El doble confinamiento de África

La cuarentena ha pillado a la jugadora del Guardés lesionada de gravedad, lo que ya le impedía salir


vigo / la voz

«Yo iba a tener que estar confinada de todas formas», dice la jugadora del Guardés de Division de Honor femenina de balonmano África Sempere cuando se le pregunta por la cuarentena. La pasa en su casa, en Alicante, iniciando el proceso de recuperación de la rotura de ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha que sufrió en el partido frente al Málaga del 4 de marzo. Y agradece que, por muy poco, el coronavirus no le impidió pasar por quirófano ni desplazarse a su tierra y poder pasar allí esta etapa doblemente complicada para ella.

La deportista fue intervenida en Madrid la semana anterior a que se decretara el estado de alarma. «Tuve suerte, porque si me llego a lesionar a la semana siguiente es probable que ni me hubieran podido operar», destaca. Y también era posible que se hubiera tenido que quedar en A Guarda. «Mi idea era venirme a casa porque necesito unos cuidados y mis padres me ayudan. En Galicia iba a estar más sola», indica Sempere, que poco antes de la lesión había renovado su contrato con el club.

Las restricciones hacen que solo pueda acudir a una clínica de fisioterapia «una o dos veces por semana». «No puede ser a diario como en condiciones normales, pero tengo que ir, no queda más remedio que que me vea la especialista», sostiene. Ahora está centrada en «cuidar un montón» la rodilla. «Me despierto y ya le pongo hielo, tomo antiinflamatorios, luego empiezo ya a movilizarla, a doblarla e intento trabajar a nivel físico todo lo que pueda, con abdominales u otros ejercicios que no influyan en la rodilla», especifica.

Además, aprovecha para «leer mucho, estudiar y otras cosas que normalmente no hay tanto tiempo de hacer». «Yo ya no iba a poder salir apenas, pero ves a toda la gente que no puede seguir con sus vidas, a mis compañeras de equipo que no pueden entrenar y me genera tristeza», expresa. Por eso, lesión aparte, se centra en «tener la mente entretenida para matar las horas e intentar salir del paso».

Aunque se podría pensar que África gana tiempo para su recuperación, el hecho de no perderse partidos al menos en estas primeras semanas de convalecencia no le supone ningún consuelo, asegura. «No lo veo así. Es cierto que no hay competición, pero preferiría que mi equipo siguiera jugando y seguir viendo balonmano», afirma. Lo dice desde la convicción de que «también se puede aprender desde fuera, viendo a las compañeras, apoyándolas, apreciando cosas que no ves desde dentro cuando juegas», señala.

Sempere está convencida de que pierde más de lo que gana, lo mire por donde lo mire. «Aunque yo tuviera que estar en casa sí o sí, que todo el mundo esté paralizado no me ayuda en nada», valora. Desde A Guarda, sus compañeras de equipo le transmiten que «no saben qué hacer». «Aún no han dicho nada de la Liga, muchas han tenido que quedarse porque les pilló allí y están confusas», señala. Recuerda que ellas sí están bien, «quieren hacer de todo y no pueden», lo que les genera «frustración». «Hablamos bastante y entre todas nos tratamos de animar para que sea llevadero. Pero no es plato de gusto para nadie».

En el plano anímico, pese a todo, la jugadora dice sentirse «bastante bien». «Lo he aceptado enseguida. Y eso que de los cuatro años que llevo en el Guardés, este era el que más estaba disfrutando», revela. Las razones son «un ambiente muy bueno en el equipo, que los resultados se estaban dando» y que personalmente también se encontraba «muy bien». «Estas cosas suelen venir cuando uno está en el mejor momento. Da un poco de rabia, pero no es nada que no se pueda superar».

Me dijeron que no había rotura, que podía jugar»

Sempere no ve la lesión «como un drama, sino como un reto más» que puede y va a superar, afirma convencida. «No se acaba el mundo, pero hay que trabajar, tener paciencia y no venirte abajo ni un solo día. Se necesita tener la cabeza fría y saber que pasará», sostiene.

Cuenta que el crujido de la rodilla en el momento de la lesión le hizo estar convencida de que había rotura, aunque tardó algo de tiempo en diagnosticarse. «No se inflamó, estaba tan estable que el médico de la mutua no me quería dar la baja, decía que podía jugar ese domingo». Consultaron con varios fisios que eran de la misma opinión, pero finalmente la resonancia reveló la realidad de la lesión: rotura completa de ligamento cruzado. «No me lo tomé tan mal porque yo en el fondo pensaba que estaba roto. Se ve que tenía la musculatura bastante fuerte, tanto que incluso podía correr, y no lo detectaban», añade.

Sempere ya se enfrentó a la misma lesión hace unos diez años en la otra rodilla y, habiendo pasado por este proceso, no oculta que prefería «cualquier otra lesión». No obstante, lo afronta con entereza. «Ya sé lo que es, una lesión complicada que requiere paciencia y sacrificio, trabajar mucho para moldear el ligamento de nuevo», detalla.

A su favor está que en esta ocasión, según explica, la evolución está yendo mucho más rápida que en su anterior experiencia. «La rodilla está respondiendo mucho mejor a nivel de inflamación y movilidad. La otra vez estuve un mes entero sin poder moverla y ahora ya estoy apoyando la pierna y casi no hay inflamación. Tengo bastante suerte», agradece.

Esa rápida evolución tiene un efecto directo sobre el estado de ánimo. «Si estuviera inflamada o me hubieran dicho que el primer mes que no pudiera hacer nada se llevaría peor, porque ya no puedes trabajar con tu cuerpo ni nada», apunta. Por el contrario «se dan factores que ayudan para ser más optimista» y así afronta los meses que tiene por delante.

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