Pillan en A Guía, Rande y Chapela a furtivos arrasando bancos de almeja

Hay dos grupos organizados desmantelados que venderían el bivalvo en Navidad


VIGO / la voz

El furtivismo es un negocio turbio y soterrado que mueve millones de euros cada año en las Rías Baixas. Sí, millones de euros. Tanto es así que, policialmente, está considerada la otra mafia da terra. Vigo y su costa no son una excepción. Del percebe de Oia y Baiona a la almeja de la ría en Arcade u otros productos de O Morrazo. «No podemos quedarnos con el furtivo o el veraneante que se lleva varios kilos en una red o un cubo, el problema tiene mucho más calado», explican en la Policía Autonómica [tiene asignada la competencia del furtivismo en Galicia]. El mando consultado dibuja una estructura criminal que se mueve a medio camino entre empresas legales que cultivan, depuran o venden producto reglamentario mezclado con el apañado ilegalmente. A mayores, para cerrar el círculo, clarean las ganancias depurando su origen.

«Hablamos de viveros, depuradoras, solo hay que revisar las investigaciones de los últimos años para conocer mínimamente la realidad que nos rodea». Principalmente en Navidad, con los precios siempre por encima de la media en el resto del año. De ahí que la presión a pie de playa crezca de manera proporcional cada diciembre para frenar la incursión de bivalvo sin una cadena de trazabilidad que garantice su procedencia y salubridad. El resultado de la presión ejercida por los vigilantes de las cofradías repartidas a un lado y otro de Rande se tradujo, con la colaboración de la Policía Autonómica, en un duro golpe a dos grupos organizados y una docena de habituales que van por libre.

Últimos 20 días

«Todos, de una y otra manera, colaboran en el gran negocio del marisco en B», razona un vigilante de cofradía en la ría que participó en algunos de los últimos operativos. Los resultados de las vigilancias dieron sus frutos hace 20 días con la ubicación de dos grupos organizados en plena faena. Uno lo formaban seis vecinos de Vigo, aquella mañana decidieron bajar a la arena en Punta Lagoa (A Guía). A los cuatros días cayeron nuevamente más allá de Rande, ya en Vilaboa. «Todos son reincidentes, con denuncias abundantes». En cada operativo se localizaron unos 18 kilos de almeja, aunque se desconoce si había otras partidas escondidas en las inmediaciones. El otro grupo organizado proviene de Poio y actúa por el litoral gallego de forma itinerante. Cayeron en diciembre por tercera vez en pocos meses. En la última se le requisaron 20 kilos, y en la anterior, 17, además de los aparejos utilizados para esquilmar los bancos de marisco.

«Decimos que son grupos organizados porque no tienen relación entre ellos más que para trabajar. Se juntan, comparten medios de transporte, incluso puede que compradores o espacios para almacenar el producto», explica el mismo mando de la Policía Autonómica antes de añadir: «Hecha la ley, hecha la trampa. Ellos la conocen y la burlan. Hacen pequeños bultos de uno o dos kilos y los van escondiendo o depositando en zonas discretas para no tener grandes cantidades si les cogemos. Por eso es normal encontrar siempre en las playas o en las rocas mucho marisco que devolvemos al mar la mayoría de las veces».

El furtivismo se incluyó en el Código Penal tras su reforma del 2015. La ambigüedad de los textos ya fue motivo de debate al poco de aprobarse por las dudas que surgían en la instrucción de las investigaciones. El problema de entonces, que sigue vigente, es que resulta muy complicado aplicar el delito a este tipo de furtivos, que son mayoría.

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