Odisea de doce horas para regresar de Melilla a Vigo sin jugar

El Coruxo viajó en ferri, autobús y avión tras no poder disputar su partido


vigo / la voz

El Coruxo invirtió ayer algo más de doce horas desde que abandonó el hotel en Melilla hasta que aterrizó en Vigo. Debían haber vuelto el mismo domingo y con el partido de la jornada 12 disputado, pero regresaron con el encuentro aún pendiente y con «una paliza» de viaje encima, en palabras del capitán, Antón de Vicente. Recalca que pese «a la odisea y situación caótica» que por momentos les tocó vivir, entre los jugadores y cuerpo técnico imperó siempre el humor y estas peripecias no impidieron una buena convivencia que esperan poder recordar como una anécdota divertida dentro de unas semanas.

Todo comenzó cuando a falta de 40 minutos para la hora fijada para la disputa del partido se les comunicó la suspensión. «No nos cogió por sorpresa. Salimos a calentar y veías que con el viento en contra que había no podías ni correr. Todos estábamos de acuerdo en que la suspensión era lo más sensato», explica el futbolista vigués.

A partir de ahí, la palabra que más repite en su relato es «incertidumbre». Es lo que sentían al no saber ni si podrían jugar antes de emprender el regreso a Vigo ni cuándo podrían realizar ese viaje. La preferencia del equipo era jugar en las horas siguientes, pero las previsiones no acompañaban y, al mismo tiempo, los vuelos de regreso para el mismo lunes estaban llenos.

Inicialmente, el equipo tuvo fijado el regreso para hoy y esperaban poder jugar ayer. «Por las condiciones meteorológicas ya se hubiera podido, pero uno de los árbitros ya se había ido y daba la impresión de que no había mucho interés», dice De Vicente, que al mismo tiempo agradece el trato recibido tanto por la Federación, que sufragará los gastos, como por el Melilla.

Ante el panorama de no jugar el partido, finalmente la Federación les dio pasada la medianoche del domingo la opción del ferri hasta Motril para de ahí desplazarse por carretera a Granada y coger el avión hasta Vigo, el plan que finalmente se llevó a cabo, aunque con dos horas de retraso sobre el horario previsto. «El barco tenía que salir a las 7.30 y no lo hizo hasta las 9.30, así que acumulamos retraso durante todo el día», revela el futbolista.

Lo que más les preocupa ahora es cómo pueda afectar toda esta experiencia a la temporada del equipo, empezando por el duelo del próximo sábado y siguiendo por el hecho de tener un compromiso pendiente. «Te queda eso de que tienes un partido menos y dependes de ti mismo, pero para mí es un hándicap y una presión que tendremos que manejar. Puedes ganar ese partido y salir, pero si no lo ganas te ves metido de lleno ahí abajo», expresa. Además, han estado casi tres días sin entrenar y, lo que es igual de importante o más, sin descansar como era debido. Recuerda, además, que tienen reciente un desplazamiento a Salamanca entre semana en Copa.

De Vicente opina que la configuración de los grupos hace que estén expuestos a problemas de este tipo, como ya le ocurrió al Celta B también contra el Melilla. «Nosotros hemos tenido todas las comodidades, en eso no nos podemos quejar. Pero no hay facilidades para volar de Vigo a Melilla y es ilógico que equipos como ellos o Las Palmas estén en nuestro grupo. Todos dirán lo mismo, pero al no haber vuelo directo es especialmente complicado», valora.

En tono de humor, revela que la plantilla comentaba que habían tenido un avión para a ellos solos (volvieron finalmente en chárter), algo que no ocurre a ningún otro equipo de Segunda B. «Bromeábamos con que ya hay avión del Coruxo y no le tenemos que pedir al Madrid La Saeta»,

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