Trece años haciendo de tribu urbana para los bebés de Vigo

«Somos muy necesarios pero no deberíamos exisitir» explica la directora de La flauta mágica, centro de estimulación infantil pionero y que atiende mensualmente a cerca de 500 familias


Gritos, risas, algún llanto y carreras. Imposible llamar a La Flauta Mágica, centro de estimulación infantil de Vigo, y no ser consciente de que al otro lado hay pequeños correteando y asistiendo a sus sesione de piscina, música o inglés. Sus instalaciones, de más de 500 metros cuadrados, están enclavadas en el centro de la ciudad (calle Nicaragua, 8) y por ellas pasan cada día más de 120 personas, entre niños y sus familiares. 

La empresa nació hace trece años cuando Miriam de Cal, su directora, regresó de un máster en Estados Unidos. «Yo soy pianista y acudí allí a hacer un máster, descubrí las clases de educación temprana para bebés y me metí. Me encantaron y decidí traer la idea a Vigo. Pero quería algo más global, así que desde el primer momento decidimos apostar por un centro integral especializado en bebés y niños de hasta 5 años». Cuando habla en plural, esta música se refiere a su madre, ya que esta es una empresa familiar. Con la ayuda de las once personas de la plantilla, intentan cubrir todas las etapas de los bebés y sus familias. 

Arrancan ya con la fase del embarazo, donde tienen cursos de educación maternal y postparto, junto a talleres de lactancia. «En el postparto hay muy poco, es una fase muy olvidada y casi se las abandona a las madres cuando dan a luz. Aquí les ofrecemos asesoramiento en una etapa muy delicada, hay clases de suelo pélvico, de cuidados...», explican desde el centro. El taller de postparto es de 250 euros y por las actividades para embarazadas se paga al mes entre 59 u 80 euros, según se acuda a una o a dos sesiones semanales. 

En esos cursos resuelven muchas dudas y dan mucha confianza a las madres, algunas de la cuales nunca habían tenido un bebé recién nacido en brazos hasta que llega el suyo propio. «Somos muy necesarios pero no deberíamos existir. Suplimos el lugar que antes cubrían las familias grandes, la tribu. Antes las abuelas, las madres o el entorno ya te explicaban y ya lo veías, ahora no ocurre. Somos la generación más informada de todas pero también la que afronta la maternidad con más dudas. Quizás porque parece que hay que hacer un máster en todo y porque somos muy exigentes», reflexiona Miriam de Cal. 

Natación música o inglés

Los más pequeños no tienen tiempo para aburrirse en La Flauta Mágica, desde que son bebés pueden optar a las clases de música, estimulación temprana, natación o inglés. Esta oferta se complementa con talleres y cursos puntuales que pueden incluir los primeros auxilios, arte o la exploración libre, todos dedicados a la primera infancia.  Desde el centro aseguran ser pioneros en esta oferta centralizada y cita solo el caso de Arqué, en A Coruña, como equiparable. En realidad, todo queda en familia, las instalaciones de la ciudad herculina son de la prima de la directora. 

La clave de su éxito, según aseguran, es la atención. Un punto que valoran las casi 500 familias que acuden mensualmente a algunas de sus actividades. Los grupos son reducidos, en las instalaciones cuentan con un auditorio y seis aulas para los cursos, disponen de zona de lactancia, cambiadores, baños adaptados y si los peques crecen pero quieren seguir hay cursos de iniciación al piano para niños mayores de cinco años.

Los espacios están pensados para la desconexión, de hecho los móviles no tienen cobertura en el interior, y la mayoría de actividades son para acudir con un familiar. A partir de los 3 años, en algunos talleres los menores pueden asistir solos. 

«Es complicado organizar las sesiones teniendo en cuenta las reacciones de los bebés y que también hay que entretener y hacer disfrutar a los padres, aunque en realidad ellos disfrutan solo viendo a sus niños. Los resultados son a medio y largo plazo, pero creo que se valoran mucho», comentan desde el centro.

Educación especial

El centro también tiene una rama de educación especial, para lo que cuentan con una psicóloga y una psicopedagoga, que están especializadas sobre todo en autismo y que ayudan para que los niños puedan integrarse en muchas de las actividades. 

«Al final muchas de las clases se convierten un poco en una terapia para las familias, para ver que sus dudas o preocupaciones son las mimas que los demás, y compartirlas», recuerdan desde esta pequeña tribu urbanita.  

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