Un Camino de Santiago como reto post-confinamiento

Aroa Sío, especialista en ultrafondo, corrió desde el puerto del Acevo hasta Compostela


vigo

Como todos los deportistas, la atleta Aroa Sío (Vigo, 1979) vio cómo la pandemia de coronavirus echaba al traste todos sus planes. Y, una vez terminado el confinamiento, decidió buscar una alternativa. «Tenía mi calendario de carreras programadas y nos quedamos sin ellas. Como siempre necesitas motivarte y buscar un objetivo, se me ocurrió hacer el Camino de Santiago Primitivo en cuatro etapas, cada día una maratón corriendo», detalla.

Cuando lo planteó aún no se podía salir de la comunidad autónoma y aunque cuando comenzó (lo hizo de jueves a domingo de la semana pasada) sí, prefirió «no arriesgar». «Empecé en el Puerto del Acebo hasta Santiago. Fueron 170 kilómetros divididos en cuatro etapas, una cada día», detalla. Ella, que ya había hecho en bicicleta el Camino Portugués, se proponía, dice, conocer mejor su tierra, disfrutar y «meter un volumen bueno a las piernas» que le ayude a afrontar los objetivos que se marque desde septiembre, cuando espera que vuelvan las competiciones.

Todo salió según lo previsto, aunque tampoco lo había programado al milímetro. «Soy alocada, me gusta ir sobre la marcha, planificar, pero tampoco demasiado», comenta. Se iba citando en diferentes puntos con su marido, al que veía un par de veces al día. Él se encargaba de llevarle agua o lo que fuera necesitando, además de comprobar que todo iba bien.

Disfrutó mucho del recorrido tanto en lo paisajístico como en lo deportivo. «El recorrido era precioso, pasando por pueblecitos. Y me gustaba el desnivel, las salidas que las haces andando y las bajadas en las que te dejas llevar y vas sola», indica. También fue sola en cuanto a los pocos peregrinos que se encontró. «En el Camino Primitivo, ni uno solo, y cuando se unifica con el portugués, cuatro parejas, pero separadas entre ellas por kilómetros», relata. En los albergues le decían que era la primera que aparecía tras el confinamiento. «Me encontré a operarios de la Xunta desbrozando los caminos y demás. Pero cuando los adelanté corriendo había zonas sin limpiar, mojones tapados que tenía que buscar para no perderme. Tuve casi que abrir camino».

Hasta ahora había hecho un volumen de un máximo de 130 kilómetros. «Ahora eran 170, así que fui precavida, siempre al mismo ritmo sin entrar en fatiga. Y aprovechando para ordenarme mentalmente. Lo recomiendo a todo el mundo».

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