La guerra con la Xunta se desboca en los cien días de «mayoría absolutísima» de Caballero

Avanza la transformación del centro de Vigo, pero se retrasan las obras del Gobierno central


vigo / la voz

Los primeros cien días del cuarto mandato de Abel Caballero han tenido bien poco de período de gracia. Si acaso, por permitirle conducirse como el alcalde más votado y más longevo de la historia de Vigo tras superar los doce años de Soto y los cien mil votos. A partir de ahí, lo que marca el arranque del gobierno de la «mayoría absolutísima» que proclamó el propio regidor socialista en su investidura es la lucha sin cuartel que protagonizan el Ayuntamiento y la Xunta.

Caballero se pasea en cada pleno con 20 de los 27 concejales de la corporación. Su verdadera oposición está en la plaza de la Estrella. El desembarco de Corina Porro como delegada autonómica y al frente del PP vigués ha espoleado la política local. Feijoo echó mano de la exalcaldesa para rescatar a un partido hundido de cara a las autonómicas y darle réplica diaria al socialista. Al pie de la letra. «No se puede seguir callando ante el mantra de las 12.00», advirtió Porro el 12 de agosto. Los habituales reproches del alcalde al presidente de la Xunta tendrían respuesta. Dicho y hecho. Desde entonces, las acusaciones, réplicas y contrarréplicas entre el Ayuntamiento y el Gobierno gallego no cejan.

La candidatura de las islas Cíes a patrimonio de la humanidad, las subvenciones a Peinador, el canon de la presa de Eiras, las obras en los colegios, las rampas de Gran Vía... No hay asunto al margen de la batalla. Incluso las obras de reforma del estadio de Balaídos, criticadas por una Corina Porro que se enfundó la camiseta del Celta y que apoyó a un club que sigue adelante con la construcción de su ciudad deportiva en el ayuntamiento de Mos.

Caballero y Feijoo solo se relacionan por carta. Y para evidenciar que el suyo es un diálogo de sordos. El único cara a cara entre ambos se produjo cuando el presidente de la Xunta apareció por sorpresa en la procesión del Cristo de la Victoria, por consejo de su delegada, y compartió el recorrido con el alcalde. Un saludo frío y muecas. Al día siguiente, quienes tenían fe en un acercamiento la perdieron. Y todo apunta a que la cosa empeorará a medida que se acerquen las elecciones...

Sí avanzan en estos cien días algunos de los proyectos prometidos por Caballero. Tres especialmente, que auguran una transformación del centro de la ciudad: las rampas mecánicas de la Gran Vía ya están en obras, el túnel de la Porta do Sol ha sido adjudicado a la constructora Civis Global y el nuevo Barrio do Cura acaba de recibir luz verde en la Gerencia de Urbanismo mientras se completaba la demolición del asilo de Pi y Margall. En el haber del gobierno vigués hay que apuntar también el primer tramo del carril bici. En la casilla del debe, sin embargo, permanecen todavía el paseo de Bouzas, la señalización del Camino de Santiago, el concurso para abrir nuevas rutas en Peinador y el cinturón verde contraincendios.

Sin noticias del AVE

¿Y las relaciones con el Gobierno amigo de Madrid? El centro Vialia va como un tiro en la estación Urzaiz, pero del AVE por Cercedo no hay noticias. La reforma de la avenida de Madrid se retrasa, la biblioteca estatal no pasa del compromiso verbal de un Gobierno en funciones y el estudio que busca alternativas de abastecimiento de agua a Vigo aún no ha concluido.

¿Y qué decir del principal proyecto en que deberían ir de la mano el Concello de Vigo y el Xunta de Galicia? El Área Metropolitana, el organismo que permitiría compartir y racionalizar servicios a todos el sur de la provincia, parece una quimera a día de hoy, mientras continúa su causa en los tribunales por la demanda de la Xunta. Es una incógnita que parece solo se resolverá con el resultado de las elecciones autonómicas.

El próximo capítulo podría estar en los presupuestos del Gobierno gallego, que Corina Porro ya prepara en reuniones de trabajo con los conselleiros. Feijoo aspira a demostrar con ellos que los agravios a Vigo son falsos y Caballero, a darle réplica. A buen seguro que continuará la guerra desbocada.

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