Lo esencial son las pequeñas cosas de la vida

Freddy Sindín ha tomado el relevo al frente del quiosco A Curuxa y maneja con ilusión el trabajo. Para él, supone una oportunidad a su regreso de Venezuela y, estos días, es una ventana a la cotidianidad perdida


vigo / la voz

La fotocopiadora del pequeño quiosco de Freddy Valencia echa humo. Desde el confinamiento, hay algunas cosas que se han hecho importantes y otras han dejado de serlo. Cobra valor, por ejemplo, esa máquina que no para de imprimir «fotos, documentos, pero sobre todo, trabajos de estudiantes de secundaria para hacer en casa», explica el emprendedor, quiosquero desde hace solo ocho meses, que ha visto en este pequeño negocio la oportunidad para ocuparse de su familia tras volver de Venezuela hace dos años.

Freddy, nacido en Caracas hace 40 años, hijo de un lucense y una ourensana que también buscaron en su día un modo de ganarse la vida lejos de casa, lleva ahora el negocio que hizo feliz durante una década a Tati Valencia y a su hermana Maribel. «A mí me encantaba a pesar de los madrugones, era un trabajo muy entretenido, se habla con mucha gente y se te pasa el día enseguida», cuenta Tati. La viguesa, que lo dejó por motivos familiares y de salud, explica que cuando ella se hizo cargo del local el quiosco se llamaba como su dueña anterior, Juani, que lo cogió siendo una mercería con prensa y después se deshizo de la parte textil. Entre unos y otros, a los que se suman primos y sobrinos tras el mostrador, el quiosco tiene ya 37 años de historia.

Tati hacía entonces reparto de prensa por las cafeterías de la zona, y hasta la avenida de Ramón Nieto y el barrio de Casablanca, algo que también forma parte de las tareas de Freddy ahora. El venezolano reconoce que actualmente tiene poca tarea en ese cometido, con el cierre de locales de hostelería, panaderías y peluquerías a las que también servía revistas, además de centros como la Escola Oficial de Idiomas. «Pero la sigo dejando en la Policía Autonómica, continúo llevándole la prensa a particulares a los que se la llevaba antes, y se la acerco también a otros nuevos que ahora, por las circunstancias, no pueden salir de casa», añade el comerciante que en este momento en vez de empezar a las 5.30 de la madrugada sale una hora después y hace su recorrido en un patinete eléctrico porque le caducó el permiso de conducir en medio de la vaina pandémica.

Freddy, que confiesa que se siente gallego y lamenta no dominar un idioma que entiende perfectamente, se pudo traer a su mujer, a sus dos hijos y a su madre tras asentarse en Vigo, donde comparten domicilio. Él es de los profesionales que tiene que salir todos los días a trabajar, y lo hace bien temprano, y tomando todas las medidas de precaución. Usa guantes, mascarilla, y ha puesto un obstáculo entre él y los clientes para guardar la distancia mínima necesaria para no correr riesgos. También lava las monedas, que estos días deposita en una caja, y limpia y desinfecta con lejía su local cada mañana. Además, confiesa, lo primero que hace al llegar a su casa es ducharse de nuevo, cada vez que entra.

El quiosquero está contento con un trabajo en el que cada céntimo cuenta y, como integrante de un sector que ha ido reduciendo beneficios por la caída de las ventas de prensa impresa, va añadiendo servicios que ayudan a redondear ganancias e incorporando facilidades para los clientes, como el cobro con terminal TPV. «Además, por ejemplo, recargo móviles, vendo tarjetas de telefonía y hago envíos de paquetería a través de Correos Express con Cbox», explica el profesional, que en su país de nacimiento fue primero conductor de autobuses y después puso en marcha una pequeña empresa de transporte de pasajeros.

En estos días de aislamiento social, acudir al quiosco es una antigua costumbre que muchos ciudadanos están retomando con gusto, aunque sin poder demorarse mucho al tratarse de uno de los sectores exentos de paralización temporal por la crisis sanitaria generada por el coronavirus. El vendedor advierte un repunte en las ventas, sobre todo en chucherías y cromos para los niños que pasan el tiempo entretenidos, completando álbumes, esperando a que todo pase.

37 años de historia

Dónde está

En la avenida de Emilio Martínez Garrido, 20 (Vigo) desde 1987.

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