Más de 20 años de polivalencia en el Baíña

Fue uno de los fundadores del club, donde ejerció de jugador y ahora lo hace de entrenador y directivo


vigo / La Voz

Jugador desde niño, entrenador con experiencia en todas las categorías y directivo asumiendo diferentes cargos a lo largo de los años. La pasión de Santiago Rodríguez por el fútbol sala comenzó en la infancia y, a sus 42 años, sigue guiando los pasos de uno de los fundadores del Baíña de Baiona. Tanto es así, que aunque a lo que a él realmente le ha gustado ha sido primero jugar y luego ejercer de técnico, su compromiso con la entidad le ha llevado a presidir el club diez años.

Comenzó a jugar al fútbol sala a nivel escolar en el Val Miñor. «Había estado un año en el Erizana de fútbol once, pero nada», cuenta. Lo suyo era la pista. «Cuando era niño, se emitían partidos a las dos de la tarde y los veíamos al comer. Me parecía un deporte dinámico, me daban ganas de jugar», rememora. Se inició a los 13 o 14 años, calcula, pero tardó tres o cuatro más en federarse. Para eso, y tras ir por las parroquias de manera informal a jugar con amigos, necesitó crear su propio club, el Baíña, al que sigue ligado desde entonces, en 1996.

En ese momento, Rodríguez tenía 19 años y las ideas muy claras. «El Erizana había desaparecido y en Baiona no teníamos equipos de base. La generación anterior a la nuestra lo había pasado mal con la droga y vimos en el deporte una manera de desmarcarnos de eso», profundiza. Eran seis fundadores y todos siguen ligados al club, dos de ellos aún jugando y el resto asumiendo responsabilidades en la directiva.

Santiago dejó de jugar por las lesiones a los 28 años, pero desde mucho antes ya había comenzado a ejercer de entrenador. En primer término, fue autodidacta, y luego se formó. «A los 22 no teníamos entrenador y ya cogí el primer equipo. Luego me saqué el título de entrenador y los tres niveles de fútbol sala», recuerda. Enseguida comenzó también a entrenar a los niños del barrio. «Todas las generaciones del barrio tras la mía pasaron por el club. Buscábamos pabellones, balones y material y lo sacábamos adelante», indica.

Sobre sus primeros pasos en los banquillos, relata que buscó recursos por su cuenta para hacerlo lo mejor posible. «Fue curioso, porque recuerdo que conseguimos un libro de un entrenador de fútbol sala holandés en una tienda de estas del rastro en Vigo. Ahí veíamos cómo se planteaba la manera de jugar y aún lo conservo», cuenta.

Desde aquellos inicios, nunca ha dejado de entrenar. Además, sin abandonar nunca el Baíña, lo ha compatibilizado con etapas en otros clubes. Es el caso del Vigo F. S., el Leis de Segunda B y el Santiago Futsal, donde aportó su granito de arena en las categorías de base. «El Baíña estaba sin entrenador, vivía en Santiago y me venía dos veces a la semana para entrenar», explica como muestra de que siempre ha estado disponible para su club. «Era lo que tocaba», asume con naturalidad.

Actualmente entrena a los babies, de cuatro y cinco años, pero no ha habido categoría que se le haya resistido a lo largo de ete tiempo. Incluso tuvo una enriquecedora experiencia colaborando con la Federación de Asociaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental de Galicia. «Fueron dos años en Vigo y uno en Santiago de voluntariado, trabajando con personas con problemas, que en algunos casos apenas salían de casa y les venía muy bien hacer deporte», desgrana. La imposibilidad de compaginarlo con el trabajo le obligó a dejarlo.

También ha sacado tiempo para ejercer de seleccionador de fútbol sala benjamín, infantil y cadete de Vigo durante varios años. No oculta su preferencia por los más pequeños. «Me gusta mucho trabajar con los que empiezan, intentar que se enganchen, que se involucren». Porque Santiago concibe el deporte como «una forma de integración».

Al mismo tiempo, Rodríguez ha tenido que lidiar con una parte menos amable, pero a la vez imprescindible para que todo club salga adelante. «Lo que realmente me gusta es ser entrenador, pero durante años me encargué del tema de subvenciones y demás. Yo estudié Historia, así que la administración me costaba, pero no había otro remedio», acepta. Ahora sigue en la directiva pero ha cedido el testigo de la presidencia a Ana Iglesias. «Delegué en ella y más gente preparada y que lo está haciendo de maravilla», valora.

Trabaja en el centro cultural de Baíña y no deja de formarse. «Es complicado compaginar, pero sacando tiempo estoy haciendo un curso online de entrenador de porteros y voy a clinics para no estancarme, que es clave. También estudio japonés», revela. Esto último surgió a raíz de la visita que un equipo nipón hizo al Baíña hace un par de años. «Hice una gira con ellos por equipos de Galicia y descubrí otra manera de entender el fútbol sala y otra cultura», destaca. Porque su inquietud por aprender, dentro y fuera del deporte, está al mismo nivel que su pasión por el fútbol sala.

Tras más de media vida dedicado al club, asegura sentirse reconocido: «El capitán del equipo es de la primera generación que entrené y el otro día me decía: ‘En vez de estar tirados fumando o bebiendo, tú nos llevabas a entrenar y a jugar’. Ves que lo valoran y te ayuda a seguir».

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