El cierre de locales nocturnos atomiza el botellón y dispara las quejas de ruido

Las terrazas, en las parroquias, se llenan hasta la madrugada y generan más quejas


vigo / la voz

El trajín actual de bolsas de supermercado, hielos, vasos de tubo y espirituosos no dista mucho del de otros meses de junio. Ayer, a pocas horas de la noche de San Juan, fue otro ejemplo. Pasó igualmente en los dos últimos fines de semana. El botellón floreció coincidiendo con la desescalada para generar una nueva realidad, más que una nueva normalidad. La nueva cepa plantea un esquema totalmente atomizado en la mayor ciudad de Galicia, sirviendo cualquier calle, portal, esquina, mirador o zona verde de improvisada barra. «El gran problema es que ahora los locales de ocio nocturno están cerrados y la gente se queda en la calle. Antes, se hacía botellón, pero a cierta hora todo el mundo se concentraba en discotecas o pubs», apuntan en la Policía Local.

La nueva realidad implica que la calle se convierta en discoteca. El alcohol hace el resto: voces cada vez más altas a medida que pasan las horas, música de móviles o improvisados coros de grupos cantando al unísono. Basura, botellas de cristal enteras o fraccionadas, necesidades físicas hechas a pie de calle o portal, y, claro está, ruido, mucho ruido. Ocurre en la calle Teixugueiras, O Calvario, detrás del instituto en la calle Hispanidad, O Castro y la zona de la Miñoca. De ahí que las llamadas de vecinos indignados, a lo largo de la madrugadas de los dos últimos fines de semana, fueran a más. «Se quejan del ruido y, claro, al movernos podemos constatar que se da esta situación. El gran problema es que ellos no tienen dónde meterse y nosotros no podemos estar detrás de cada grupo que se sienta en una esquina de la ciudad. Porque, al final, son grupos cerrados, incluso poco numerosos para pasar desapercibidos», explican en la Policía Local de Vigo, que sigue otorgando a la zona de As Avenidas el epicentro de este fenómeno en clave de ciudad.

La fotografía a lo largo y ancho de las parroquias implica notables cambios, tanto de hábitos como de sus consecuencias. «Lo normal, hasta el confinamiento, era que mucha gente de las parroquias bajase al centro a tomar algo hasta primera hora, pero ahora, para evitar aglomeraciones, se quedan en sus zonas y van a los bares más próximos. Hablamos de bares que antes podían cerrar entre las once y medianoche, pero ahora alargan el horario hasta las dos de la madrugada o más. Hasta ahí todo correcto siempre que se mantenga la distancia social y se tomen protecciones por el virus. Pero el problema está llegando igualmente en forma de más denuncias de vecinos», añaden en la Policía Local.

La «nueva realidad» genera demasiado bullicio en zonas acostumbradas a la calma. «Llega hasta la calle Marín o la calle Salvaterra, zonas tradicionalmente tranquilas. Las llamadas llegan cada vez más, este finde semana tuvimos bastantes». Está por ver cómo transcurrió la madrugada de hoy, la primera fiesta de San Xoán tras la pandemia. Ya con vistas al resto de verano, en Vigo, esta nueva realidad podía ser una buena oportunidad para desentrañar el eterno debate de competencias, sobre As Avenidas, que protagonizan desde hace años el Puerto y el Concello.

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