El hockey, el paraíso de Anxo

El niño de 8 años con síndrome de Down juega en el prebenjamín del Traviesas, al que llegó hace tres años tras ser rechazado en otras actividades


vigo / la voz

Anxo, un niño de 8 años con síndrome de Down, encontró su paraíso en el hockey sobre patines. Cuando entró por la puerta del pabellón del Carmen acompañando a su hermano mayor, Xián tenía cinco años y llegaba rechazado de la escuela de música, en donde no le dieron ni la oportunidad de probar, y tras descartar la natación por unos horarios imposibles. Pero el Hockey Traviesas le abrió las puertas de par en par y tres años después es uno más del equipo prebenjamín. Anxo aprendió un poco más despacio que sus compañeros, pero salió adelante como un campeón.

«Fue una casualidad. Nosotros fuimos por el hermano (que ahora juega en el infantil) y estábamos en las gradas viéndole entrenar y vino uno de los entrenadores y nos dijo si el niño no tenía patines», recuerda Rosa Alves, la madre de Anxo. «Le dijimos que sí, que tenía los patines de Xián de cuando era pequeño y nos dijo: ‘Traedlo la próxima semana’».

De eso hace tres cursos y el cambio del pequeño es radical. «Comenzó conmigo como un niño normal, es cierto que le costó un poco más aprender a patinar (si a los niños les cuesta dos semanas, al mes estaba patinando) pero ha evolucionado muchísimo en cuanto a coordinación, es una pasada. Ahora está jugando totalmente integrado en un prebenjamín», comenta Marina Pérez, su entrenadora, que recuerda ver al pequeño Anxo, un niño travieso y con mucha personalidad, en las gradas del pabellón. «Para los niños y para nosotros ha sido una experiencia muy buena. Hay que ver cómo lo respetan», prosigue la preparadora, que deja claro que con Anxo no hubo distinción: «Le traté como a cualquier otro, lo enseñé como al resto, la única diferencia era que él iba a otro ritmo».

La entrenadora se convirtió en una persona capital en el desarrollo del niño según la madre. «Los primeros entrenamientos era una felicidad tremenda. Marina lo cogía en el colo, patinaba con él y los niños le abrieron los brazos», comenta Rosa mientras rememora el primer día: «Le puso los patines y nos dijo: ‘Vosotros fuera’, que nos alejáramos de él y nos caían las lágrimas. Así como le puso los patines (con las ruedas apretadas para no coger velocidad) el niño comenzó a ir y vio que podía hacer lo mismo que su hermano. Aquello era una felicidad para él y se levantaba todos los días preguntando si iba a hockey. Lo que más ilusión le hizo fue verse capaz de hacer lo mismo que los demás».

Este año Anxo ha dado un paso más debutando en la liga local con el equipo prebenjamín. Ese día fue un torrente de emociones para su familia. «El primer partido que jugó este año se nos caían las lágrimas. Mi madre vino por primera vez y lloró conmigo, estaba súper emocionada», recuerda Rosa Alves, mientras precisa que un partido para Anxo es lo máximo: «El hecho de decir que el fin de semana hay partido para él es la caña, es una felicidad tremenda, y verlo es emocionante porque percibes que el hockey le hace feliz y además el ejercicio es muy bueno para ellos». Tan enganchado está que en los encuentros del infantil de su hermano saluda con el equipo desde el centro de la pista y aprovecha los descansos para ponerse los patines y salir a la pista con el stick y la bola.

La plasmación que la vida es una cuestión de oportunidades. Porque tres años después Rosa admite que cuando llegaron al hockey, lo hacían de bajón después de tanta puertas cerradas: «Veníamos rechazados de la escuela de música, ni nos dejaron ir allí a que lo vieran, no le dieron la oportunidad, le dijeron que mejor fuera a musicoterapia sin conocer al niño ni nada. Él sabe tocar la pandereta porque el abuelo es un artesano y se crió con esa cultura en casa». Tampoco pudo recurrir a la natación «porque fuimos a la piscina y nos daban unos horarios irrisorios a los que era imposible adaptarnos».

Por contra, en el Traviesas todo fueron facilidades: «Cuando fuimos a hockey por primera vez íbamos de bajón, queríamos meter al niño en algo y no encontramos dónde y ellos nos abrieron las puertas y se portaron de maravilla desde el minuto 0». Como recompensa, el club encontró en Anxo un referente para impregnar de valores a toda la base. Una lección de vida.

Un encuentro el sábado con 18 chicos de Down Vigo

El paso adelante de Anxo animó al club Traviesas a organizar para mañana sábado, entre las 11 y 13 horas en el pabellón del Carmen, un encuentro con 19 jóvenes de la Asociación Down Vigo en donde le van a enseñar lo que es el hockey, además de aprender a patinar a aquellos que lo deseen, con juegos y partidillos incluidos. Como plato fuerte está previsto un partido del prebenjamín con Anxo en sus filas «para que ellos también vean que se puede», dice Marina. Están previstas otro par de sesiones más.

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