César Blanco, el bebé que nació con una empresa bajo el brazo

La firma de textil infantil, fundada en 1998, arrancó el mismo año que nació el hijo de los dueños Marta Lorenzo y Jorge Blanco. Hoy presumen de sello hecho en Galicia y exportan ya fuera de España


Vigo

Algunos niños vienen con una barra de pan bajo el brazo, o eso decían los refranes de las abuelas, y otros con una empresa. Así fue el caso de César Blanco, que nació en la primavera de 1998 cuando su padre atesoraba la ilusión de montar su propia empresa textil, sector en el que trabajaba desde hacía tiempo, y su madre apostaba por abrir una tienda para reincorporarse al mundo laboral, ya que estaba en paro. 

A los tres meses de la llega al mundo del pequeño nació la marca, una empresa que hoy es referente en el sector y que entonces empezó solo con dos persoas y mucha ilusión. 

Ahora que el pequeño César estudia Periodisimo en Madrid, la firma de sus padres: Marta Lorenzo y Jorge Blanco, continúa creciendo. En la actualidad la forman ya diez personas fijas, a las que se unen dos eventuales según la temporada y el personal de todos los talleres colaboradores con los que trabaja. «Fabricamos todo y producimos todo en Galicia. Queríamos quedarnos aquí y siempre lo tuvimos claro, aunque hubo muchos momentos complicados. Pero en el exterior valoran especialmente que todo se haga aquí y es un sello diferenciador», explica Marta Lorenzo. 

Con los grandes anfitriones gallegos del textil, como Pili Carrera o Nanos, la fama de la moda infantil gallega no deja de crecer y aseguran desde la empresa que por el mundo tienen en alta estima estos productos. «Cuesta mucho crear una marca pero la verdad es que al decir que somos de Galicia ya hay mucho avanzado. El reconocimiento es más fuera de nuestra tierra que dentro, pero suele pasar», comenta esta empresaria.

La marca se centra en los más pequeños y saca dos colecciones según la temporada, a las que se añaden también las otras dos de su otra línea de trabajo Choses Cloe. En este caso el mercado son las niñas de 8 a 16 años. «Había un vacío en este ámbito, o tenían que vestir muy de niña o ya de chica mayor y quisimos ofrecer una alternativa», comentan desde la empresa, con sede en el polígono de A Veigadaña, en Mos. 

Su especialidad es el punto, en el que se centraron desde sus orígenes cuando la empresa estaba en el bajo de su propia casa. Desde hace nueve años ocupan ya una nave en un polígono industrial y han ampliado a otras gamas textiles, siempre apostando por productos nobles. 

Como el pequeño que da nombre a la marca tenía dermatitis atópica en la firma siempre se preocuparon de que la ropa fuera delicada para la piel de los bebés. «Ahora es muy habitual pero hace 20 años nadie se fijaba y noostros ya lo cuidábamos», cuentan desde la empresa, que trabaja con algodones ecológicos y otros materiales de primera calidad. 

Sus diseños se pueden ver por toda España a través de tiendas multimarca, pero llegan también a Reino Unido, República Dominicana, Estados Unidos, México o Portugal. «Llegamos a fabricar más de 100.000 prendas por temporada pero ahora las temporada se acortan y es diferente, podemos estar entre las 20.000 y 60.000». Como es habitual en este mundo, en pleno arranque del verano ellos ya trabajan en la colección del próximo invierno, en el que los colores tierra o azul empolvado cobran protagonismo. Y es que la moda infantil ha cambiado mucho en los últimos veinte años, si bien antes las combinaciones se reducían al blanco, celeste rosa y crudo, ahora todos los colores tienen cabida en las estanterías de César Blanco. «Nuestra colección de invierno lleva una gama de colores de más de 50, hay hasta siete tonos de rosa por ejemplo. Ahora hasta se usa el negro y hay que seguir las tendencias de los adultos. Además, la gente se fija mucho más en la composición». 

Aunque son tiempos difíciles en la marca siguen apostando por la calidad y por ajustar el precio. Aunque la clientela tiene mucho en cuenta el bolsillo, lo cierto es que para los bebés lo habitual es que se tienda a invertir un poco más. Eso no quita que la competencia es complicada, especialmente por las estrictas normas que se cumplen aquí en Galicia en cuanto a textil infantil. «Recibimos inspecciones y cumplimos todas las normas de nuestra comunidad pero competimos luego en un mercado global en el que en otras comunidades o países no tienen esos condicionantes y venden aquí igualmente, es difícil de entender», explica Marta Lorenzo. 

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