El ocio nocturno se vuelve diurno en Vigo

Los bares de la zona de Churruca sobreviven ampliando horarios y adelantando aperturas


vigo / la voz

Hace años que los profesionales de la hostelería de Churruca tratan de que el ocio nocturno al que se les asocia se amplíe a otros tramos horarios y a una diversidad de clientes más amplia. Los pasos dados no eran pocos. Son frecuentes iniciativas colectivas participando en mercadillos de apertura matinal, o individuales haciendo eventos puntuales con actividades familiares donde se podía llevar a los niños. Pero los resultados no terminaban de verse. Ese Churruca con ambiente a la luz del día no pasaba de ser un espejismo pasajero. Las experiencias tuvieron éxito desigual y algunas se dejaron de hacer porque no terminaron de cuajar.

Pero el covid-19 ha conseguido acercarles a ese objetivo, aunque así, porque no queda más remedio y renunciando a lo demás, no era el plan. «La situación que vivimos con la pandemia ha propiciado que nos pongamos todos a lo mismo», reflexiona Marya Lago, del Tinta Negra. Durante el verano, el paisaje de las calles de la zona ha mutado hasta parecerse un poco a otras de la ciudad donde el terraceo está consolidado. La diferencia está en que, en general, los locales de esta área de ocio no son muy grandes y las limitaciones de aforo son un problema ya no solo en el interior, sino que tampoco cuentan con grandes explanadas para expandirse.

Doce horas seguidas

La mayor parte de los locales están abriendo mucho más temprano de lo que solían hacerlo. Entre las 18.30 y las 19.00 horas, ya han levantado las verjas. Muchos, incluso hacen horario los sábados, desde la una del mediodía a la una de la noche, que es la hora límite para el ocio nocturno en este momento. Bares como Tinta Negra, Bizarre, La Casa de Arriba, Batallón, Kominsky, Cantina Candela, Apiramoria, Vitter, Reserva, MonkBlues y Lareca.

Los hosteleros, más que contentos, están resignados. «No es la situación idónea porque la facturación no se acerca ni de lejos a la habitual, pero al menos, este parche nos permite seguir trabajando», argumenta Ana Belén Magdalena, de la sala Kominsky. Tanto ella como la propietaria del Tinta Negra coinciden en que cualquier intento de mejorar esta apuesta, en este momento es inútil por la falta de seguridad. «Es un riesgo. Te pones a ello y a lo mejor en unos días tenemos que volver a cerrar», vaticina. Los profesionales ven la situación muy delicada y hay miedo a invertir. Se refieren, por ejemplo, a la posibilidad de ampliar terrazas, anexarles toldos más amplios y con laterales para poder seguir usándolas cuando llegue el frío. En este momento, estructuras arquitectónicas como los soportales serían un recurso envidiable.

Marya Lago (Tinta Negra): «Vamos a empezar a dar desayunos»

«Nosotros estamos abriendo a diario a las 18.00 horas. Los sábados hacemos horario continuado, desde las 13.00 horas, para el vermú, hasta la 1 de la noche, y estamos pensando hacerlo también los domingos», indica Marya Lago. Una semana antes del confinamiento, sin saber nada de pandemias ni de la que se venía encima, en el Tinta Negra se les había ocurrido dar también desayunos. Por razones obvias no pudo continuar. «A partir de octubre lo retomo y espero que funcione, serán desayunos de lunes a viernes, pero de las 10 de la mañana, reposados, para tomarse algo con música agradable».

Vicente Ferreira (Bizarre): «Como soy cocinero, ahora doy pinchos»

Vicente Ferreiro eligió mal día, el 16 de marzo del 2020, para firmar el traspaso del bar Bizarre, en la calle Irmandiños, 11. La tinta aún no se había secado cuando tuvo que replegarse y ahora trata de recuperar el tiempo perdido. Están abriendo los sábados desde la mañana y entre semana, a partir de las 6 de la tarde. «No abrimos a esa hora por voluntad propia. Estamos intentando subsistir y que nuestros negocios no tengan que cerrar, pero a nivel económico no se parece a lo deseable. Yo, además, como soy cocinero, aprovecho para hacer y ofrecer algún pincho a los clientes», comenta.

Ana Belén Magdalena (sala Kominsky): «Somos más a competir en el mismo horario»

«Queremos hacer del barrio algo cultural y dejar atrás el estigma de barrio supuestamente conflictivo», señala Ana, del Kominsky. Los demás tienen licencia de bar sin música y aunque, al tener varias mesas de terraza no tiene más restricciones que no poder usar el interior. Pero asegura que no compensa: «Desde el 15 de agosto, la diferencia en la facturación es brutal. Sin conciertos, sin ocio nocturno, somos más a competir dentro el mismo horario. La opción es trabajar más horas y ganar menos», constata la hostelera, consciente de que los cambios culturales no se dan en plazos tan cortos.

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