Los cruceros de lujo, el último hito que puede llevar al astillero a encallar

La historia de Hijos de J. Barreras se cuenta por sus barcos


vigo / la voz

A lo largo de sus 127 años de historia, el astillero Hijos de J. Barreras ha construido más de 1.600 barcos, todos importantes por la carga de trabajo que supusieron para miles de familias viguesas. Esa trayectoria está marcada por esas embarcaciones que fueron evolucionando al ritmo de los tiempos; desde los primeros pesqueros de madera con motores de vapor, hasta este último crucero de lujo encargado por la empresa Ritz-Carlton.

Esa producción marcó también los altibajos empresariales de un proyecto familiar que pasó a ser una sociedad anónima, para posteriormente cobijarse en el peor momento bajo la protección estatal y volver a resurgir en el ámbito privado. El principal astillero privado de España nació del dinero producido por la pesca y la conserva de la sardina en O Areal a finales del siglo XIX. Sin embargo, el primer gran salto de la empresa se produjo tras la Primera Guerra Mundial, cuando se traslada a su actual ubicación en Coia. De aquellas primitivas gradas salieron los primeros buques fabricados íntegramente en acero. Aquel cambio tecnológico fue parejo al empresarial, ya que la empresa familiar original se transformó en una sociedad anónima con la consiguiente ampliación del capital que permitió mejorar sus instalaciones. Es la época en la que Barreras se instroduce en la fabricación de barcos con motores diesel, al tiempo que empieza a introducirse en otros tipos de barcos, como el Campaláns, un encargo de la empresa Campsa.

Tras la Guerra Civil llega un nuevo hito en las formas de trabajo de Barreras al incorporar el acero a la construcción naval. Quienes pasen por la rotonda de la avenida de Castelao pueden observar el arrastrero Bernardo Alfageme, el único vestigio que se conserva de aquella época.

En los años sesenta, Barreras alcanza su mayor capacidad laboral al llegar a contar con una plantilla cercana a los dos mil trabajadores. Fue un momento en el que la construcción de pesqueros se combinaba con la de otro tipo de embarcaciones, como cableros, ferris o portacontenedores.

Sin embargo, los años setenta fueron críticos en todos los sentidos. La inestabilidad económica, producto de la crisis del petroleo, y los conflictos laborales disminuyeron notablemente la capacidad productiva del astillero. La puntilla a esta situación fue la entrada de la empresa en la construcción de plataformas petrolíferas encargadas por Estados Unidos. Los problemas financieros provocaron la quiebra y la nacionalización de la empresa a través del Instituto Nacional de Industria. Esta circunstancia permitió que Barreras viviera la reconversión de los años ochenta de una forma menos delicada que el resto del sector naval vigués.

El renacer del astillero llega durante la década siguiente. El primer gran momento de esa nueva etapa es la botadura del Albacora, el mayor atunero del mundo en ese momento, con 105 metros de eslora y 16,80 de manga. La política del Gobierno Aznar facilitó la vuelta del astillero al sector privado en 1997. A partir de ese momento, Barreras se consolida en la construcción naval al apostar por especializarse en buques de gran nivel tecnológico, como el WG Columbus, el primer sísmico de España con un diseño de proa invertida.

En esta época esplendorosa, el astillero siguió produciendo un gran número de ferris. El momento cumbre de esta tipología naval fue la botadura del Abel Matutes, que con 193 metros de eslora sigue siendo en la actualidad el buque más grande jamás construido en la ría de Vigo.

La crisis mundial de comienzos de la primera década del siglo se hizo notar de lleno en Barreras, que se vio obligada a presentar un concurso de acreedores. Salió un año después, poco antes de que la empresa mexicana Pemex se hiciera con el control que todavía tiene ahora.

En el 2009 se botó el ferri Abel Matutes, el mayor barco jamás construido en la

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