La pandemia azota la hípica

La Escuela de Equitación San Cosme, sin ingresos y con más gastos para cuidar a sus 22 caballos, reclama ayudas porque solo puede aguantar un mes


vigo

Las escuelas de equitación viven su momento más duro por el confinamiento. Sin ningún tipo de ingreso y con más gastos de los habituales, ya que además de dar de comer a los caballos tres veces al día tienen que hacer más trabajo con ellos para que no pierdan la forma y aumentar los cuidados para prevenir enfermedades. Es el caso de la Escuela de Equitación San Cosme de Vigo, con 22 caballos dedicados a la enseñanza con un gasto medio de 300 euros por equino al mes. Si no llegan las ayudas, el futuro se pone muy oscuro para ellos. Tanto, que Carlos Domínguez, su máximo responsable, apunta que podrán aguantar un mes más.

«El problema que nos encontramos es que ellos siguen comiendo como cualquier animal, pero hay que trabajarlos absolutamente todos los días porque son caballos de deporte y el coste incluso se ha incrementado al tener que estar incluso más personas para mover a los caballos, ya que no nos dejan montarlos. Entonces tienes que hacer trabajo como la cuerda y llevarlos por caminadores (una especie de noria)», comenta mientras aclara que trabajan con ellos seis días a la semana (el domingo descansan los caballos, no ellos) y también «seguimos haciendo los controles veterinarios para tenerlos en el mejor estado de forma».

Solo de pienso, heno (hierba seca, una alimentación básica) y viruta -«que es lo que echamos en las camas»- suponen 3.500 euros al mes. Además están los empleados, tres personas incluido el propio Carlos Domínguez, que se pasan una hora y cuarto con cada caballo al día. De sol a sol.

Porque la opción de dejarlos en semilibertad en una finca es inviable: «No los podemos dejar en libertad porque son caballos de deportes y se lastimarían, se les pueden producir cólicos intestinales», aclara antes de repasar lo que está sucediendo en otros lugares con este asunto: «En las dos últimas semanas hay cantidad de eutanasias y de accidentes que han tenido esos caballos en semilibertad a la que no están acostumbrados. Corren, patinan, se caen, se lastiman los ojos, se fracturan o simplemente con vientos fríos por la noche a los que no están acostumbrados se mueren de cólicos».

En este escenario Carlos Domínguez indica que «la escuela de equitación San Cosme tiene 22 caballos de escuela y desde que estamos en el estado de alarma la facturación es 0. Aguantaremos un mes más, pero si no (hay ayudas) a los caballos de escuela tendremos que buscarle una alternativa y tomar decisiones porque todos los días tienen un consumo».

La primera salida sería buscar un crédito. Ya ha probado con el ICO, sin suerte, y ahora se ha dirigido al Igape. También espera un guiño por parte de la Federación Galega. «Por el momento no hemos recibido nada, se están solicitando y buscando soluciones y esperemos también que la Federación ayude, confío en que haga todo lo posible por ayudarnos», señala.

Todo sería más sencillo, desde su prisma, si en la desescalada que se avecina permitiera a los niños poder entrenar con los caballos: «Es un deporte individual y se podría hacer perfectamente en grupos reducidos de tres o cinco personas. Es un sector que deberían dejar, para los niños sería salir a la naturaleza, al aire libre, el distanciamiento existe sí o sí porque al ir con un caballo es imposible pegarte y creo que tanto para los niños como los caballos sería idóneo, estaríamos dos sectores ayudándonos al mismo tiempo. Porque sin escuelas no hay base y el futuro de este deporte se vería mermado», avisa. Un drama.

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