El buen tiempo libra a la hostelería del Casco Vello del cierre masivo

Los empresarios del barrio antiguo han tenido que reducir personal para sobrevivir


vigo / la voz

El buen tiempo, protagonista del verano, permite a la hostelería del Casco Vello capear el temporal sanitario del coronavirus. Las terrazas se han convertido en las protagonistas y hasta los locales más minúsculos tratan de sacar provecho. Los más perjudicados son los situados en espacios tan estrechos como la rúa Real. Aun así, las ganancias se ven reducidas de forma considerable con relación a las de años anteriores.

De momento la asociación que agrupa a los empresarios del barrio antiguo no se atreve a hacer una valoración rigurosa. «No podemos hacer aún una valoración porque hay que esperar cómo va agosto y cómo seguirán los aforos. Se ve mucha gente porque al estar en las terrazas es más visible, pero en los interiores no es lo mismo. Además, el horario de las terrazas es más corto que en el interior y eso también limita», indica la presidenta de la entidad, Ítos Domínguez. Esta circunstancia hace que la mayoría de los establecimientos hayan tenido que reducir el personal y que donde antes había cinco empleados, ahora sean dos o tres, según constata la asociación.

«En este momento no se doblan tantos turnos. Si antes eran cien clientes los que llegaban a cenar, ahora son la mitad. No entra la gente. Y menos mal que no ha llovido, que es lo que nos ha salvado este verano de momento, si no, hubiera sido fatal», apunta Domínguez.

Los hosteleros no paran de mirar al cielo con la esperanza de que este mes se repita la situación del anterior. «Gracias a que en verano vivimos del turismo nacional y eso nos favorece un poco, pero no sabemos lo que pasará en otoño y menos aún, en invierno. Estamos pendientes de un hilo y podría haber muchos cierres en el barrio», apunta la hostelera.

Los empresarios quieren que se controle el botellón para que se cumpla la normativa, tanto municipal como autonómica.

En la actualidad todavía quedan focos y no es extraño ver gente bebiendo alcohol en la calle sin ningún tipo de protección y sin guardar la distancia de seguridad. Entienden que si los locales la tienen que cumplir, con más motivo debe de controlarse que se haga en la vía pública para evitar contagios que perjudiquen al sector.

«Muchos locales pequeños siguen cerrados por miedo y prefieren estar con ERTE»

«La situación de la hostelería depende mucho de la tipología de cada establecimiento; los que tienen terraza están mejor y los que no la tienen, no. En el Casco Vello muchos locales pequeños siguen cerrados y prefieren estar con ERTE por el difícil acceso y por si la situación se complica», explica César Sánchez Ballesteros, presidente de la Federación Provincial de Empresarios de la Hostelería, Feprohos.

Los locales del barrio antiguo de Vigo tienen unas características especiales que los hace más vulnerables que el resto. Salvo los localizados en plazas como la Constitución, Princesa y A Pedra, la mayoría de los que están situados en calles tienen muy pocas dimensiones, lo que impide a los clientes mantener la distancia de seguridad.

Los que tienen terrazas quieren que les amplíen el horario de cierre. «Los sábados es hasta las 2.30 horas y los viernes hasta las 2.00. A veces si llega la policía a un local y tiene gente en la terraza a esa hora les dice que pasen para el interior con el fin de evitar los ruidos, pero dentro tienes que tener menos de la mitad y no es posible », advierte la presidenta de Vigo Vello, Ítos Domínguez.

En su opinión si la gente consume menos ahora no es por prudencia, como muchas veces se dice, sino porque tiene miedo al futuro.

Sobre el hecho de que no se usen las mascarillas en las terrazas, los empresarios del casco antiguo son los primeros interesados en que se cumpla la normativa por el bien del sector. Sin embargo, creen que deben ser los propios clientes los que asuman esa responsabilidad, ya que ellos no pueden actuar de policías.

Las ostreras de A Pedra echan en falta a los cruceristas y las excursiones del Imserso

Las ostreras, o mejor dicho, los ostreros de A Pedra, siguen a la expectativa, igual que lo estaban el 1 de julio, cuando regresaron a sus puestos después del paréntesis de la pandemia. La afluencia de clientes el pasado mes no ha sido, ni mucho menos, como para echar cohetes. «Agosto está siendo algo mejor que julio; pese a llevar tan pocos días, lo vemos con más esperanza. Julio fue la mitad de la mitad que el mismo mes del año pasado. Nunca sabes cómo va a ser, a lo mejor un día viene gente y otro, no. En septiembre y octubre no sabemos qué pasará», comenta Fernando Martínez. De la misma opinión es José Rodríguez, hijo de Isabel Seoane, la única ostrera que queda. «En julio tuvimos bastante menos que el año pasado, ha sido flojo, como en el resto de los negocios. Es todo turismo nacional y se nota mucho la falta de cruceros y las excursiones, incluidas las del Imserso, en general, los grupos grandes», apunta. La gente de fuera, dice, se reparte durante todos los días de la semana, mientras que la de Vigo acude más sábados y domingos. Para hablar de las perspectivas de agosto, cree que es pronto.

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