10.000 euros de flores a la basura cada semana

La empresa Toxal, de A Guarda, cultiva más de 20 variedades y vende la mitad de su producción en Galicia


vigo / la voz

Como el título de la película de los hermanos Coen, la muerte entre las flores ha dejado muy tocados los negocios dedicados a este producto de extrema delicadeza y urgente caducidad. Lo saben muy bien en Flores Toxal, una empresa ubicada en A Guarda con 33 años de historia fundada por cinco socios, que comenzó con 3.000 metros cuadrados de finca y hoy en día ocupa una superficie de cincuenta mil, da empleo a 30 familias y produce más de 20 variedades de flores que no solo distribuye en la provincia, sino que se extiende por Galicia y llega a toda la geografía española y a Portugal.

Como explica el ingeniero agrónomo Anxo Patiño, que lleva un cuarto de siglo vinculado a la empresa, «lo que se ganaba se fue invirtiendo en aumentar la superficie. Hubo un bum en los 90, pero todo eso fue bajando porque los costes laborales no tiene nada que ver con los que tienen en países competidores, como Turquía, Kenia o Ecuador, por lo que hoy en día somos casi una especie en extinción en Galicia», reconoce.

Patiño, que coordina buena parte de las tareas, cuenta que la crisis sanitaria actual les ha hecho mucho daño, sobre todo como productores: «Como comercializadores no ganamos nada, pero tampoco perdemos. Simplemente hemos dejado de comprar hasta que esto pase, pero la finca hay que seguir cultivándola». En Toxal se han acogido a un ERTE para la mitad de la plantilla. El resto sigue porque el mantenimiento no se puede parar. Hay que abonar, seguir dando tratamientos fitosanitarios, cortar la flor... pero el fruto de su esfuerzo acaba, literalmente, en la basura. «Cada semana hemos tenido que tirar unos 10.000 euros o más de flor. Lo tenemos que tirar porque las cámaras frigoríficas no las aguantan más y las ventas son simbólicas, no llegan ni al 5 % de lo que facturamos normalmente», afirma el experto que, según explica, además tienen que seguir plantando porque de lo que ahora siembren saldrá la producción para dentro de tres meses, esperando que la actividad vuelva a la normalidad.

La empresa nació con la idea fundacional de producir flor, que es lo que aún les distingue de la competencia, pero con el tiempo, al surtir al comercio, vieron que como solicitan variedades que no se dan, o se dan mal, también hacen importaciones para dar servicio a sus clientes.

El ingeniero, coruñés de nacimiento y familia lalinense, añade que en sus cultivos, de más de 20 variedades distintas al año (sobre todo lilium, gerbera, crisantemo, alstromeria o tulipán) se preocupan de cumplir requisitos no agresivos con el medio ambiente aplicando, por ejemplo, menos productos químicos que se reemplazan por el control biológico utilizando depredadores. «Hay exigencias en Europa que no tienen en otros países. Nosotros apostamos por ello, pero hace falta que el consumidor y las floristerías también apueste por nosotros para dar salida a todo ese esfuerzo que incluye valores añadidos que requieren investigación y planificación», justifica.

La firma de O Baixo Miño también ha frenado, por ahora, su intento de entrar y competir en el mercado junto a los mejores, en un proyecto que desarrollaron en la aceleradora de proyectos de Zona Franca. En concreto, su objetivo era Holanda, que es líder mundial en el sector, «y cuentan con una gran ventaja tecnológica en sistemas de producción y comercialización respecto a otros que también están a la cabeza, como Ecuador y Colombia para las rosas, Tailandia para las orquídeas o Costa Roca para el helecho de cuero», explica.

Patiño manifiesta que la agricultura ornamental ha sufrido un duro golpe con el coronavirus, ya que abastecen a un sector que se nutre de fechas significativas que han desaparecido del calendario del 2020. En tiempos de coronavirus no ha habido flores ni para los muertos ni para los vivos. Las floristerías no han podido abrir, aunque sí hacer envíos a domicilio. Sin bodas, sin funerales, Semana Santa y Día del Padre, saben que el Día de la Madre tampoco salvará la temporada más marchita del siglo.

Un poco de historia

Una empresa en evolución. Toxal es el sueño de cinco socios: los hermanos Manuel y César González, José Ramón Amorín, Xaquín Portela y Julio Martínez, de los cuales ya solo el último sigue en activo. La empresa conserva parte del espacio original, que da paso a modernas instalaciones, como un invernadero de 6.000 metros cuadrados con las últimas tecnologías. Con Toxal, además, trabajan con pequeños agricultores de la zona a los que comercializan sus cultivos. La firma guardesa vende la mitad de su producción en Galicia y en invierno producen más de 150.000 tulipanes.

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