Portugal amarra la compra del Banco Simeón

HEMEROTECA | Caixa Geral de Depositos provocó un terremoto financiero hace 25 años al anunciar un acuerdo para hacerse con la entidad, que dejó de ser gallega pese a que se vendía «al mejor postor»


vigo / la voz

«El Banco Simeón será vendido al mejor postor». Así lo sostenía el ministro socialista de Economía, Pedro Solbes, y así titulaba La Voz en su primera página el 25 de febrero de 1995. Aquello fue el canto del cisne de la entidad financiera con sede en Vigo, una de las últimas que todavía le quedaban a Galicia. Porque los partidos políticos presionaban para que Portugal no se quedase el banco. Y se lo acabaría quedando.

El 30 de septiembre de 1994, Argentaria, socio mayoritario del Simeón, había confirmado un principio de acuerdo alcanzado con Caixa Geral de Depositos (CGD), cabecera del primer grupo bancario luso, para venderle el 85,55 % de las acciones. El coste de la operación se calculaba entonces en 20.000 millones de pesetas. No era mucho para el gigante portugués: CGD figuraba como la 65 entidad financiera del mundo con un volumen de activos de 4,5 billones de pesetas. En 1991 ya había adquirido el Banco de Extremadura y ahora buscaba hacerse con casi un centenar de oficinas en toda Galicia.

A partir de ese momento se puso en marcha la maquinaria política para tratar de frenar la operación. Por un lado estaba la Xunta, con el presidente Manuel Fraga a la cabeza y el conselleiro de Economía José Antonio Orza; por otro, el presidente del PSdeG-PSOE y diputado en el Congreso por la provincia de Pontevedra, Abel Caballero, comisionado por los socialistas para interesarse por el caso Simeón. También el BNG de Xosé Manuel Beiras cerró filas a favor de la galleguización. Lo que estaba sobre la mesa era el interés de Caixa Galicia, que ofreció a Argentaria comprar el banco por unos 17.000 millones de pesetas. Los trabajadores apoyaban esta opción «si garantiza el empleo». La propuesta de la caja de ahorros coruñesa fue comunicada el 24 de febrero a la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Pero finalmente no convenció.

Garantía

El presidente de Caixa Geral de Depositos, Emilio Rui Vilar, ya tenía bien cerradas las negociaciones con Argentaria y con el consejero delegado del Banco Simeón, Policarpo Fandos, quien se ufanaban de que la entidad se había convertido en un a de las más rentables de España una vez que había entrado en beneficios. «La garantía sobre los puestos de trabajo es total, así como el mantenimiento de la sede social en Vigo», señaló Fandos.

En febrero de 1995 ya se estaba tramitando la oferta de adquisición pública (opa) a los inversores privados del Simeón, que suponían el 14,45 del capital. Tan claro lo tenía ya la Comisión Nacional del Mercado de Valores que, tras haber suspendido la cotización del banco vigués a finales de septiembre, ya no contemplaba volver a hacerlo.

Las gestiones de Fraga y de destacados dirirgentes del socialismo gallego, como Caballero y González Laxe, no fructificaron. El presidente de la Xunta descolgó el teléfono para hablar con el vicepresidente del Gobierno, Narcís Serra, con el gobernador del Banco de España, Luis Ángel Rojo, y con los presidentes de Argentaria y del Simeón, Francisco Luzón y Marcial Portela, respectivamente. Nada consiguió. Todos le dijeron prácticamente lo mismo: la adquisición por parte de Caixa Geral de Depositos era cosa hecha, irreversible.

Bandera

El 30 de junio del 1995 se consumó la operación. El Banco Simeón cambiaba oficialmente de dueños. Los representantes de Argentaria cesaron en sus puestos en una junta de accionistas celebrada en Vigo y traspasaron poderes a Caixa Geral de Depositos. La bandera de Portugal acompañó a la de Galicia y España en la primera reunión del nuevo consejo. Por algo el grupo Caixa Geral estaba participado al cien por cien por el Estado portugués.

La caja lusa pagó 20.228 millones de pesetas y mantenía a dos gallegos en la cúpula de la entidad. Su objetivo, confesado, era liderar la eurorregión Galicia-Norte de Portugal. Visto con el tiempo no lo logró. Y es que la jugada tenía otras implicaciones que superarban el territorio gallego. Siete años más tarde se consumó la fusión de los bancos Simeón, el Luso Español y el de Extremadura.

Aquel fue, a ojos de no pocos analistas de la época, otro capítulo de la descapitalización de Galicia y una muestra del escaso peso que demostraba la comunidad autónoma en las grandes ocasiones. «Quien vende es Estado y quien compra es Estado. Y, por lo que se ve, a ninguno de esos dos Estados debe de pertenecer Galicia, auténtica moneda de cambio», dejó escrito en sus páginas La Voz.

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