La eslovena que llegó para quedarse

Savic va camino de los diez años en el Guardés, donde fue jugadora y ahora vive volcada en la base


vigo / La Voz

Cuando Daniela Savic (Eslovenia, 1983) llegó a A Guarda en el año 2010, la idea que rondaba su cabeza era abandonar el balonmano. «Quería dejarlo, pero una amiga que había estado me habló maravillas del club y del pueblo y decidí venir», cuenta. No solo jugó dos años formando parte del equipo que logró el ascenso a División de Honor, sino que después de que una grave lesión la obligara -esta vez sí- a poner el punto y final, continuó como entrenadora de base, rol que sigue desempeñando seis años después, habiendo pasado por prácticamente todas las categorías.

Savic nunca imaginó que en A Guarda iba a encontrar su sitio. «Cuando empiezas a jugar a un nivel más alto te mueves cada año o cada dos. Todo depende de quién te quiera y te llame, y si les gustas, vas», resume. Ella comenzó a jugar con diez años en el club más importante de su país, el Celje, donde se formó y estuvo hasta los 18 años. A partir de ahí probó suerte en otros equipos de Eslovenia hasta los 21, cuando dio el salto en Alemania para a continuación llegar a España a los 23. Tras Santander, Valencia y León, llegaba al Guardés.

«Venía de estar en ciudades grandes y me encontré una villa, como dicen aquí, muy acogedora», dice rememorando sus primeras impresiones. A día de hoy, y aunque no le gusta hacer planes de futuro, siente que ha encontrado su sitio. «Cuando vienen familiares a verme y luego hablan entre ellos siempre dicen: ‘Dani allí está como Dios’. Y es verdad», confirma.

El punto de inflexión antes de llegar a este momento de plenitud fue la lesión que sufrió en noviembre del 2012. «Me tuve que operar y las cosas no salieron bien. La recuperación se alargaba, se dieron cuenta de que tenía los huesos blandos y el tornillo no se agarraba bien. Tuve que decir ‘hasta aquí’», explica. Admite que en ese momento sintió que «se rompía algo, un lazo muy grande que tenía» y necesitó un período de reflexión hasta volcarse en la faceta de entrenadora. «Aproveché para sacar la ESO y me apunté a Bachillerato, tuve mis primeros trabajos... Ya sin moverme de A Guarda, eso sí».

Durante un tiempo siguió yendo a los partidos, pero como una aficionada más. «Necesité un tiempo para recuperarme física y psicológicamente», reconoce. Fue en el 2014 cuando comenzó a trabajar con la base. «Y aquí seguimos», celebra sonriente un lustro después. Savic ya había tenido contacto con la cantera cuando estaba en activo. Nada que ver, relata. «Echaba una mano, pero la dedicación es otra. Cuando tienes que jugar tus partidos y viajar no estás cuando juegan ellas, no puedes implicarte igual aunque quieras», desgrana.

Actualmente se ocupa del equipo juvenil, de las deportistas que tienen opciones de dar el salto al primer equipo. «El trabajo es mucho más exigente que cuando juegas, pero también produce una gran satisfacción», recalca. Como jugadora destaca que se quedaba contenta cuando sentía que había hecho un buen trabajo. «No piensas tanto como tu entrenador, que es quien te guía, te ayuda y te da consejos. Opino que el balonmano es un juego bastante complejo porque tienes que coordinar las manos con los pies, el bote, la vista, buscar a los compañeros en la pista... Todo eso se lo tienes que hacer entender a los niños, aparte de estar pendientes de que se pueden llevar golpes. Muchas cosas», afirma.

Además, subraya que no es viable sobrevivir únicamente con el balonmano, por lo que ha tenido otros trabajos en este tiempo, también en la actualidad. «Es complicado subsistir en el balonmano femenino, todo el mundo sabe que de esto no se puede vivir. Tampoco somos entrenadores profesionales ni hay contratos de miles de euros, sino que estamos para ayudar en lo que podemos», recalca sobre una labor que le llena por completo. Y además, asegura sentirse muy reconocida en el club y en el pueblo por estos años de trabajo en el Guardés y también por lo que aportó en su etapa de jugadora. «Sentirse valorada es lo primero. Si no fuera así no continuaría, porque sentiría que no es mi sitio», desgrana Daniela.

Preguntada por lo que significa el balonmano en su vida, comenta que no comparte la visión de quienes responden a este tipo de cuestiones que su deporte es todo para ellos. «Tengo 36 años y 26 son balonmano. Estuvo ahí siempre, nunca me desvinculé menos esa época tras la lesión. Pero no digo que es mi vida, no puede serlo. Hago otras cosas porque esto se disfruta y mucho, pero de ello no se puede vivir al nivel que estoy yo», reflexiona.

Lo que sí tiene claro es que recomienda «a todas las niñas entre 8 y 18 años que se pasen por el club y prueben aunque sea un día», porque está convencida de que un alto porcentaje de las que tengan esa primera toma de contacto se quedarán. «Es un deporte que a veces puede parecer duro o bruto y asustar a los padres. Pero hay que saber que se controla, que para eso hay unas reglas que hay que aprender y respetar», añade. En cuanto a ella, no hace planes ni sabe cuánto tiempo más seguirá en A Guarda, pero hay algo que tiene claro: «Si pudiera haría esto toda mi vida. Y si un día me voy, los momentos vividos en el Guardés irán siempre conmigo».

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