La guerra entre los bomberos y el Concello vigués sigue latente tras 9 meses y medio de huelga

Rechazan las guardias localizables e insisten en que el problema sigue estando en la falta de personal


VIGO / LA VOZ

La desescalada en los parques de bomberos suena a tambores de guerra. Más de dos meses después de iniciarse el confinamiento «ni hay diálogo con la concejala Elena Espinosa ni con la Concejalía de Seguridad Ciudadana ni con la propia jefatura». Lo explica el comité de huelga -los bomberos, al menos sobre el papel, mantienen convocado el parón desde mediados de agosto del 2019- tras una reunión para hacer balance del nuevo escenario. «Estamos nunha situación na que non hai persoal para garantir de ningunha maneira, aínda que sexa impoñendo, as gardas, xa non os servizos mínimos. É dicir, que entren bombeiros a traballar literalmente nos parques», concreta el delegado sindical Miguel Ucles.

Una de las alternativas que manejaría el Concello pasa por la implantación de guardas localizables. «Propoñen alternativas utópicas que non solucionan o problema, acaso queren que coa plantilla actual -unos 80 efectivos disponibles entre Teis y Balaídos- fagamos todo o servizo de verán». El problema, añaden en el comité de huelga, es que tampoco se sabe cuánta gente hará falta al desconocerse todavía qué tareas concretas se retoman tras el confinamiento: revisión de fachadas, limpiezas viales o asistencia a personas en residencia.

«Teñen que aclaralo, eles deciden se queren seguir nesta dinámica de servizos esenciais, que precisan un número concreto de efectivos.Se queren retomar todas as tarefas que suprimiron, implica un número diferente de compañeiros», añade Ricardo Pérez, también bombero e igualmente integrante del comité de huelga. Otro contrasentido que la plantilla observa atentamente incluye la preparación, en las instalaciones oficiales, de los equipos de velutina, cuando esa fue una de las labores prohibidas por el decreto que restaba competencias a los bomberos en prevención del covid-19.

El gran problema, para los trabajadores, es que, argumentan, no pueden hacer más concesiones. Recuerdan que llevan casi dos años trabajando con un decreto que suprime las libranzas. Ya judicialmente derivó en un sentencia que lo tacha de esclavista y obliga a replantearse de principio a fin. Pero el recurso judicial del Concello no se conoce todavía y, mientras, la plantilla sigue atrapada en un ambiente laboral precario.

«Por iso tampouco está nas nosas mans facer propostas construtivas. Non temos xente e a que temos está saturada, a única solución é que amplíen a plantilla. Non pedimos subida de soldos, pedimos simplemente máis compañeiros», añaden ambos profesionales, también involucrados e igual de activos en el contexto sindical. Lo único seguro es que no hay ratio legislado, sí una recomendación de la Comunidad Europea de un bombero por cada 1.000 habitantes, que se cumple de manera genérica. La única referencia válida en Vigo es el plan de emergencias municipal, que indica que tienen ser 20 bomberos más el jefe de servicio de guardia a diario. «En eso se basaron para imponer los servicios mínimos en el decreto. Con la plantilla que tenemos, que debería llegar a 149 bomberos, se cumpliría perfectamente».

La realidad, añade Ucles, es que estamos acuartelados, en una situación de colapso en la que resulta imposible ni tener casi bomberos en el parque. Seguimos con plazas pendientes de aprobar y nos vemos empezando el verano sin capacidad. Se nos quiere obligar a activarnos desde nuestras casas con tiempos de respuesta y capacidad de intervención altísimos. Eso lo único que supone es un peligro inminente».

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