Rodas, de las primeras playas que borrará el cambio climático

Cada centímetro de aumento del nivel del mar supone un metro de retroceso de la línea de costa y las cifras aumentan


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Decía Khalil Gibrán: «Siempre estoy vagando en esta playa entre la arena y la espuma. La marea borrará las huellas de mis pies y el viento esparcirá la espuma. Pero el mar y la playa continuarán por siempre jamás».

El poeta libanés no contaba a principios del siglo pasado con el cambio climático, aunque las primeras alertas publicadas coinciden con aquellos años, y de ahí su optimismo. Hoy queremos invitarles a un modesto viaje en el tiempo, solamente a media tarde del último sábado de septiembre en tres puntos de la ría y ver lo que sucedía simultáneamente en sus playas. Seguramente no conocerán la Praia da Matilde en Arcade. Es muy pequeñita y está justamente en la desembocadura del río Verdugo, o lo que es lo mismo, la más oriental de todas las playas de la ría de Vigo. Allí el Concello de Soutomaior decidió a principios de verano echarle un pulso al Atlántico, y perdió. Como era de esperar las toneladas de arena vertidas a la playa ya están siendo erosionadas por el mar y el sábado la pleamar, a pesar de la barrera de arena artificialmente acumulada, llegó a apenas tres metros del paseo litoral. Suponemos que el próximo verano intentarán otra vez vencer al océano con idéntico resultado.

Avanzando hacia la entrada de la ría podríamos detenernos en la playa de Samil. Allí apenas el ancho de una toalla separaba el mar del muro de contención del paseo. Las corrientes de otoño comienzan a reorganizar un arenal sin arena que distribuir. No es ningún misterio que la playa de O Vao resista mejor estos envites. Allí se conserva todavía una minúscula parte de lo que fue en su día un inmenso cordón dunar, o lo que es lo mismo, un reservorio de arena y biodiversidad.

Mientras seguimos mareando la perdiz con el frustrado proyecto de regeneración de Samil el mar ya está decidiendo por nosotros y se dará más prisa que las autoridades competentes en llevarse por delante el paseo marítimo y todas las infraestructuras construidas sobre aquel ecosistema que, si no lo hubiésemos destruido en los años setenta, hoy sería con diferencia nuestro mayor patrimonio ecológico, superando incluso a las Cíes. Repasar lo que era Samil gracias a las fotos del “vuelo Americano” de 1956, un exhaustivo registro fotográfico del litoral, nos permite hacernos una idea de lo que perdimos.

Adiós, mejor playa del mundo

Finalmente llegamos a la playa más emblemática, Rodas en las islas Cíes. Allí los visitantes que disfrutaban de un magnífico día de sol hace ocho días se encontraron con una desagradable sorpresa cuando intentaban cruzar el dique que separa Faro de Monteagudo.

A pesar de que la escollera donde rompe el oleaje está a treinta metros del dique, las olas barrían peligrosamente el paseo (incluso rompían grandes losas de cemento que terminaron en el lago) por lo que los agentes de medio ambiente, por lógicas medidas de seguridad, impedían el paso.

Siempre existe un plan B: cruzar por la playa, pero aquí les esperaba la segunda sorpresa: el mar rompía la barra de arena. Formalmente, las Cíes volvían a ser tres islas, separadas por el mar, pero imposible cruzar sin mojarse. Esto era, hasta hace poco tiempo, algo muy excepcional y se producía en momentos muy puntuales de mareas vivas y fuertes temporales. Hoy ya es algo cotidiano y Rodas está en primera posición entre las playas que desaparecerán en poco tiempo por efecto del cambio climático. Para la siguiente generación «la mejor playa del mundo» (la que el periodista de The Guardian que la definió así desde luego no visitó un domingo de agosto) será algo que verán en imágenes de archivo.

Todo esto está sucediendo ahora, con un aumento del nivel del mar de apenas dos centímetros por década en la ría y es apenas la punta del iceberg de lo que se avecina. Irónicamente también los icebergs desaparecen. Cada centímetro de aumento del nivel del mar supone un metro de retroceso de la línea de costa.

Imaginen lo que sucederá cuando estamos cerca de duplicar estas cifras en menos tiempo. Quizás comprendan el motivo por el que hemos dejado de hablar de cambio climático y lo denominamos emergencia climática.

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