«Irnos a la calle es una sentencia de muerte»

Una pareja resiste en una casa del Barrio do Cura, donde están empadronados. Niegan ser unos okupas: «Tres meses antes de querer echarnos, el Ayuntamiento nos concedió 600 euros para arreglar la cocina»


vigo / la voz

La casa del Barrio do Cura en la que residen Gabriela Chapela y José Manuel Santos está condenada a la piqueta pero ellos se niegan a marcharse porque no encuentran otro lugar donde vivir dignamente. Esta pareja no se mueve de ahí y le han echado un pulso al Ayuntamiento, que les ha ordenado desalojar la casa en varias ocasiones.

La Administración local quiere que se vayan porque carecen de ningún titulo que acredite la propiedad de la vivienda, que debe ser derruida para dar paso a una urbanización de lujo. «No somos okupas», dice Gabriela, que recuerda que el anterior propietario les cedió la casa a cambio de que se la cuidaran. Llevan cinco años empadronados en este inmueble de la calle Santa Marta. «Tengo permisos de obra y he recibido ayudas del Ayuntamiento. Tres meses antes de querer echarnos, nos concedieron 600 euros para arreglar la cocina», afirma.

Desalojo paralizado

El desalojo se encuentra paralizado mientras no se resuelva un procedimiento penal. La pasada primavera se sintieron acosados por el Concello, que enviaba a la vivienda a agentes de la Policía Local a cualquier hora del día o de la noche. Tras interponer una denuncia, no los volvieron a molestar y ahora están pendientes de que se celebre el juicio.

Gabriela afirma que no quieren nada gratis, tan solo tener acceso al alquiler de un piso que pueda afrontar con unos únicos ingresos de los 430 euros que les proporciona una risga. El Ayuntamiento les ha ofrecido apoyo para cuando encuentren un lugar donde vivir de alquiler, pero el problema es que el mercado inmobiliario les cierra las puertas con su bajo nivel de ingresos. «Los propietarios piden un seguro de impago y, cobrando 430 euros, no nos alquilan ni de broma. Me piden una nómina de 1.000 euros. He intentado hablar con ellos, pero no hay manera», afirma Gabriela.

Esta pareja que sufre problemas de salud se aferra a la casa del Barrio do Cura para no acabar en la calle. «Ahora mismo irme yo a la calle es como darme una sentencia de muerte tal y como estoy con el pulmón. Para mi marido, que tiene un coágulo en la cabeza y está pendiente de operarse, es inviable, es mandarlo a morir también», se lamenta la mujer.

Llevan meses conviviendo con las obras de demolición de las edificaciones del entorno. «Es un estrés vivir así. Apenas duermes. El portal de entrada lo tienen aquí y se oye el escándalo desde las siete de la mañana», protesta Graciela. No ven el día de recuperar la normalidad en sus vidas.

Este verano, la Policía Local desalojó a quince okupas del Barrio do Cura, que vivían en edificios de la calle Llorente y su entorno. El Ayuntamiento llegó a relacionarlos, en algunos casos, con los episodios de inseguridad que se vivieron hace un año en la calle Torrecedeira. El grupo municipal de Marea de Vigo protestó y preguntó al gobierno local por qué no había buscado alternativas para que estas personas no quedasen en la calle. Desde el Concello, se sigue argumentando que sí tienen un programa de ayudas de emergencia.

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