Hockey hierba, pasión para toda la vida

Gorka mantiene vive la llama de un deporte que parecía en extinción tras múltiples desapariciones


vigo / la voz

Tiene nombre vasco y nació muy cerca del corazón de Euskadi, pero con un año de vida ya estaba en Vigo y siendo muy niño cogió un palo de hockey en sus manos por primera vez. Y ya nunca dejó de ejercer de vigués ni de enamorado de su deporte. Porque para Gaizka Garay (Ereño, Gernika, 1966), el hockey hierba es una pasión para toda la vida.

Sin su figura es difícil entender a día de hoy la supervivencia de un deporte que comparte con el fútbol medidas del campo y número de jugadores en Vigo. Poco a poco fueron cayendo uno tras otro los equipos que alumbró la ciudad. El Club de Campo, el Ureca, el Vigo.... solo pervive el Atlántico, fundado en 1986 y al que Gorka y un grupo de veteranos le echaron mano cuando las costuras de la entidad comenzaban a descoserse. Hoy, después de un lustro sin equipo sénior, están a punto de dar un paso más al frente pese a la pandemia y sus devastadoras consecuencias para el deporte aficionado.

El idilio de Gorka con su disciplina comenzó entre pupitres. «Estudié en Jesuítas y entonces había hockey en el colegio. Luego, cuando acabé en el instituto, comencé a jugar en equipos de Vigo. En los años 80 había cantidad, tanto de hierba como de sala», recuerda antes de lamentarse. «Hoy solo queda el Atlántico, fundado en el 86».

El superviviente vigués es una obra de Federico Tapias, que mantuvo con vida a la entidad hasta que apareció el relevo. «Yo era uno más en el equipo, sin ninguna preocupación, pero vimos que esto iba a menos, que podía desaparecer y hace unos años comenzamos a promocionar la base, que es lo prioritario». Gorka Garay y su grupo directivo lo tuvieron claro desde el principio: que la semilla del hockey hierba prendiese en Vigo dependía de contar con unos buenos cimientos y a base de esfuerzo pasaron de rozar la cuarentena de practicantes a superar los 70 en menos de un lustro, con un reparto casi equilibrado entre hombres y mujeres.

A mayores, ahora, después de cinco años, volverán a competir con un equipo sénior en la liga gallega de la especialidad que se une a la cadena de conjuntos de formación que cubren la práctica totalidad de las categorías base, en algunos casos con equipos mixtos, una reivindicación que además comenzó en Vigo. En total ya superan el centenar de socios. «Una masa social bonita» para un deporte con el cartel de minoritario con mayúsculas, al menos a orillas del Atlántico.

En su labor para impulsar este deporte Gorka, presidente y chico para todo, enseguida se dio cuenta de que la promoción a través de los carteles y de charlas en los colegios no era efectiva. «Aquí lo que funciona es el boca a boca», especialmente si una entidad tiene claro el objetivo: «Aquí cuidamos mucho que los padres estén contentos y que la actividad no sea muy exigente para las categorías pequeñas».

El próximo reto de un Atlántico con las constantes vitales recuperadas es ampliar sus horas y mejorar la superficie de entrenamiento. En estos momentos el único campo, compartido con el fútbol, es el de As Travesas, pero en Ourense están a punto de levantar el césped del único recinto específico de hockey hierba que existe en Galicia y Gorka ya ha comenzado a mover los hilos para trasladar parte del tapete a Vigo.

«Voy a ver si me dejan algún retal y ya hablé con el concejal por si nos dejan algún cambio de fútbol sala para colocarlo. Aunque sea viejo, a nosotros nos daría mucho juego. Sería como tener un mini campo de hockey para poder entrenar». En la actualidad los más jóvenes lo hacen una hora a la semana y los mayores dos con los colegios do Chouzo y Canicouva para los más pequeños y el Rosais 2 para cadetes y juveniles como centros de operación, además de As Travesas. Y Castrelos para el hockey sala, una modalidad hermana.

Todo para mantener viva la llama de un deporte que Garay Aldecocea define como «muy técnico, muy específico por la complejidad de usar el palo con unas normas muy determinadas, jugarlo te hace tener la sensación de una destreza especial. Es un deporte muy pasional». Tanto, que se atreve a decir que es «para toda la vida». Además, con una evolución técnica, táctica y tecnológica que han importando otras disciplinas como el fútbol.

Por eso aunque su profesión de marino mercante (trabaja específicamente como director técnico de buques cableros y en vehículos sumergibles) y sus obligaciones como padre lo retiraron durante un tiempo del mundo del hockey, terminó volviendo para quedarse. Sin fecha de caducidad y sin ningún ansia de reconocimiento: «A mí no me importa, me llega con la satisfacción de ver que los niños van tirando, que vamos haciendo cositas y con unas cervezas con los padres después del entrenamiento. Con eso ya estoy contento».

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