El Zafir lleva el luto a las Rías Baixas

HEMEROTECA | El mercante de bandera portuguesa fue embestido en febrero del 2000 por un ferri italiano, causando su hundimiento y la muerte de 13 marineros, de los cuales diez eran de varias localidades costeras de Galicia


vigo / la voz

El vigués Óscar del Río, de 23 años de edad, sobrevivió el 14 de febrero del 2000 al hundimiento del Zafir, buque en el que trabajaba como mecánico. Fue el único superviviente de aquel naufragio provocado, en el mar Jónico, por el ferri italiano Espresso Catania. En el hundimiento de aquel mercante perdieron la vida diez gallegos de distintas localidades de las Rías Baixas y tres cántabros.

Según relató el superviviente a su madre, todo tuvo lugar en pocos segundos. El joven se encontraba en la sala de máquinas cuando oyó un estruendo; subió a la cubierta y vio al capitán dando la orden de abandonar el buque. Óscar saltó por la borda sin chaleco y llegó a ser arrastrado unos metros bajo el mar por el mercante, aunque debido a sus buenas dotes como nadador logró salir a respirar y asirse a un objeto flotante cuando el Zafir se hundía bajo sus pies.

No acabaron ahí sus problemas ya que la fuerza de succión de las hélices del ferry italiano que abordó al Zafir comenzó a tirar de él, pero logró de nuevo evitar el peligro de ser destrozado por las palas de propulsión. A continuación fue recogido por una lancha salvavidas del Espresso Catania y posteriormente trasladado a puerto por un mercante ruso. Dos días después del naufragio, la juez de Catanzaro imputaba trece delitos de imprudencia temeraria, uno por cada víctima, al capitán del buque italiano Espresso Catania, que había colisionó con el carguero portugués Zafir. La decisión de la magistrada ponía en entredicho la versión de los hechos del capitán del ferry, Roberto Cardone, que había descargado las responsabilidades del incidente en el mercante luso.

Desde la comarca de A Barbanza hasta A Guarda, se lloró aquellos días la muerte de once vecinos. Entre los fallecidos gallegos, solo apareció el cuerpo de uno, del guardés Manuel Ángel Pacheco. El mar se llevó a otros diez tripulantes de Ferrol, Noia, A Guarda, Pobra do Caramiñal, Pontevedra, Boiro, Porto do Son, Corme y Rianxo.

A partir de ese momento se generó un gran movimiento para presionar a las autoridades a que realizasen algo para tratar de recuperar los cuerpos. Manuela Lema, viuda del primer oficial del mercante, José Manuel Souto Picos, abanderó la lucha para que los cadáveres de sus seres queridos fuesen rescatados del sepulcro de acero sepultado a más de 400 metros de profundidad. Manuela y otros familiares pasaron las horas más amargas en Catanzaro, la ciudad italiana en la que se montó la base de los equipos de salvamento. «Treinta y cinco días estuvimos allí y regresamos sin nada. Nos mintieron. Nos engañaron», reprocha amargamente Manuela unos años más tarde. A pesar de todas las promesas de que se haría lo posible y lo imposible por rescatar los cuerpos de las aguas del Jónico, los diez marineros gallegos y el cántabro siguen dentro del Zafir: «Chegouse a baixar ata o pecio e nos mandaron unhas fotografías e un vídeo que non se veía nada, un montaxe para calarnos a boca», señalaba en el 2004 Serafín Rodríguez, cuñado del mayor de máquinas, el sonense José Rodríguez Santos.

Tampoco fue plenamente satisfactorio el resultado del largo proceso penal que concluía en el año 2002. La juez de Catanzaro impuso al capitán y al tercer oficial del ferri italiano la misma condena que al segundo oficial y el timonel que estaban de guardia en el momento del impacto de los buques: un año y siete meses de cárcel. Estos dos últimos fueron procesados a finales de marzo del 2002, pero la vista al resto de los mandos no pudo celebrarse entonces debido a que uno de ellos se encontraba ingresado en el hospital. Solo uno de los mandos quedó libre de cargos: el primer oficial, que tras el choque permaneció en el lugar del impacto en busca de supervivientes, aunque fuese un buque ruso el que encontrara con vida al vigués Óscar del Río.

Según la investigación, el Espresso impactó por babor al mercante y le pasó por encima. La tripulación del primer barco emitió un aviso de socorro por radio a los 17 minutos del impacto, tiempo que tardaron en virar y volver al lugar de la colisión. El segundo oficial se quedó a bordo de una balsa en la zona, mientras la embarcación se dirigía a la playa para varar. Una hora y 12 minutos después del impacto, las estaciones costeras recibieron una llamada selectiva digital por el sistema mundial de socorro en la que no figuraba el código del buque, ni detallaba la emergencia de que se trataba.

Entre los familiares de las víctimas, el fallo de la juez italiana dejaba un «sabor agridulce». Por una parte, «hemos logrado demostrar que los marineros gallegos, nuestros maridos, no tenían la culpa de nada», señala Manuela Lema, viuda del primer oficial del Zafir. Sin embargo, las condenas no les parecieron suficientes a los familiares de las víctimas de aquel desgraciado naufragio.

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