El hombre que puso la primera piedra

Luis Miguel Díaz fundó El Olivo de esgrima y está a punto de cumplir 20 años como presidente


vigo / La Voz

El Olivo se ha convertido en un club de referencia en el mundo de la esgrima y el maestro Manuel Mariño en uno de los técnicos de más prestigio dentro de la disciplina, pero alguien tuvo que poner la primera piedra. Fue Luis Miguel Díaz Luis (Vigo, 1972) un loco de la esgrima desde niño que en 1998 comenzó a entrenar de un modo autodidacta y dos años después formó un club que en 20 años, siempre bajo su presidencia, ha pegado un salto espectacular. En el 2001 se fue hasta Pontevedra para fichar a Mariño Negrón y desde ahí la gráfica de rendimiento de la entidad nunca ha parado de crecer.

«Foi un tema persoal. Non había esgrima en Vigo e no ano 98 púxenme en contacto coa federación galega e tivemos un pequeno encontro e aí xurdiu a posibilidades de montar un club», recuerda Luis Díaz, ahora técnico titulado de la entidad, además de presidente, que comenzó «de maneira autodidacta, con vídeos e libros e no ano 2000 fundo o club e a primeira xunta directiva eran familiares meus».

Aquel difícil arranque tuvo un giro definitivo poco después. «Todo cambia a partir do ano 2001 cando coñecín ao mestre Mariño, que é un mestre de esgrima de Madrid que se veu para Pontevedra polo traballo. Mariño fora técnico do Casino Militar de Madrid, estaba adestrando a selección, era unha aposta seria e volcámonos como leóns para facer as cousas ben. Entón o cambio foi radical», comenta mientras recuerda que él, que se considera discípulo del maestro Mariño su fue a Madrid para sacar el título de monitor nacional.

Aquello fue el punto de partida para ampliar el abanico a todas las categorías, lo que unido a la firma de un convenio con el Concello de Vigo para las escuelas municipales disparó el número de practicantes. «Temos unha gráfica que a todo empresario lle gustaría. Cunha liña de subida continuada». Comenzó con 20 personas y hoy están por encima de las 120.

A punto de cumplir dos décadas al frente de esta potencia de la esgrima, lejos de pensar en dejarlo terminó por convertirlo en profesional del deporte, por avatares de la crisis. «A miña empresa quebrou e abríuseme seguir buscando traballo ou dedicarme por enteiro en corpo e alma ao club, e como saída profesional non está mal e me enche moito e é unha satisfacción que o traballo non foi en balde, que hai cada día mais rapaces e que en Vigo a xente xa coñece que hai un club de esgrima que é un referente no noroeste peninsular, especialmente no florete, no que temos campións de España en todas as categorías e os maiores éxitos do club veñen pola parte feminina, somos unha potencia, temos unhas tiradoras que fan que sexamos o Real Madrid da esgrima», relata.

Esta paso al profesionalismo le cambió la vida. Paso de estar desaparecido de casa -«saía de traballar ás seis da tarde e xa viña para o pavillón ata as once da noite»- a llevar una vida normal en donde el esgrima es el centro de todo. Por devoción y como salida laboral, aunque un deporte así no da para ponerse rico: «Dá para vivir xustiño, pero a satisfacción que che da facer o que che gusta fai que te amoldes. Son unha persoa sinxela».

¿Y en un club en donde la sombra de Manuel Mariño es tan alargada, se siente reconocido su trabajo? Una cuestión que en su casa tiene una doble vertiente, la de técnico y presidente. «Pola parte técnica si que me sinto recoñecido porque ves como evolucionan os nenos, pero na administrativa, na de ser presidente, non tanto. É un traballo moi laborioso, de despacho que habitualmente non é recoñecido», A lo largo de este tiempo ha conseguido mantener el club saneado en lo económico para poder apoyar a los pequeños con becas, financiar viajes y atender las necesidades de un club que desde el primer momento encontró el apoyo del Concello de Vigo, «que fixo unha aposta clara por este deporte» y que acaba de dar un paso más llevando la actividad al pabellón de la ETEA. «Despois de 20 anos moi cómodos en Coia, a sala de esgrima quedábanos pequena, non cabiamos alí, e o Concello respondeu dándonos o cambio para ETEA, unha sala que cuadriplica o que tiñamos. Estamos encantados e máis motivados se cabe porque podemos crecer e antes era imposible».

En este escenario está claro que Luis Miguel Díaz, aquel niño que iba con sus padres al Concello a pedir actividades de esgrima, no se ha puesto fecha de caducidad, pero deja claro que su apego a la presidencia no existe. «O cargo de presidente é unha encerrona, e está sempre a disposición de calquera que poida facelo mellor. A min o que máis me enche é a parte técnica (es uno de los cuatro entrenadores de la entidad) e a administrativa é necesaria pero ningún apego ao cargo». Su apego es a El Olivo, un club cuyos resultados están por encima de los mejores sueños. En este caso 20 años solo son el principio. Le quedan muchos más por delante.

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