que si cuando no haya ninguna restricción por el covid, si no tiene a nadie y quiero volver, podré hacerlo», afirma. Pero ahora la decisión es dejarlo. Está todo acordado y firmado. A finales de octubre dejo de tener relación con el local», lamenta. Tras grabar allí cuatro conciertos (sin público) para el Xacobeo 21 que tenían apalabrados, será historia.

El ya casi exgerente de El Contrabajo añade que no puede aguantar la situación por más tiempo. «Aunque el dueño del local se portó muy bien y no nos cobró el alquiler durante muchos meses y se lo agradezco, los gastos fijos son más, hay que pagar autónomos, luz, teléfono, etcétera. Un par de meses aún aguantas, pero la incertidumbre en la que estamos y seguimos ahora mismo no nos permite ver más allá y no parece que vaya a solucionarse en breve. Pensar que podemos estar así un año es inviable», reconoce. «Lo curioso es que un restaurante sí puede organizar actuaciones, pero una sala de conciertos no, porque está considerado ocio nocturno».

Pablo Lorenzo argumenta que aunque les dejaran abrir habrá restricciones y ya han comprobado que así tampoco funciona. «En verano abrimos tres semanas y era peor que estar cerrados. Teníamos más pérdidas. Nuestro local es muy pequeño y con las adaptaciones que hicimos para trabajar dentro de la ley, el aforo de 80 se redujo a uno de 30 personas. Es inviable. No daba para pagar costes», cuenta añadiendo que «las salas pequeñas son las que más estamos sufriendo y por desgracia, creo que no vamos a ser los únicos», vaticina. Lorenzo explica que aunque El Contrabajo tiene licencia de bar, lo que les permitiría abrir más temprano, ni quiere ni puede hacerlo. Primero, porque tanto él como su pareja, que llevan el local a medias, tienen otros trabajos diurnos que les impedirían cambiar el horario, y segundo, porque no quiere perder la esencia de un espacio que no es una cafetería sino «una aventura cultural, y no creo que sea la última», avisa y reconoce su mala suerte porque fue febrero, antes del confinamiento, «el primer mes que tuvimos ganancias».

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