Entre el cole, la pista y el chupete

Andrea Dapena, que ejerce de maestra, vuelve a jugar al balonmano en Porriño tras su maternidad


vigo / la voz

Andrea Dapena abandonó el balonmano hace casi tres años «un poco saturada». Sin plantearse si sería o no con billete de vuelta, se apartó un tiempo del deporte que había practicado desde los 10 a los 31 años que tenía en ese momento. No lo dejó para ser madre y de hecho no fue hasta hace diez meses cuando nació la pequeña Lola. Pero cuenta que, sin saber por qué, cuando dio a luz le «entró el gusanillo» y ahora vuelve a vestir la camiseta del Porriño. «No sé si hay alguna otra madre en División de Honor femenina», confiesa.

Ella, que además es maestra y ejerce, explica que cuando decidió parar sentía la necesidad de «desconectar de tantos años de viajes, entrenamientos y partidos» y tener tiempo para ella sin estar supeditada continuamente a los horarios que implica la dinámica de equipo. Siguió yendo a ver a sus excompañeras, pero dejando que sus lazos con el balonmano se aflojaran. «La primera vez que fui al pabellón lo pasé fatal, me tuve que ir. Sí que sentía a veces algo de nostalgia», admite.

No fue hasta después de tener a Lola en sus brazos cuando tuvo una primera toma de contacto en la playa. «Nunca había dejado de hacer deporte porque soy una persona muy activa, va con mi forma de ser», revela. Por eso tanto antes del período de gestación como mientras estaba embarazada siguió haciendo ejercicio adecuándolo a cada momento. Pero eso no significa que el regreso no haya sido duro. «Tuve dolores que nunca en mi vida», cuenta.

Solo habían pasado cuatro meses desde que se había convertido en madre cuando habló del posible regreso por primera vez con el presidente del club, Abel Estévez. «Por una parte tenía ganas, pero no estaba recuperada todavía para entrar de golpe, y menos en una categoría tan exigente», apunta. El siguiente paso fue la playa y luego ya los entrenamientos como una más. «La primera semana fue dura. El cuerpo no es el mismo no solo por la maternidad, también pasan los años», recuerda. Con el paso de las semanas se va sintiendo «cada vez mejor». «El día del primer partido estaba nerviosa y algo desorientada, me preguntaba si iba a ser capaz».

Imposible sin ayuda familiar

Dapena subraya que si puede compaginar todas estas facetas es por la ayuda familiar con la que cuenta y por el papel de su marido, que siempre la apoyó en su decisión de regresar a las pistas. «Sin ellos sería imposible», recalca. Y eso que su hermana y también jugadora del equipo, Alba, le insistió en que «lo pensara bien» antes de tomar la decisión, si bien está encantada con tenerla de regreso.

Ahora Andrea trabaja en el colegio de 9.00 a 14.00 más una tarde a la semana y ha vuelto al balonmano con todas las consecuencias. «Yo no soy de medias tintas, si volvía era de verdad», señala sobre su total implicación con el proyecto. Ha añadido, eso sí, a una integrante más a la familia del Porriño. «Lola va con su camiseta a los partidos de casa tan contenta y cuando son desplazamientos cercanos procuro llevármela también». Balonmano desde la cuna.

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