Los adoquines del siglo pasado emergen en Gran Vía bajo las obras de la rampa

El empedrado volverá a cubrirse con asfalto en el proceso de reforma que sufre la céntrica arteria viguesa


vigo / la voz

El progreso enterró el siglo pasado los adoquines de la Gran Vía de Vigo. Pero el progreso no para nunca, y en el nuevo salto hacia la automatización de las cuestas viguesas, el antiguo empedrado ha vuelto a emerger debajo del chapapote. Los operarios han levantado el firme y bajo el asfalto han quedado al descubierto los viejos poliedros pétreos que volverán a cubrirse para que los coches sigan rodando sobre superficies más lisas.

La eventualidad permite ahora a los viandantes, y no por mucho tiempo, deslizarse sobre las mismas piedras sobre las que transitaron sus antepasados. Es muy probable que sobre ellas se deslizase en su día por el dictador Francisco Franco, que acudió a la ciudad para la inauguración de la última gran reforma de la Gran Vía. Aquello fue hace 74 años. El 23 de agosto de 1945 el caudillo realizaba el recorrido inaugural del trazado completo de la Gran Vía, que desde octubre de 1936 se llamaba Gran Vía del Generalísimo aunque entonces solo contase con algo más de diez edificios, entre ellos el del colegio Cluny, que tampoco está ya. La culminación del proyecto duró 35 años, ya que fue en 1910 cuando la corporación municipal había comenzaba a planificar su existencia.

La Voz recogía aquel acontecimiento y contaba que Franco llegó desde el Pazo de Meirás «por la carretera de La Coruña y. sin detenerse, cruzó la población hasta el Palacio Municipal de Castrelos donde el Jefe de Estado tendrá su alojamiento durante su estancia en Vigo. Acompañan a S. E. su esposa, doña Carmen Polo, y su hija. A pesar de lo intempestivo de la hora, el público que circulaba por las calles y avenidas aclamó con entusiasmo a Franco al advertir su presencia, en cuyo honor la ciudad, cubierta de banderas, ofrece deslumbrador aspecto».

El adoquinado todavía sobrevive en algunas calles de Vigo como Doctor Cadaval, pero se ha ido abandonando poco a poco porque el mantenimiento que requiere es mucho mayor que el que necesita una calle asfaltada.

La Alameda y vías en sus inmediaciones como Carral, son las últimas de las que han desaparecido para dotarse de un asfalto especial que absorbe el molesto ruido del tráfico en el entorno del parque. Sin embargo aún se mantiene, en versiones modernas, en calles del entorno como Luis Taboada y también en el Paseo de Bouzas.

Sin embargo en otras, como María Berdiales o Teófilo Llorente, terminaron por sustituirse. En 1997 se adoquinó la calle de las ostras, pero se retiró en una humanización posterior.

París los vende, Madrid los tira

En Vigo, los adoquines no tienen el valor histórico o patrimonial que pueden alcanzar en otras ciudades. Como ejemplo, París, cuya historia no es comparable. Por ellos han desfilado soldados franceses en 1914 y en 1944; o los tanques militares alemanes de 1940. O volaron lanzados contra la policía en mayo del 68, o fueron apilados en barricadas en 1848. Para sacar partido a las piedras de la capital gala hay una web (monpaveparisien.fr) en la que se venden los antiguos paralelepípedos. La empresa proveedora es el propio ayuntamiento de París, que cada año levantan 10.000 toneladas de ellos para arreglarlos o sustituirlos por otros. Antes los tiraban pero hace cuatro años una emprendedora compró una partida y adecentados y pintados, los convierte en recuerdos.

Sin embargo, el adoquinado de la Gran Vía de Madrid, que cumplió cien años en el 2010, no se conservó. Durante unas obras de reforma del vial, los obreros hallaron parte del empedrado original en el tramo que hace esquina con Alcalá, pero el ayuntamiento decidió retirarlo y no conservarlo.

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