Vigo / la voz

Hay cosas que ni el coronavirus cambia en As Avenidas: un mal paso en las maltrechas losas del paseo puede llevarte al suelo; uno que sea bien firme hace que el agua aflore entre el hormigón. Siete personas disfrutaban al mismo tiempo del adoquinado a eso de las 19.50 horas de ayer, con 28 grados a la sombra y el agujero del Marisquiño como inefable telón de fondo. No todas aparentaban más de 70. Especialmente los que contemplaban la escena desde la hierba.

Veinte minutos más tarde, el paseo era un desfile de mascarillas de todos los tipos y colores, de las recomendadas y de las que se pide que se reserven para que use solo el personal sanitario en las maniobras de riesgo, de las que cubren la boca y la nariz y de las que solo tapan el mentón cuando hay obligación de dar una calada al pitillo. Eso sí, todo el mundo tiene una teoría: «Deberían decir a la gente de los perros que no salga a esta hora», tertuliaba un sabio, que paseaba con otros tres. No muy lejos, un señor tosía fuerte con la mascarilla -y parecía de las buenas- colgada de una sola oreja.

En esa procesión era imposible moverse manteniendo la distancia de seguridad de dos metros, que sigue siendo, con el lavado de manos, la medida más eficaz para mantener lejos el coronavirus. Es imposible saber si el SARS-CoV-2 paseaba también por Montero Ríos ayer por la tarde o si había decidido hacer caso al BOE y respetaba los horarios. Pero lo que es científico es que este periodista atravesó el espigón de punta a punta y se cruzó con 103 personas a la ida y con 124 a la vuelta. No todas aparentaban menos de 70.

La norma dice que hay que salir de manera individual o con otra persona si se convive con ella. La casualidad quiso que muchos conocidos se encontrasen ayer durante el paseo. Incluso parejas con los 18 sin cumplir. Quién sabe, al ritmo que gira el mundo en estos tiempos, tal vez ya convivan.

Las calles de media ciudad se llenaron por la tarde. Domingo, sol, libertad relativa después de siete semanas... ¿qué más se puede pedir? ¿Una caña? Al tiempo. De entrada, se pueden comprar helados en la plaza de la Constitución para tomar por la calle, solo hay que estar dispuesto a esperar la cola que cruza la plaza y sale de ella.

«¿Pero cuántos años tienen ustedes?», preguntaba un policía en la zona peatonal de O Calvario a tres paseantes que, pasadas las 20.30, ya no estaban para coqueterías sobre su edad, y quién pillara los 70 de nuevo. La policía está suave estos días, dicen en la Nacional, porque importa más concienciar que sancionar. «Cuando más problemas hay es en el cambio de horas». Siempre hay alguno que las estira.

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Qué difícil es mantener la distancia