«Lloramos como magdalenas con cada alta en la uci»

La delegada del Celta de baloncesto, Laura Alonso, es enfermera y trata a pacientes con Covid-19 en Povisa


vigo / la voz

A Laura Alonso le ha tocado vivir la crisis del coronavirus «de pleno», dice. La actual delegada del Celta de baloncesto, que en su día dejó de jugar por las dificultades de compaginar el deporte con su rol de enfermera, trabaja en una de las dos ucis de Povisa, en la que se trata a los enfermos que han dado positivo en covid-19. Se incorporó hace dos semanas tras estar de baja y se encontró de frente con la realidad de la pandemia.

Alonso reconoce que los inicios fueron especialmente duros. Incluso los días previos a incorporarse, consciente en parte de lo que le esperaba. «Tenía miedo por lo que veíamos no solo de China, sino de Madrid, que está ahí al lado», admite. Luego, las primeras jornadas resultaron «horribles», confiesa sin tapujos. «Lo pasamos mal. Empezaron a llegar todos muy malitos. No te adaptabas a la vestimenta, te hacía heridas en la cara... Pero nos apoyamos unos a otros. Somos un equipo y, cuando alguien no puede más, todos tiramos».

Recuerda que luchan contra «algo que aún no está controlado, que se contagia fácilmente y que todo el mundo tiene miedo a coger». Y los sanitarios no son una excepción, especialmente con los casos que ya se han producido y «viendo que no se habla de otra cosa». «Por muy protegido que vayas, y aunque tomes todas las medidas, cuando tratas al paciente te da mucho más miedo que cualquier otro», reconoce.

Pasada esa fase inicial, y aunque su estado de ánimo va muchas veces en función de lo que ocurra en el turno, asegura que se encuentra bien y «motivada», que ha logrado asimilar la situación y que no le cuesta ir a trabajar. «Pasado el estrés y el agobio del inicio, que te hacía sentir impotente, estoy adaptada a cómo actuar en los diferentes casos y mentalizada de ayudar a sacar adelante esto lo antes posible», indica sobre la crisis.

Esta experiencia le está dejando también muchas vivencias gratificantes. Como cuando se les puede retirar la ventilación mecánica a los pacientes y los sanitarios les ayudan a comunicarse con los suyos. «Hacemos videollamadas con las familias y nos emocionamos tanto ellos como nosotros. Ves las caras de esas personas, que además nos dan las gracias porque, al estar solos, nosotros somos de alguna manera su familia y supone un extra de energía». Cuando dejan la uci, el personal llora «como magdalenas», relata. Además, cuenta que cuando paran unos instantes para aplaudir a las 20.00 horas, «los que están despiertos también se suman y resulta especialmente emocionante.

En cuanto a la protección, por ahora no han tenido carencias de material. «Se han tomado medidas para tener plan b si nos quedáramos sin ellos», advierte. Además, agradece que «cuando te vas a tomar un agua en el descanso, muchos días encuentras piezas de fruta o galletas donadas por empresas». También les han llevado máscaras de soldadura. «La gente se involucra mucho», constata.

Laura, que comenta que lo primero que hará cuando todo acabe será visitar a sus abuelos, toma todas las precauciones en su domicilio. Admite que su familia, donde hay más sanitarios, hubiera preferido que su baja se prolongara para ahorrarse este trago, pero ella lo tuvo claro. «Yo ya estaba bien. Si me quedo más tiempo hubiera sido por capricho, no por necesidad», señala.

Echando en falta el baloncesto

Aunque ya no sea como jugadora, el baloncesto ha seguido siendo parte fundamental en la vida de Laura. «Salía de trabajar, comía rápido y me iba al pabellón, luego el fin de semana tenía los partidos... Claro que lo echo de menos», comenta. «Ahora no sé ni en qué día vivo, mi rutina es levantarme e ir a trabajar. No puedes hacer nada más. Nos lo quitaron de repente y fue un palo bastante duro». No le llega el momento de volver.

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