«La lengua de signos es dibujar en el aire»

Trabajar como intérprete de personas sordas le cambió la vida. Aránzazu Casas ha desarrollado un proyecto para llevar este conocimiento a los colegios y apoyar a niños con dificultades específicas con el lenguaje


vigo / la voz

Nos hemos acostumbrado a verlos en pantalla pequeña, durante las sesiones en el Congreso o el Parlamento. Los intérpretes de lengua de signos son esas personas vestidas de negro que gesticulan mientras sus señorías hacen uso de la palabra en la Cámara de Representantes. Pero a pesar del cambio histórico que ha supuesto esta incorporación, Aránzazu Casas (Vigo, 1980) cree que su profesión sigue siendo una gran desconocida. «Somos un puente de comunicación entre la comunidad oyente y sorda que necesita de esta figura profesional para poder ir a un abogado o un médico pero notamos un gran desconocimiento de nuestra labor por parte de la población oyente. En una ocasión hice un acompañamiento a un médico y el facultativo no entendía si quien tenía síntomas y quien le estaba hablando era la persona sorda, o yo como traductora». Quiere cambiarlo, y ha decidido llevar ese aprendizaje a los colegios mediante su proyecto personal AZ Lengua de Signos.

Aránzazu Casas aprendió lengua de signos cuando estudiaba teatro y tras preguntarse cómo percibirían las personas sordas la cultura. Con los años, y la experiencia, se ha reafirmado en su intención de divulgar esta lengua en la población. «Los traductores nos tenemos que poner frente a la persona sorda, para que entremos en su campo visual y pueda vernos a los dos a la vez, pero a veces hay situaciones incómodas porque los oyentes no entienden nuestra labor. Durante una traducción, una persona oyente me pidió que me sentara más lejos y me apartó la pantalla de su ordenador».

En un momento de furor por el aprendizaje de idiomas, la lengua de signos sigue siendo la gran desconocida. Todo se puede traducir a esta lengua, desde un estruendo, a una canción, y por supuesto un idioma. Aunque pocos saben que no es universal. «La lengua de signos va pareja a la cultura. El signo de comer, por ejemplo, es distinto en un país oriental o en África», explica esta traductora. «Hay gente que sigue pensando que la lengua de signos son letras, y no. Yo puedo deletrear casa, pero también hay un símbolo para casa. Tiene una estructura y una gramática pero es visual. Es como dibujar en el aire».

Su profesión sigue siendo mayoritariamente femenina y está muy vinculada a la empatía y la comunicación. Pero, ¿cómo es el vínculo entre traductor y persona sorda? «Tiene que ser profesional, pero a veces nos llevamos cositas para casa. Intentamos que el vínculo sea profesional para no invadir su espacio, pero somos humanos y hay situaciones, como recibir una mala noticia en una consulta médica, en las que se puede romper esa línea y que la persona sorda te coja la mano o se apoye en ti». Una barrera que a Casas no le gusta traspasar y que hace que se haya quedado con alguna pregunta sin responder. «Recuerdo en una ocasión que estaba con una persona sorda y empezó una tormenta. Él me avisó a mí de que iba a sonar un trueno. No sé qué notó y nunca llegué a preguntárselo por no romper esa barrera profesional en ese momento», explica.

Un silencio que enseña a hablar

Aránzazu Casas tiene una hija de 14 meses a la que le enseña, día a día, el idioma que a ella le ha cambiado la vida. «Con cada cambio de pañal yo ya empecé a moverle las manos. A los seis meses, que es la edad recomendada, empecé a comunicarme con ella en lengua de signos, acompañando la palabra y los gestos. Y a día de hoy, si ella quiere comunicarse conmigo, lo hace mediante gestos. No es un código familiar, es un código basado en la lengua de signos. Por si en algún momento ella se encuentra con un compañero sordo en el parque y decide compartir juegos». Trasladar este conocimiento a su hija le ha obligado a dar muchas explicaciones a quienes creen que esto dificultará el aprendizaje. «La lengua de signos favorece la adquisición de la palabra y del lenguaje verbal. Le das información, conocimiento, y ella tiene más curiosidad por saber qué son las cosas y cómo se llaman. Le estimula».

Casas lleva años trasladando este conocimiento a centros educativos, para mejorar el conocimiento de la lengua pero también para reforzar a los alumnos que tienen dificultades de lenguaje. «Cuando trabajas con los niños en lengua de signos se hacen más empáticos con compañeros que tienen autismo o que hablan en otro idioma». Y tiene ejemplos: «En un cole donde dábamos lengua de signos nos llamó la directora para contarnos que se acababa de incorporar un niño chino y que estaba un poco aislado. Descubrieron que los compañeros que iban a la actividad extraescolar de lengua de signos empezaron a relacionarse más con él porque tenían más recursos de comunicación». Un conocimiento que, como ella explica, es un puente, y no solo entre sordos y oyentes.

 Su canción favorita

«Elephant Gun», de Beirut. «Esta canción me remonta a mis inicios en el mundo de la lengua de signos. Es la melodía que sonaba cuando trabajaba en proyectos y estudiaba. Para mí hay un antes y un después del aprendizaje de la lengua de signos, fue como aprender también otra forma de ver, oír y sentir».

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